—––Gracias por todo lo que estás haciendo –expresa Mary Jane al tiempo que cierra la ventana, sin apartar la vista de los edificios entre los que Peter ha desaparecido.
—–Felicia, sorprendida, contesta de manera impulsiva.
—––No hay nada que agradecer, sabes que haría cualquier cosa por él… y por la gente que le importa –observa a May–. Apenas he hablado con ella en todos estos años, aunque Peter se encarga de remediarlo… más o menos. Siempre que puede me cuenta anécdotas sobre ella: “May esto, May aquello, May lo de más allá…”.
—–Apesadumbrada y pensativa, Mary Jane permanece en silencio mientras baja despacio la persiana, cuyo leve traqueteo rompe la reinante pero efímera calma, siendo un acompañamiento de fondo a los diferentes recuerdos que la joven evoca, sobre May. Entonces, acierta a responder.
—––Ojalá puedas llegar a conocerla… A pesar de su aspecto frágil y sus problemas de salud, tiene mucha fortaleza… Es tan… –enmudece consumida por la impotencia. Felicia, comprensiva ante el nudo que impide hablar a la joven pelirroja, coge unas de las botellas de agua y, desenroscando el tapón, se la ofrece. Con lágrimas deslizándose por sus mejillas, Mary Jane acepta la botella. Tras un largo sorbo, prosigue–. ¡Sería como perder a una madre! Sé lo que es eso y el mundo se vuelve del revés… No… no sé qué haríamos sin May. Y desde hace un tiempo… tampoco sé que haríamos sin ti –sentencia, para a continuación vaciar la botella con otro gran sorbo y dejarla sobre la pequeña mesilla que hay entre el sofá y la ventana.
—–Felicia enmudece, incapaz de asimilar las palabras provenientes de quien ha sido su rival por el amor de Peter, durante años. Con cierta pausa, echa mano a la bolsa de deportes y coge otra botella de agua, que esta vez desenrosca para sí misma. Bebe con parsimonia, arañando algunos segundos para dar con las palabras adecuadas. Sin llegar a vaciar la botella la enrosca y juguetea con ella entre las manos, al tiempo que alza la vista con intención de responder.
—––Bueno, tal vez sólo intento enmendar el daño que os he causado… He hecho cosas de las que no me siento orgullosa –Felicia pasa su mano izquierda por la nuca y retira la mirada avergonzada-, como amenazarte o utilizar a Flash Thompson para dañar a Peter. Ya sabes… estaba furiosa con él pero no tenía un verdadero motivo; es decir, fui yo quien le echó de mi vida. Y aun así, él volvió a abrirme las puertas de la suya. Ayudaros es… una manera de agradecerle esa segunda oportunidad que nadie me había dado antes.
—–Al hablar de segundas oportunidades, Mary Jane rememora la segunda vez que Peter le pidió matrimonio. Con una mueca positiva, asiente y ratifica.
—––Sí. Peter es único en eso.
—––¡Desde luego! Aunque no sólo él –Felicia señala con el dedo índice a Mary Jane–. Después de lo que hice, cualquier otra persona me hubiera quemado en la hoguera –añade con grandes aspavientos.
—––No fue por falta de ganas, jeje –concreta, dejando escapar una risa floja.
—––Lógico… –Felicia pausa la conversación, consciente de que combatir con El Buitre o Hydro-man es mucho más fácil que hacer frente a los errores del pasado–. Te… te debo muchas disc…
—––¡No! ¡Para! –Mary Jane gesticula con las manos para frenarla–. Lo que me hiciste no tiene justificación pero… todos hacemos cosas de las que tarde o temprano nos avergonzamos y otras de las que sentirnos orgullosos. ¿O ya has olvidado quien nos ayudó contra el lunático de Osborn y sus once siniestros? Y ahora esto.
—––Yo… –Felicia explota de satisfacción–. ¡Joder, sí! –Mary Jane queda extrañada ante la reacción de ella, que sigue hablando–. Es que… es gratificante saber que estoy arreglando las cosas; después de tantas cagadas. He pasado buena parte de mi vida sin preocuparme por las consecuencias de mis actos, lo cual tarde o temprano tenía que cambiar… Aunque no por gusto… Mi padre solía decir: “Si el juego no se adapta a ti, cambia el juego”, y así podría definirse mi vida: un juego. Tardé mucho tiempo en comprender el verdadero significado de sus palabras, y cuando lo hice… perdona, no creo que sea el momento.………………………………..
