—––¡Por favor, que funcione! ¡Por favor! –Peter ruega a la nada, sosteniendo la runa entre las manos, con la esperanza de que la nada responda. Cierra los ojos, concentrándose en todo aquello que le rodea para percibir cualquier posible amenaza o evitar ojos ajenos que no estén invitados a la que espera sea una gran fiesta de luces. De momento sólo advierte un silencio, irónicamente sepulcral, que pocas veces le ha satisfecho tanto como ahora, de modo que reclama la presencia–. ¡Em…! Loki, yo te… ¿invoco? –ante tal llamamiento, carente de convicción, la ausencia de respuesta se vuelve obvia. Por si acaso, abre uno de los ojos para echar un vistazo: <<nada; esto parece una tumba. Habrá que gritar más>> –piensa mientras carraspea con fuerza, con tanta que incluso se hace daño en la garganta, e hinchando los pulmones, grita–. ¡LOKI. YO, TE INV… –una explosión de luz perturba la solemnidad del lugar, haciendo aullar su sentido arácnido; obligándole a soltar la runa para agarrarse la cabeza, a punto de estallar debido al dolor. Luchando por mantener la calma y no ceder a las punzadas que taladran su sesera, Peter alcanza a escuchar una eminente voz.
—––¿Quién osa reclamar mi presencia?
—–Impulsado por una fuerza de voluntad que muchos supervillanos catalogan de desquiciante, Peter camina hacia la fuente de luz. Una luz que pierde intensidad poco a poco hasta desaparecer dejando en su lugar una sombra alargada y esbelta, con cuernos saliéndole de la cabeza, oculta tras el árbol más cercano.
—––¿Loki…? <<¡Ah, mi cabeza!>> –en momentos así, Peter desea en secreto que Papa Noel aparezca con su gran saco a la espalda cargado de aspirinas.
—–La eminente voz responde.
—–¡Spider-Man!
—–Raudo, Peter acerca el dedo índice a su boca en señal de silencio y responde en voz baja.
—––¡SShhh, presente! <<¿Qué le pasa en la voz?>> –piensa para sí. Al segundo, pregunta-. ¿Cómo me has reconocido sin mi…? Bueno, ya sabes… –el dolor de cabeza ha desaparecido tan pronto como llegó. Sin darle importancia, centra la atención en sus manos embarradas–. Oye, ¿no tendrás unos kleneex? ¿No? Lo imaginaba… –sacude una mano contra la otra para quitarse la mayor cantidad de tierra posible, quedando restos que decide restregar en el pantalón–. <<Total, ya lo había embarrado… Felicia me va a matar>>. Sigue caminando hasta el árbol tras el que se oculta la eminente sombra, que ignora la verborrea intrascendente de Peter centrándose en responder la pregunta.
—–Tu entidad mística de araña te delata. Entidad que percibo diferente.
—––Sí, bueno… Es una larga historia: Morlun, Ezequiel, arañas gigantes devora hombres…
—–Ahora eres más araña que humano.
—––Eso hay que sentarse a discutirlo –corrige Peter, al tiempo que se aproxima al árbol tras el cual se oculta la eminente voz. El mortal sigue hablando–. Es cierto que ahora mi cuerpo es capaz de crear telaraña orgánica y, por tanto, no necesito lanzarredes ni recurrir a la química para conseguir fluido arácnido, pero ¡eh!, sigo teniendo dos ojos, dos brazos, dos piernas y el mismo nivel de vello corpo…
—–Tienes razón: una araña no es tan irritante –asiente la voz interrumpiendo a Peter. Con evidente impaciencia, la sombra pregunta–. ¿Por qué perturbas mis planes? -tan rápido como lanza la cuestión, cree obtener una respuesta-. ¡Tess! ¿Le ha pasado algo a mi hija?
—–Peter, más pendiente del pantalón que acaba de estropear que de lograr contacto visual con la figura oculta, está próximo al árbol. Reconoce la forma de hablar de Loki; y el hecho de que éste pregunte por su hija, prueba todavía más que se trata de él.
—––¡No, tranquilo! ¡Tess está bien! Te he llama…un momento, ¿tranquilo? –los ojos de Peter contactan con el cuerpo de Loki, viendo a una mujer donde debería haber un hombre. Una mujer que mide casi dos metros; con una larga cabellera morena que porta una corona dorada con dos inmensos cuernos frontales que se bifurcan y curvan lateralmente, vestida con abrigo de piel de un animal común en el reino de Vanaheim y ropajes asgardianos de un color verde apagado, que dejan al descubierto un muy poco sutil escote, siendo el intenso maquillaje negro de ojos y labios un colofón final estremecedor–. Venga vale, ¿qué has hecho con Loki? Es decir, el Loki que yo conozco es un Casanova que poliniza a diestro y siniestro como buen dios nórdico; pero tú…
—–Irritado ante la palabrería de Peter, Loki zanja con firmeza el asunto de su nuevo aspecto.
