—–Un sueño: fuertes manos acarician una larga melena rubia. La mente soñadora es un personaje más dentro del sueño, pero es un mero observador; pues no son sus manos. Desde la distancia y sin posibilidad de intervenir, la mente soñadora percibe dos siluetas abrazadas cuyos rostros no alcanza a ver, sin embargo, un pequeño haz de luz permite atisbar sus cabellos, los cuales son dolorosamente familiares: un largo y angelical rubio platino que se entremezcla con un corto y diabólico rojo acastañado con rayas horizontales… Peter Parker despierta. Ya es de noche y hace más de quince minutos que está junto a la ventana de la habitación 426 de un hospital de New York, sentado y adherido a un saliente de la fachada del propio hospital. Apenas siente el aire que golpea su rostro y aún menos el bullicio nocturno de la gran ciudad que tiene frente a sí. Por el contrario, siente cada latido de su moribunda tía May como una punzada, como si fuera el último. El regular sonido de los diferentes aparatos conectados al cuerpo comatoso de su anciana tía transmiten a Peter un ínfimo halo de serenidad que su mente no acoge, pues una simple pared y tres metros de distancia, que separan a tía y sobrino, pueden convertirse en un abismo sin que nadie o nada lo impida… Entretanto Mary Jane, aceptando un rol que haría temblar de terror y huir al más valeroso de los héroes, ha permanecido junto a May en todo momento. Es consciente de la importancia de su presencia, ya que es el único pilar que queda en pie en la vida de Peter, y si ella no cede, Peter tampoco lo hará, por imposible que sea la situación.
—–La luz de la ciudad entra por el cristal de la ventana, iluminando sutilmente la habitación. Aun así, hay demasiada oscuridad en ella, obligando a Mary Jane a encender una pequeña lámpara que hay en la mesilla junto a la cama de May para mirar, impaciente, la hora en el reloj que cuelga de la pared de la habitación; hubiese mirado la hora en el móvil, si tuviese móvil; pero, dada la situación, ambos vieron prudente deshacerse de sus respectivos aparatos, por seguridad, ante el temor a un posible rastreo. Y así, da vueltas de un extremo a otro de la habitación, mando del televisor en mano y, como si de una autómata se tratase, cambia una y otra vez de canal ante el incesante goteo de noticias referidas a los superhéroes y al Acta de Registro:
Canal 3:
<<… senado ha dado luz verde a la apertura de las instalaciones donde serán entrenados los superhumanos regi…>>
Canal 4:
<<… las 20:50. En directo desde Times Square, donde Los Vengadores combaten al Hombre Topo y sus monstr…>>
Canal 5:
<<… Capitán América podría ser acusado por actos terroristas contra el pueblo de los…>>
Canal 6:
<<… er Parker, el conocido superhéroe Spider-Man, continúa en paradero desconoc…>>
Canal 7:
<<… Broxton (Oklahoma), ha ocurrido un insólito hecho relacionado con el Dios del… >>—–
—–Molesta, apaga el televisor, deja el mando sobre la mesilla y mira hacia la ventana
con la esperanza de que Peter entre y puedan hablar; apoyarse el uno en el otro; pero él permanece fuera intentando aclarar su mente. Las alturas y el viento golpeando en su cara siempre le han ayudado a conseguirlo, sin embargo, su cuerpo hace días que superó el umbral del cansancio, así como su mente; incluso los superhumanos necesitan dormir y descansar. En cualquier caso, el perturbador sueño se lo impide, devolviéndole a una realidad aun más perturbadora. Meditabundo y cansado, además de con una espesa barba, piensa en los últimos días y en como su constante búsqueda de ayuda para salvar a su tía ha sido un rotundo fracaso.