—––¡Al contrario! He pasado los últimos tres días junto a May mientras Peter buscaba ayuda. Me he sentido bastante sola. Y el hecho de darle vueltas a la cabeza constantemente no es que ayude… Necesito hablar con alguien de lo que sea o me volveré loca –Mary Jane se aproxima al sofá y se deja caer sobre él. Una vez sentada invita a su acompañante a hacer lo propio.
—––¿Entonces, sigo? -pregunta Felicia.………………………………………….
—––¡Sí, por favor! –exclama Mary Jane con un tono cercano a la súplica.
—––Ok… –Felicia toma asiento, jugueteando aún con la botella de agua entre las manos, y continua hablando–. Hasta mi primer año de universidad, creía que si hacía lo correcto y me esforzaba por lograr mis metas, la vida me recompensaría. Pero no fue así… –se detiene, mostrando un semblante cuyo significado Mary Jane reconoce al instante, de modo que interviene.
—––Tranquila, no hace falta que entres en detalles si no quieres.
—–Felicia realiza un gesto de agradecimiento ante el tacto de Mary Jane. Un tacto que le sorprende para bien. Prosigue hablando:
—––A raíz de aquello, lo de la universidad… fue cuando decidí que seguiría los pasos de mi padre, pero con una sutil diferencia: el glamour. Verás, a pesar de ser un ladrón, mi padre era un buen padre; me brindó una educación y aunque su trabajo no era legítimo, la mayoría de lo que robaba iba destinado a mis estudios. Realmente quería ofrecerme un futuro… Pero la vida te golpea sin saber porqué, y bueno, has de reaccionar. La pregunta es: ¿cómo?
—–Mary Jane la interrumpe.
—––Te entiendo… Al menos tu padre se preocupaba por ti. El mío sólo me enseñó lo que es el maltrato y a culpar a los demás de nuestros propios errores. Aunque de puertas para fuera parecía un padre ejemplar, era todo pura fachada… Quizás por eso me hice modelo –añade de forma sarcástica.
—–<<¡Adiós, qué burrada!>> –piensa Felicia para sí-. Si te escuchara alguna compañera se ofendería un poco ¿no? -pregunta con una mueca algo forzada.
—––¿Ofender es con hache, antes o después de la O? –bromea Mary Jane. Felicia, se echa a reír al tiempo que se lleva la mano a la frente de forma exagerada como si las palabras de la pelirroja la hubieran noqueado. Mary Jane continúa hablando–. Lo sé, lo sé –gesticula con las manos, como si borrase algo escrito en el aire, dando lugar a que no se profundice en el asunto, y añade–. Sigue contándome.
—–Por un breve instante, Felicia siente la tentación de indagar el porqué de las palabras de Mary Jane, sin embargo, termina por aceptar la petición de esta y continúa narrando los aspectos de su vida que la moldearon como persona.
—––De pequeña quería ser animadora de los Knicks, pero mi padre decía que eso era poco para mí, que yo sería la primera chica jugadora del equipo: ¡la pivot titular! Y que los chicos serían quienes me animasen. De ahí lo de cambiar el juego, pero… –la cara de Felicia se endurece–, ¡aquí estoy…! Como he dicho, tardé demasiado en comprender a que se refería en realidad –vuelve la mirada hacia May–. Y ahora me siento responsable de lo que le ha pasado.
—––Me he perdido –responde Mary Jane, perpleja.
—––No sé si Peter te lo habrá contado, pero hace años hice un trato con Kingpin: acepté que me diera poderes especiales a cambio de trabajar para él… Todo fue una estafa por su parte. Me engañó como a una estúpida… Si le hubiese pateado su enorme trasero cuando tuve oportunidad –Felicia golpea con el talón el bajo del sofá-, tal vez May no estaría en esa cama.
—–Mary Jane salta a defender a Felicia de sus propios pensamientos.