—–¡Soy Loki! Para tí, el poderoso Loki. No oses dudar de mi palabra.
—––Sí, eso es típico de él… digo, de ella… perdona… de ti.
—–¡BASTA! Si Tess está bien ¿por qué me importunas?
—–<<No por tu agradable compañía…>> –piensa Peter.
—–¡Cuidado mortal! Puedo leer tus infames pensamientos.
—––¡Ya! Es lókico viniendo de tí –Peter espera alguna reacción de Loki, que permanece impasible ante el chiste–. ¿Nada? ¿En serio? ¡Jo, tío-tía! No vas a escuchar un chiste tan genial sobre ti en toda la eternidad…
—–Loki muestra su impaciencia alzando las manos. Peter se apresura a rectificar su actitud.
—––¡Vale, vale! ¿Recuerdas nuestro último encuentro? Tras ayudarte a salvar a tu hija, dijiste –Peter emula la voz de Loki–: “Te debo un favor, un día podrás cobrártelo.”
—–Loki finaliza la frase, pues Peter la ha dejado a medias.
—–“…cobrártelo, bajo las circunstancias habituales.” ¡Por supuesto!
—––Em, sí… esa última parte la había olvidado.
—–No puedes llamarme así sin más, tengo planes que culminar y un cuerpo que recuperar.
—–Sin dudarlo, Peter se arrodilla implorando ayuda.
—––No conozco las circunstancias habituales, pero… no te hubiera llamado si no fueras mi última esperanza, por favor, mi tía…
—–¡Silencio! –Loki extiende la mano derecha sobre la cabeza del mortal para leer su mente. En pocos segundos está al corriente de todo lo ocurrido y sin vacilar, responde–. Peter Parker de Midgard, te ayudaré. Aún no tengo todo mi poder, pero salvaré a la que consideras tu madre.
—––Yo…
—–Con Peter aún de rodillas y la mano de Loki sobre su cabeza, ambos desaparecen envueltos en una intensa luz amarilla, para reaparecer, manteniendo la misma posición, en la habitación 426 ante la mirada atónita de Mary Jane y Felicia, que siguen abrazadas junto a la cama de May.
—––¿Peter? –pregunta Mary Jane.
—–Felicia, más expeditiva:
—––¿Qué coño…?
—–Peter intenta explicar la situación.
—––Ho-hola…esto no es lo que parece… eeh… os presento a Loki: la dios… el dios de la ment… el dios asgardiano.
—–Loki, ignorando a todos los presentes menos a May, suelta a Peter para ir junto a la anciana, recitando palabras en un idioma milenario desconocido para los simples mortales. Mary Jane observa, perpleja, la nueva pero aún imponente figura de Loki, al tiempo que pregunta a Peter.
—––¿Cómo has…? ¿Pu-puede salvar a May?
—–Peter responde apresurado.
—––Luego te lo explico; y sí, puede salvarla. ¡Bajad la persiana! Esto se va a llenar de luces –Peter cubre el bajo de la puerta de la habitación con su chaqueta.
—–Felicia, ignorando la orden de Peter -pues Mary Jane bajó la persiana al irse él- contesta con una pregunta:
—––¿Loki no era un…?
—–Peter impide que su amiga termine la frase.
—––¡Ahora no, por favor! –dice, lanzando una mirada enfurecida hacia ella, al tiempo que dispara una telaraña a la bolsa de deporte que está junto al sofá, y tira de ella. Con la bolsa entre las manos, saca algo de ropa y la pega con telaraña en los bordes de la puerta, evitando así posible fugas, de la inminente luz, al pasillo.
—–Loki, sin dejar de recitar en el ininteligible idioma, observa a May sabedor de que sus habilidades para sanar están muy mermadas. A pesar de ello, hay promesas que son sagradas incluso para el dios de la mentira. Como buen hechicero, posa sus manos sobre la anciana, dando paso al rito de sanación.
—–Una luz cegadora envuelve a dios y mortal, obligando a los meros espectadores a desviar la mirada. Felicia recula hacia atrás tropezando con el sofá y cayendo de culo en él. A ciegas, Mary Jane busca la mano de Peter que tiene la misma intención para con ella. Es un momento que escapa a toda comprensión, ya que la cegadora luz transmite a la vez una paz desconocida para los simples mortales. Una paz amplificada con el contacto físico de la persona amada. Es algo inexplicable…
—–La intensa luz persiste cuando los aparatos conectados a May muestran cambios en sus funciones vitales con los peculiares sonidos que les caracterizan. Peter reconoce esos sonidos; su reacción no es otra que aferrar con mayor fuerza la mano de Mary Jane.