—–Unas manos fuertes y femeninas llaman a la puerta de la habitación captando la atención de Mary Jane, que mira de nuevo la hora. No tarda en reaccionar e ir hasta a la puerta. Sabe quién es; aun así prefiere ser cautelosa, volviendo la vista hacia la ventana en busca de un seguro, de una confirmación por parte de Peter que no llega; supone, entonces, que su sentido arácnido no advierte peligro, de modo que abre la puerta. Como esperaba, al otro lado está Felicia Hardy, alias Gata Negra; vestida con una camisa twill negra, jeans azules ajustados, zapatillas negras de plataforma ancha y una boina park de color azul prusiano que camufla parte de su característico cabello blanco plateado, ahora recogido. De su antebrazo derecho cuelga una cazadora vaquera y con su mano izquierda sujeta una bolsa de deportes Heritage morada. La que fuera pareja de Peter, ahora gran amiga en quien poder confiar en momentos difíciles, no suele tener una relación muy cordial con quien le ha abierto la puerta. Conscientes de ello, y en especial de las actuales circunstancias, dejan a un lado sus rencillas con un frío saludo que queda olvidado en cuanto Felicia pregunta por el estado de May. A su pesar, la respuesta que obtiene es poco halagüeña.
—–En silencio, las dos miran a la anciana durante breves pero eternos segundos, hasta que Felicia interviene con otra pregunta.
—–—¿Dónde está Peter?
—–Sin decir nada, Mary Jane señala hacia la ventana. Asintiendo con la cabeza, Felicia deja la bolsa sobre el sofá-cama, que está junto a la ventana, y observa la gran ciudad imprimiendo el vaho de su boca en el cristal. Con suavidad, intenta llamar la atención de Peter chocando las uñas contra el cristal de la ventana. No hay respuesta… Espera unos segundos y vuelve a intentarlo. Nada… Dejando las dudas a un lado, abre la ventana para asomarse, encontrando al hombre que dejó escapar de su lado, roto de dolor. Obligada a dar el primer paso, le coge una de las manos con fuerza.
—–Con la mirada perdida sobre la gran ciudad, Peter devuelve el apretón con mucha intensidad, compartiendo parte del sufrimiento que le aflige. Dentro de la habitación, Mary Jane lo ve todo, expectante e inquieta; sabedora de que entre Peter y Felicia hay una confianza que en ocasiones puede sobrepasar la de su matrimonio. Desubicada, agarra la mano de May esperando una respuesta, que sabe que no llegará. Triste y dolida, besa la mano de la anciana, pensando: <>. Una pequeña lágrima escapa. El deseo de llorar y de gritar la consume, pero no puede permitir que la vean así. Armada de valor, seca su mejilla y entonces lo escucha: el clamor de Peter.
—–—¿Por qué, Felicia… por qué? Soy capaz de salvar el maldito planeta pero no de salvar a la mujer que me ha criado y lo ha dado todo por mí. ¿Por qué siempre acabo haciendo daño a todos las personas que quiero…? Soy una desgracia para sus vidas.
—–Felicia, acariciando la mano de Peter, responde.
—–—Tal vez, porque asumiste una responsabilidad que está por encima de nosotros mismos. May siguió tu ejemplo cuando descubrió tu secreto como Spider-Man; lo asumió y aceptó el riesgo que supone quererte. Y dudo que se arrepienta de ello… Sí, es horrible lo que está pasando y no mereces pasar por esto otra vez, pero no lograrás nada lamentándote aquí fuera; podrían verte. ¿Qué tal si entramos? –pregunta al tiempo que tira de Peter, el cual no tarda en contestar.
—-—¿Lamentándome? He golpeado y maniatado a un agente de la ley, he robado una ambulancia, he suplantado una identidad, he falsificado documentos… Si no fuera por todo el revuelo del Acta y la detención del Capi, lo que le hice a ese detective hubiera salido en primera plana… Al final Jameson tenía razón: soy un criminal… -Felicia siente la tentación de intervenir, pero deja que Peter se desahogue-. Aunque lo que de verdad me consume es no poder hacer nada por mi tía… Lo he intentado todo y nadie es capaz de ayudarme, o eso dicen. Si al menos pudiera contactar con el Dr. Extraño… pero está en el Ártico, auto exiliado haciendo vete tú a saber qué con su forma astral en alguna dimensión mística… N-no tengo a quien acudir -añade, cerrando los ojos y negando con la cabeza.
—–—¡Gracias! –advierte Felicia.
Debido al cansancio, Peter tarda en reaccionar. Cuando lo hace, abre los ojos y mira a su amiga.
—–—Me refería a… es igual, perdona -Peter queda cabizbajo.