—––¡Eso es una estupidez! Ha pasado mucho tiempo de aquello; y si no hubiese sido Kingpin podría haber sido cualquiera de los chalados que tienen en su agenda negra el nombre de SPIDER-MAN; y justo al lado “¿Peter Parker? ¿Cómo no me di cuenta? P.d: soy tonto”.
—–Entre risas, Felicia repite la ocurrencia de Mary Jane:
—––“P.d: soy tonto” –contagiando así la risa.
—–Por vez primera, como si de un bálsamo se tratase, Mary Jane y Felicia abandonan la tensión que han sentido una frente a la otra desde hace tantos años, afrontando, juntas, el turbio presente y el incierto futuro.


—–Entretanto, Peter llega al ático de Felicia, accediendo al interior mediante la claraboya que Felicia le indicó. Una vez dentro inspecciona el lugar: es un loft amueblado y decorado según las últimas tendencias en lo que a interiorismo se refiere, o eso cree él, pues sabe poco del tema; en cambio, sí sabe que de aquello que ve sólo tres cosas despiertan su interés: el enorme televisor de 50 pulgadas, la ducha con hidromasaje y el colchón de la cama. De hecho, cualquier superficie horizontal, aunque fuera una tabla con pinchos sería una nube sobre la que descansar. Peter deja a un lado las divagaciones y con el mando del televisor en mano, enciende la caja tonta para poner uno de los noticiarios de la noche mientras va hacia la cocina con intención de saquear la nevera. En ningún momento vuelve los ojos hacia la televisión, sólo escucha; como hacía por las noches antes de toda esta locura: los Vengadores, el edificio Stark, el Acta de Registro, la guerra entre superhéroes, el disparo… Peter, en un acto espontáneo de furia, lanza un puñetazo que frena a tiempo: <<la nevera de Felicia no tiene la culpa>>, piensa a la vez que baja el brazo y comprueba el interior del frigorífico. Para su no sorpresa, Felicia le ha dejado una nota dentro; justo al lado de varias latas de su refresco favorito. .
…….Hola Petey, sabía que vendrías de cabeza a la nevera. En el horno tienes una …….hamburguesa especial con doble de todo y pan crujiente, no esa basura de pan blando …….que se deshace con mirarlo. En el baño tienes espuma y maquinilla de afeitar. Están ahí …….para algo, así que úsalas. Y no me seas cerdo y dúchate, eso sí, usa el champú para …….hombres que te he comprado; como se te ocurra usar el mío te machaco.
…….¡Buen provecho y dulces sueños!
……Tu gata favorita: MIAU!!!
—–Con una sonrisa inocente se guarda la nota en el bolsillo del pantalón, celebrando que comerá algo decente tras varios días. Su estómago ruge de hambre, pero antes de nada coge una de las latas de refresco y la vacía en dos inmensos sorbos. A continuación, coge otra lata para acompañar a la ansiada hamburguesa doble especial que espera en el horno.
–                                                                                                                                                                 –
—–Recobrada la compostura tras ese instante cómico cargado de complicidad, Mary Jane cambia el semblante, tornando su voz a un tono dulce, cercano pero resignado.
—––No te culpes, aunque tengas la necesidad de hacerlo. No hará que May mejore.
—––Lo sé, pero me es imposible no darle vueltas…
—–Mary Jane intenta convencer a Felicia.
—––No te haces idea de las meteduras de pata que tuve en mi adolescencia. O sea, que no eres la única que “cambió el juego”. ¿Quieres que hablemos de errores y cagadas? Pon atención y toma nota… Antes, iba a lo mío sin importarme nada ni nadie, sólo yo. ¿Por qué? –toma aire y continúa como si de un monólogo de una obra de teatro se tratase–. Mi padre no era feliz con su familia; nos culpaba de sus fracasos como escritor, y nos maltrataba psicológicamente, incluso llegó a golpear a mi hermana. Mi madre, mi hermana y yo huimos de casa. Con el tiempo, mi hermana siguió los pasos de mi madre; rechazó sus sueños por “amor”, para acabar abandonada por un marido que no quiso responsabilidades. Al poco de aquello, mi madre falleció… Mi vida junto a ellas era una espiral de dolor; de modo que cambié mi manera de pensar y huí de casa de mi hermana, dejándola sola con sus dos hijos pequeños. Vine a Nueva York para luchar por mis sueños como actriz y modelo, manteniendo una fachada de chica despreocupada, siempre alegre y sonriente, aunque por dentro me sintiera desgarrada… No confiaba en nadie, así que construí un muro a mí alrededor que sólo se “tambaleaba” en las pistas de baile… Como ves, todos tenemos un pasado, y el mío consistía en huir de las responsabilidades… y ser el alma de las fiestas.