—–—¡No, no! Continúa –Felicia le alienta dándole pequeños pellizcos en la mano, intentando llamar de nuevo su atención; no para hasta que sus miradas se cruzan-. ¡Cuéntame!
—–Peter, incapaz de mantener sus ojos sobre los de Felicia, centra la mirada en el lejano suelo. Prosigue hablando.
—–—Hace dos días nos quedamos sin blanca para pagar las facturas del hospital así que acudí a Tony… Al principio se negó en rotundo a ayudar a un “criminal”. Sin embargo, de repente apareció Jarvis por la puerta del hospital para pagar el mantenimiento y las facturas de May… Algo por lo que le estoy agradecido. Pero no paro de pensar: ¿cómo? ¿Cómo supo Tony cual era el hospital? No se lo dije en ningún momento y aun así Jarvis llegó hasta aquí… ¡Tony ,el muy c… -Peter suelta a Felicia y aprieta los puños con rabia.
—–Mary Jane sigue escuchando sin saber cómo intervenir, se siente fuera de lugar. Mientras, Felicia continúa la conversación.
—–—¿Un rastreador?
—–—Es posible, pero mi sentido arácnido lo hubiera detectado.
—–—No siempre es infalible –reflexiona ella-. Es decir: mírate, se te ve demasiado cansado, puede que eso haya afectado a tu sentido arácnido; además, no sería el primero en burlarlo. O tal vez –añade encogida de hombros-, sólo investigase los registros de los hospitales de la zona, buscando coincidencias con el caso de tu tía. A fin de cuentas es Tony, tiene acceso a todo.
—–—Podría ser, pero eso no me tranquiliza –Peter frota su espesa barba con ambas manos.
—–—¿Te preocupa que venga a por ti?
—–Peter hace un alto para meditar.
—–—No. Si ese fuera su objetivo ya lo hubiera hecho… Aun así, no puedo confiar en él después de lo que hizo con el Acta… -deja escapar un fuerte resoplido-. ¿Qué hago?
—–—Para empezar, entrar de una maldita vez. Aquí fuera hace frío y pueden verte -Felicia vuelve a tirar de Peter, que suspira de nuevo, pegando la cabeza contra la pared. Tras una pausa, accede a la petición de entrar. Ella le ayuda, aunque no lo necesite. Ambos quedan de píe junto a la ventana, que Felicia cierra, al instante, para acto seguido correr la cortina, dejando entrever la ciudad, al tiempo que Peter retoma la palabra.
—–—Odio comprometerte, Felicia… pero no tenemos a nadie más, y aquellos en los que podríamos confiar están escondidos o encerrados o incluso muertos… -resignado, Peter rasca sus ojos con extremada fuerza, dejándolos rojos-. Sólo quedas tú.
—–Felicia extiende su mano hacia él.
—–—Sabes que siempre me tendrás… -realiza una pausa, pues no quiere decir nada inapropiado. Mira a Mary Jane con miedo de haberla importunado, pero esta permanece impasible, tal vez ausente, sentada sobre el borde de la cama observando a May. Felicia retira la mano rectificando sus palabras-. Siempre me tendréis para ayudaros.
—–Peter, incapaz de percibir ningún detalle sutil debido a su estado anímico y al agotamiento, habla como si nada incómodo hubiera sucedido.
—–—Sí, pero te estás jugando el pellejo, y Tony está despellejando a todos aquellos que se rebelan contra el registro… Conoce tu identidad. ¡Eres miembro de los Héroes de Alquiler! –evidencia Peter, alterado.
—–Felicia responde con un tono tranquilizador.
—–—Primero: preferimos el nombre de “Knightwing Restorations”. Segundo: vosotros sois más importantes para mí que una dichosa ley. Una ley con la que en K.R. no estamos de acuerdo; por si no te había quedado claro. Además –su voz se torna sensual-, siempre me ha gustado jugar al borde del precipicio, y eso bien lo sabes –añade, guiñando el ojo derecho a Peter. Este responde con una leve sonrisa de complicidad que, sin pretenderlo, la advierte de su nuevo desmán. Pudorosa, mira otra vez a Mary Jane, que aparenta no prestar atención.