—–Felicia, que desconocía el pasado de Mary Jane, medita durante unos segundos para concluir de forma jocosa:
—––Con que el alma de las fiestas, ¿eh?.
—–Mary Jane le sigue el juego.
—––Apuesto a que te haría pedazos en una pista de baile.
—–Felicia, haciendo un gesto de STOP, responde.
—––Que, ¿harás qué, muñeca? ¿No estarás pensando en un triple salto con tirabuzón? Porque a eso no hay quien me gane –Felicia realiza un gesto de chulería acicalando sus uñas con vaho y frotándolas sobre la blusa, acompañando su gesto con una mirada de superioridad. Ambas vuelven a reír. Felicia prosigue–. Por cierto, ¿qué tal era Peter en la pista de baile?
—––¡Oh, Dios! Un desastre –afirma Mary Jane al tiempo que alza las manos, clamando y negando con la cabeza–. Él me atraía muchísimo, pero me fijé enseguida en que no era capaz de seguirme el ritmo; lo cual me extrañaba porque sabía su secreto incluso antes de conocerle; ¿quién podía pensar que Spider-Man bailaba tan rematadamente mal? Así que empecé a organizar competiciones improvisadas entre los tipos que había en la discoteca para encontrar a alguien que sí fuera capaz de estar a mi altura –deja escapar una mueca de sonrisa–. Era una locura… Se formaban corros a mí alrededor, con un montón de hombres que no conocía, intentando impresionarme.
—––Creo que me hago una ligera idea, jeje. A fin de cuentas, eres una supermodelo y actriz, ¿quién puede competir con eso? –Felicia guiña un ojo.
—––¿Hola? Lo dice la mujer enfundada en cuero que va dando saltos entre los edificios con un escote de escándalo y que además es una superheroína. Con eso sí que no se puede competir… –Mary Jane deja la frase en el aire, pensando para sí: <<¡No…! No se puede>>.
—–Felicia, sin recabar en el sutil silencio de su compañera, responde con cierto sarcasmo.
—––¡Ya, claro! ¡Superheroína…! Aún no me he acostumbrado a que me llamen así. Es una sensación extraña, aunque agradable –Felicia esboza una sonrisa y tras una breve pausa, pregunta–. Bueno ¿y qué sucedía al final con tanto tipejo a tu alrededor?
—–Inmersa en sus pensamientos, Mary Jane tarda en contestar.
—––¡¿Eh?! Sí, perdona… Sucedía que en el fondo me daban igual; era Peter quién me interesaba. Sólo tenía ojos para él aunque mi comportamiento dijera lo contrario… Incluso salí con Harry Osborn para darle celos; menuda estupidez… Cómo he dicho, ya conocía su secreto pero en ese momento no se lo hice saber, porque mis sentimientos hacia él eran confusos: me aterraba y me atraía a partes iguales; por eso, cuando le veía junto a Gwen sentía cierto alivio y al mismo tiempo me enfurecía… –Mary Jane rememora aquellos lejanos años y todo lo que supusieron. Con evidente tristeza, agacha la cabeza y, en voz baja, añade: Perdóname Gwen, fui una estúpida.
.                                                                                                                                                                   .
—–En el ático de Felicia:
—–Acabada la hamburguesa, Peter reniega del postre pero no de una tercera lata de refresco. Lleva un rato ignorando el televisor, en parte porque ninguna noticia es de su interés. Llegada la hora del afeitado, Peter va al baño, donde ve en el espejo a un ser irreconocible; nunca le ha gustado su barba y menos aún tan espesa. Diez minutos después, pasa la mano por su cara libre de pelos: <<mmm, suave, como el culito de Logan>>. Sabedor de que acaba de decirse a sí mismo una soberana tontería, pues Logan tiene vello hasta donde no da el sol, rompe a carcajadas, prolongando todo lo posible el evasor instante.