—–—No pretendí… -Felicia intenta disculparse pero Mary Jane, que no cesa de mirar a May y acariciar su mano, irrumpe.
—–—Lo sé, tranquila -su dulce pero distante contestación deja mudos a Peter y a Felicia, dando paso a un silencio cargado de tensión. Peter, de vuelta al mundo de la perspicacia, intenta enmendar la situación.
—–—¿Os sabéis el chiste del yo tampoco?… ¿No?… Yo tampoco. ¡Bada-ban-psst! –Peter realiza el movimiento de un batería y permanece en esa pose.
—–El silencio vuelve a reinar, con la sutil diferencia de que ambas observan a Peter, incrédulas, mientras este mantiene la postura de percusionista.
—–—¿Qué? –pregunta él.
—–Felicia y Mary Jane cruzan sus miradas. Sin necesidad de palabras, Mary Jane asiente con la cabeza dando permiso a Felicia, que responde dándole una colleja a Peter.
—–—¡Auh! Eso duele… -dice de forma exagerada, él, mientras se rasca la zona golpeada.
—–Un nuevo silencio entra en acción, para estallar al instante en una generalizada y necesaria risa. Peter aprovecha para levantar las palmas de las manos con intención de chocar los cinco, a la vez, con Mary Jane y Felicia. Ambas aceptan y cuando están a punto de juntar sus respectivas manos con las de Peter, este retira las suyas haciendo una mueca de burla para las dos. Felicia responde levantando el dedo corazón de la mano izquierda al tiempo que coge un frasco de colonia de mujer de la bolsa deportiva y rocía la fragancia sobre Peter. Este replica:
—–—¡Eh! Que apestando a tu colonia nadie me tomará en serio -Peter hace por protegerse y esquivar a Felicia mientras observa a Mary Jane, que sonríe de forma cómplice al tiempo que niega con la cabeza y mueve los labios para que Peter los lea.
—–—¡PA-YA-SE-TE!
Peter le guiña el ojo y ella, aún con la sonrisa entre sus labios, se coloca el pelo por detrás de la oreja y vuelve su atención hacia May. Felicia y Peter siguen bromeando con la colonia.
—–Rato después, con algún eco de risa aun en el ambiente y el frasco de colonia vacío, Peter pregunta por la bolsa de deportes. Felicia la recoge para enseñar su contenido.
—–—He traído ropa, botellas de agua y algo de comida. Y he pensado que estaría bien poder comunicarnos de forma segura –saca un móvil-. Es tan viejo que es imposible de rastrear.
—–Peter, sin dar mucho crédito:
—–—¿Estás segura? ¿Funciona?
—–—Eso espero, por el bien de mi confidente -Felicia hace crujir sus nudillos-. Aún me debe unos cuantos favores y no me gustaría cargármelo sin que antes me los devuelva.
—–Peter, todavía reacio:
—–—Pero Tony…
—–Felicia le silencia. ………………………
—–—Tranquilo , sólo puede comunicarse con este otro móvil -coge otro teléfono de la bolsa-. Contacto directo y exclusivo. Y para terminar… -muestra las llaves de una casa.
—–—¿Llaves? –pregunta él.
—–—De una de mis propiedades. ¡Créeme, no quieres saber cómo la conseguí! Lo que si te interesa es saber que es un lugar seguro a tu entera disposición. Es un ático, tiene fácil acceso desde la claraboya, que se abre con esta llave. Yo me quedaré con MJ cuidando de May… Si os parece bien a ambos. –añade mirando a los dos. Mary Jane asiente, consciente de las posibles implicaciones de quedarse a solas con Felicia.
—–Peter, por el contrario, vuelve a mostrar su desacuerdo sin recabar en el sutil temor que las dos mujeres comparten ante la posibilidad de quedarse a solas una con la otra.
—–—Ni hablar; tengo que seguir buscando el modo de salvar a May y tú… Los Héroes de… Digo, tus compañeros de K.R. se preguntarán dónde estás.
—–—He cogido unos días de permiso. Por favor Peter, ¡mírate! Das asco y hueles mal… Ya no tanto, gracias a mi colonia -puntualiza-, pero no puedes seguir buscando ayuda en ese estado –Felicia mira a Mary Jane-. ¿Cuántos días lleva sin dormir?
—–Mary Jane suelta la mano de May y vuelve sus ojos hacia los de Peter. Se pone en pie para acercarse hasta él mientras responde.
—–—Tres días… Peter, Felicia tiene razón.
—–Negando airadamente con la cabeza, él replica.
—–—Yo… no puedo… no…
—–Mary Jane, frente a Peter, coloca las manos sobre la cara de su marido con mucha ternura y delicadeza, a pesar de la desaliñaba barba, y argumenta:
—–—May sabe que no has parado un instante y que harás lo imposible para que salgamos de esta… pero necesitas descansar.
—–Dubitativo, él dirige la mirada hacia May. Los segundos pasan sin que diga o haga nada, sólo observa a su tía. Paciente, Mary Jane sigue acariciándole la cara. Tras una larga reflexión, Peter posa sus manos sobre las de ella y accede a la petición.
—–—D-de acuerdo –y camina, tembloroso, hasta la cama de May. Furioso y triste ante la certeza de que su tía se debate entre la vida y la muerte por su culpa, se sienta al borde de la cama con miedo a tocarla. Sin dejar que se sienta sólo en este angustioso instante, Mary Jane posa su mano sobre el hombro de Peter. Necesitado de ese apoyo, logra abrazar a May, reiterando entre sollozos-. De acuerdo.
—–Felicia observa desde la distancia con un nudo en la garganta. Anhela poder hacer algo más que mirar, pero sabe que, por el momento, su lugar se reduce al de espectadora.
—–Tras un largo abrazo a su tía, el primero desde hace más de veinticuatro horas, Peter logra sosegarse con ayuda de Mary Jane y, finalmente, aclara con Felicia los detalles sobre el arcaico móvil y la dirección del ático. Mientras escucha, aprovecha para beber un poco de agua de una de las botellas. Con todas las instrucciones ya explicadas y con el móvil y las llaves entregadas, Mary Jane irrumpe.
—–—¡Peter, espera! -le coge la mano izquierda y le mira a los ojos-. No vuelvas a decir que eres una desgracia en mi vida… Eres lo mejor que me ha pasado.
—–Peter contempla la verdad más absoluta en los ojos de Mary Jane. Reconfortado, acaricia con la mano derecha la mejilla izquierda de ella, que cierra los ojos, ladeando la cabeza hacia los dedos que tocan su rostro, dejando que estos palpen cada centímetro de piel. Mary Jane libera un espontaneo deseo.
—–—¡Descansa Tigre!
—–Él, manteniendo la vista sobre ella, acaricia sus labios con el pulgar, dejándose llevar. Consciente de que no están solos, Mary Jane detiene el momento de intimidad.
—–—¡Tienes que ir a descansar!
—–—¡Claro! -contesta Peter algo más confiado. Suelta a Mary Jane y da media vuelta hacia la ventana repasando en voz alta las instrucciones que le ha dado Felicia, a la que mira mientras revisa que lleva consigo todo lo necesario. Su amiga responde con los pulgares arriba. Él, tras devolver el gesto, abre la ventana al tiempo que observa a May.
—–—¡Por favor, llamadme si hay alguna novedad. ¡La que sea! –ambas asienten con firmeza. Peter dirige sus ojos de nuevo hacia Felicia-. ¡Gracias por todo, eres una bendición!
—–Ruborizada, Felicia intenta restarse importancia.
—–—¡Y qué más!
—–—¡Ya! Bueno… Me doy el piro vampiro -Peter vuelve la vista hacia la gran ciudad, con un imperceptible suspiro. Presta atención a su sentido arácnido para evitar posibles miradas indiscretas. Todo parece despejado. Gira la cabeza hacia la habitación y con tono relajado, añade-. ¡Portaos bien! -y guiña el ojo a Mary Jane. Antes de que ella pueda responder, salta al vacío. Mary Jane se aproxima a la ventana a prisa. Reclinada sobre la misma, rememora, sin pretenderlo, las muchas veces que ha protagonizado esta escena en la que el viento golpea su rostro y hace ondear su pelo mientras observa con melancolía como su querido Peter desaparece entre los edificios.
—-—<<¡A por ellos, Tigre!>>

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