—–Preso de la risa, entra en la ducha, permaneciendo incrédulo durante un minuto: <<¿Cómo narices funciona el hidromasaje? Por el amor de Dios, Peter, inventaste los lanzarredes, ¿de verdad se te resiste una maldita ducha?>>. Incapaz de encender el hidromasaje, cede ante la resignación de una convencional pero reconfortante ducha. Mientras el agua golpea y resbala por su fatigado cuerpo, la imagen de varios superhéroes le abordan: La Cosa, Luke Cage, Capitán América… Entonces recuerda aquellas maratonianas noches jugando al póker con ellos; añora compartir anécdotas sobre sus respectivos enfrentamientos con el supervillano de turno… La tristeza le invade, consciente de que ese tiempo no volverá. Con su mente divagando, comienza a cantar Raindrops keep falling on my head de B.J.Thomas -canción que su tío Ben le enseñó para aplacar la tristeza y el odio que Peter sentía a raíz de las constantes burlas que sufría en el instituto- y poco a poco, la ducha vuelve a recuperar parte de su efecto reconfortante, hasta que sufre una abrupta interrupción procedente del televisor:
<<Recordemos una de las noticias más destacadas, sino la más importante de la semana. Thor, el dios del trueno, dado por muerto hace unos meses, ha vuelto a la vida. Si bien no sabemos si un dios puede morir, la noticia sería anecdótica sino fuera porqué Thor ha traído consigo parte de su mundo, Asgard, al nuestro. El lugar elegido para tal “honor” ha sido el pueblo de Broxton (Oklahoma). Según las últimas noticias, Asgard está flotando a escasos metros del suelo terrestre y poco a poco está siendo habitada por quienes suponemos son seres originarios del propio Asgard. A falta de declaraciones por parte del dios del trueno o de las autoridades gubernamentales, sólo podemos especular: ¿han venido los dioses a conqui…?>>
—–Peter recibe la noticia como si de una alarma se tratara, saliendo de la ducha a toda velocidad y sin enjuagar. Mojado y con jabón por el cuerpo, se pone la ropa limpia que Felicia dejó doblada sobre la cama. Segundos después, sale del ático por la claraboya.
.                                                                                                                                                                  .
—–En el hospital, las palabras de Mary Jane intrigan a Felicia:
—––¿Por qué…? ¿Por qué dices eso?
—–Entre sollozos, la entristecida pelirroja intenta explicar el motivo de su pesar.
—––Desde que regresaste a la vida de Peter y os pusisteis a saltar juntos por los edificios, luchando contra los supertarados, comprendo mejor el daño que hice a Gwen. En… En aquella época nunca estuve a su altura por el amor de Peter, y a pesar de ello, no dejé de interponerme entre ambos; intentando seducir a Peter y… provocar celos en ella.
—–Felicia responde compungida ante la evidencia.
—––¿Igual que yo contigo?
—––¡Je, sí! –Mary Jane ríe por la ironía–. Igual que tu conmigo… –mantiene un suspiro que prolonga de manera inconsciente–. No fui una verdadera amiga con ella… y cuando me di cuenta de que realmente no la conocía, ya estaba muerta… tan joven… –se lleva las manos a la cara.
—–Comprensiva; pues Felicia tiene mucho que decir sobre este asunto aunque no sea fácil de compartir; pasa la mano por el hombro de Mary Jane, intentando consolarla.
—––Como has dicho antes, no vale la pena culparse. Creo que Gwen estaría contenta… Es decir, haces que Peter sea feliz, das sentido a su vida. Ninguna otra lo ha logrado.
—–Ante semejantes palabras, Mary Jane aparta las manos de la cara y mira a Felicia. Durante breves segundos cruzan sus miradas en silencio, hasta que armada de valor, Mary Jane lanza la bomba.
—––Sig-sigues enamorada de Peter, ¿verdad?
—–Sin tiempo a una posible evacuación, la bomba impacta de lleno. Felicia no acierta a responder.
—––¡No, no…! Sólo es un gran amigo que está… que… –aparta la mirada, nerviosa. Se pone en pie y da la espalda al sofá.
—––Perdona, no… no tengo derecho a preguntarte algo así –Mary Jane intenta rectificar, dándose cuenta de que la situación se le escapa de las manos.
—–Felicia agita el cuerpo descargando tensión e inspira con fuerza, cuenta hasta cinco y da media vuelta para devolverle la mirada a Mary Jane.
—––¡Sí! Sigo enamorada de Peter. He… intentado rehacer mi vida miles de veces, pero siempre topo con el muro de Peter Parker… Sólo Flash estuvo a punto de romper ese muro, pero le utilicé… Yo… no quiero entrometerme entre vosotros dos… sólo deseo que sea feliz y poder ayudarle tanto como él me ayudó a mí.
—–Atónita, por la valentía y sinceridad de Felicia, Mary Jane se ve inundada por una inexplicable tranquilidad al tiempo que esboza una leve sonrisa cargada de ternura.
—––Te creo. Y… te mereces que yo también sea sincera… Peter ha luchado mucho para verte únicamente como a una amiga, y no caer en “tus garras” –hace un gesto felino con las manos. Felicia no puede evitar sonrojarse. Mary Jane sigue hablando–. Me lo ha dicho más veces de las que me hubiera gustado escuchar, y aunque duele que siga habiendo algún sentimiento escondido, me ayuda mucho que Peter sea sincero y que confíe en mí, porque me da fuerzas para confiar en él. Aunque a veces siento que tenéis una química especial que entre él y yo no hay…
—––Bueno… –Felicia queda pensativa–. Diría más bien que soy una fruta prohibida, una tentación… Es lo que Peter me dijo una vez, y puede que sea cierto –añade, encogiéndose de hombros mientras vuelve a sentarse–. Mira MJ, eres tremendamente afortunada y probablemente un poco boba… Tal vez no lo sepas, pero yo también estuve bajo la sombra de Gwen. Aunque en su momento no me importara la vida del hombre tras la máscara, Peter insistía en hablar de Gwen y recordarla. Hablaba maravillas de ella, cuando se arrancaba a hacerlo no paraba y le cambiaba el tono de voz… Él siempre acababa triste y no quise comprenderlo, aunque tampoco él se daba cuenta de lo que dolía ser comparada una y otra vez… Pero en definitiva, él me abrió su corazón. Cuando yo quise hacerlo, fue demasiado tarde… Recuerdo que cuando Peter hablaba de Gwen y no tenía la máscara puesta, sus ojos mostraban un brillo especial, exactamente el mismo brillo que muestran cada vez que habla de ti. Contra eso, no hay trajes ni escotes que puedan competir.
—–Las palabras de Felicia conmocionan a Mary Jane; incapaz de reprimir su deseo de llorar, pues este pequeño bálsamo, que agradece sobremanera, se enfrenta contra las aún poderosas dudas. Dudas que logra exponer.
—––Pero… cuando os habéis dado la mano.
—–Una sonrisa apaciguadora se dibuja en la cara de Felicia.
—––Querida, al igual que Peter, tengo más fuerza que la gente normal. No tanta como él o como La Cosa, pero que Peter se haya desahogado conmigo no significa nada, soy su amiga y para eso están los amigos… –Felicia cambia a un tono más distendido–. A ver, Peter llamó a la agencia pidiendo a un HULK-ABRAZOS, pero el señor aplastalo-todo tenía la agenda un poco apretada –Felicia imita a Hulk con los brazos en jarra poniendo cara de bruta, arrancando así unas risas a Mary Jane; aún con lágrimas en sus mejillas. Felicia continúa–. Comprendo que sientas algún recelo; son muchas vivencias compartidas y demasiados roces entre él y yo, pero no deberías… Él ya decidió hace tiempo… –afirma Felicia resignada–. He participado en muchos combates, y ninguno de los que he perdido ha sido tan doloroso como éste: K.O absoluto… Sí, lucho a su lado ahí fuera, pero su corazón siempre está aquí, contigo. La esperanza de verte una vez más le da fuerzas para regresar sano y salvo a casa. ¿Sabes cuántas veces he oído tu nombre durante nuestras peleas con los “supertarados”? Siempre balbucea algo con tu nombre; sobre todo cuando está a punto de caer. Le das esa fuerza extra que necesita –Felicia coge la mano de Mary Jane–. Tienes en tu poder el amor más grande que un ser humano puede albergar y ofrecer a otra persona. No lo dejes escapar, como hice yo… porque si lo haces, estaré esperando –bromea Felicia, que logra otra sonrisa en Mary Jane. Felicia culmina–. El corazón de Peter te pertenece sólo a ti. Y ningún capullo disfrazado o capulla –Felicia se señala–, te lo va arrebatar… Aunque comprendo que eso te asuste.
—–Mary Jane, sin decir nada, suelta la mano de Felicia. Despacio, se incorpora y da un par de pasos hasta los pies de la cama de May. Frente a ella, queda paralizada. Tras un pequeño resoplido, comparte su miedo.
—––No puedes llegar a hacerte una idea… Hace años que aprendí a vivir con esta sensación… –suspira–. Es algo que hemos hablado miles de veces. Incluso de lo triste que era que me trataran como a una reina por hacer ¡nada! Sólo recitar frases una y otra vez, mover el culo y posar… Sin embargo, él, que se juega la vida por salvar a personas que no conoce, sí que merece ser tratado como un rey, pero no hacen más que perseguirle y mancillar sus constantes sacrificios, y aún así, siempre sigue hacia adelante. Es parte de Peter, de su sentido de la responsabilidad… Me sentiría culpable si por mí dejara de salvar tantas vidas… pero la idea de que una noche no vuelva, está siempre ahí, y… y eso me aterra… Ya he perdido a demasiados seres queridos en mi vida –Mary Jane acaricia su vientre, consumida por el dolor del recuerdo. Recuerdo que la transporta a ese instante en que tras dar a luz, de repente, dejó de escuchar el llanto de su pequeña. Ni tan siquiera la pudo ver; los médicos dijeron que era mejor así… Su pequeña May Parker, a la que cariñosamente iba a llamar “Mayday” si la vida hubiera sido un poco más justa. Su pequeña May Parker, que ni tan siquiera tuvo la oportunidad de ser abrazada por sus padres… Han pasado cinco años y el dolor no desaparece.
—–Transcurridos unos segundos, en los que el silencio reina, Mary Jane rodea la cama de May hasta situarse junto a ella. Se arrodilla, le coge la mano y comienza a llorar. Felicia, sin decir nada, se acerca a Mary Jane, arrodillándose a su lado. En señal de apoyo, coloca su mano sobre el hombro de la afligida pelirroja, que incapaz de reprimir el dolor y la rabia acumulada durante tantos años, abraza a Felicia.
.                                                                                                                                                                   .
—–Peter llega a su destino: el cementerio de San Juan, en Queens, el cual cierra al público durante la noche. Atento a posibles miradas indiscretas, salta la valla con la agilidad que le caracteriza. Una vez dentro, atraviesa el cementerio a toda prisa sin recabar en el tétrico aspecto de cuanto le rodea y las miles de lápidas mal iluminadas; algunas con una foto del difunto que habita debajo, otras tantas con flores frescas y otras muertas, e incluso bellas frases que intentan definir toda una vida y lo que esta deja atrás; le dan la bienvenida. Pero él no se detiene, su cabeza sólo piensa en la tumba de su tío Ben. A pocos metros para llegar, con las zapatillas llenas de tierra, ralentiza el paso con el objetivo de saludar como corresponde y pedir disculpas por no haber ido a verle antes. Tras una leve inclinación en señal de respeto y palpar las marchitas flores que adornan la lápida, se arrodilla detrás de ella y comienza a excavar con las manos desnudas. Conforme quita tierra emerge una pequeña luz amarillenta. Impaciente, sigue cavando hasta que la luz inunda sus extremidades superiores. Emocionado, devuelve la mirada hacia la lápida.
—––¡Gracias, tío Ben! –con la mano llena de tierra, alarga el brazo hacía la luz proveniente del hoyo. Con cuidado, sus dedos palpan el objeto que proyecta el resplandor: la runa. Un tipo de runa especial, que sólo puede ser entregada a los mortales mediante la voluntad de los dioses, como por ejemplo, la voluntad del dios asgardiano Loki.

 

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