—–La luz que inunda la habitación se vuelve poco a poco más tenue, concentrándose en una gran espiral que deja anonadados a los presentes. Una espiral que se hace más y más pequeña hasta desvanecerse en las manos de Loki, quien fatigado por el esfuerzo, y aún no acostumbrado a su nuevo cuerpo, se apoya contra la pared, practicando un leve masaje en sus sienes con la mano derecha. Asombrado, Peter observa a May sin advertir el signo de debilidad de Loki. Cuando por fin se percata de su estado, suelta a Mary Jane y, rápido, se mueve hasta el dios para socorrerle, ejerciendo de muleta humana e intentando no tocar según que partes de su nuevo cuerpo. Al tiempo que le ayuda, Peter observa los diferentes aparatos acoplados a May. Emocionado, toma la palabra.
—––Lo-lo has hecho… ¡La has salvado!
—–Lamento no poder hacer más por ella, sin todo mi poder…
—––Es más de lo que teníamos hace dos minutos –afirma Peter, que no cabe en sí de gozo.
—–Mientras, Mary Jane; no del todo consciente de lo que está sucediendo y sobrepasada por el milagro; tiembla. Tiembla por lo que pequeña que se siente, pero sobre todo, tiembla por la euforia que dentro de ella se desata al contemplar a May salvada. Es incapaz de contener unas lágrimas que, por primera vez en días, son de felicidad. Por el contrario, Felicia no llora; y no por ello se alegra menos de lo sucedido, sólo que está tan estupefacta y boquiabierta que su cuerpo decide no inmutarse, permaneciendo sentada.
—–De repente, el sentido arácnido de Peter salta, haciendo que este advierta a Mary Jane y compañía.
—––¡Viene alguien! Loki ¿puedes trasladarnos?
—–Sigo débil, pero puedo… –Loki y Peter desaparecen. En realidad, ahora son invisibles al ojo humano, para asombro de Mary Jane y Felicia, que permanecen quietas sin saber qué hacer. De forma mágica, la puerta del baño se abre y la ropa pegada en la puerta de la habitación destella, desapareciendo así la telaraña que la cubría y cayendo al suelo. Peter, desde dentro del lavabo le pide a Mary Jane y a Felicia que metan la ropa en la bolsa para adecentar el habitáculo y no llamar, más si cabe, la atención. Felicia, haciendo alarde de su destreza felina, da un gran salto hasta la puerta y guarda la ropa, para a continuación, lanzar la bolsa hacia el sofá. En ese instante, dos enfermeras entran en la habitación; apresuradas y con claros síntomas de nerviosismo.
—––¿Qué ha pasado? –pregunta una de ellas–. De repente las lecturas de los monitores se han disparado.
—–Mary Jane responde fingiendo cara de susto.
—––No sabemos… estábamos hablando y…
—–La segunda enfermera interviene, eufórica.
—––¡Oh, Dios mío! Sus constantes están volviendo.
—––No puede ser. ¿Está todo bien conectado? –la primera enfermera toma el pulso a May mientras la segunda comprueba que ningún cable o vía esté mal fijado a su cuerpo.
—-–Todo está en su sitio –informa la segunda enfermera–. E-es increíble… ¡Hemos recuperado a la paciente! ¡Llama ahora mismo al Dr. Fine, corre! <<¿Cómo es posible?>> –piensa para sí.
—–A toda prisa, la primera enfermera sale de la habitación para avisar al Dr. Fine, que duerme en la sala de médicos habilitada para los turnos de guardia. Durante los siguientes minutos, el doctor, acompañado de diferente personal sanitario, realiza una exploración junto con diversos análisis a May, y decide, a la espera de los resultados, llevarla al servicio de radiología para hacerle diferentes pruebas diagnósticas. Con ayuda de varios celadores, las enfermeras sacan a May de la habitación, al tiempo que el Dr. Fine comunica a Mary Jane y a Felicia que pueden acompañarla, pero deberán esperar en las salas correspondientes durante las pruebas. Las dos asienten y, tras cerrar la puerta de la habitación, siguen al personal sanitario. De camino al servicio de radiología, Felicia habla a Mary Jane en voz baja.
—––Ve con Peter, si hay alguna novedad os llamo –Felicia saca de su bolsillo el arcaico móvil, reforzando así su ofrecimiento.
—––¿Estás segura? –pregunta Mary Jane.
—––Contacto directo –responde Felicia al tiempo que levanta el pulgar.
—–Mary Jane emula el gesto sin decir nada, pues ya lo hace su amplia sonrisa. Da media vuelta.
—–De regreso a la 426, Mary Jane se encuentra con que la puerta no tiene el pestillo echado, lo que la hace pensar que Peter y Loki pueden no estar en la habitación. Sorprendida, abre la puerta y echa un vistazo sin llegar a entrar. Habla en voz baja.
—––¡Peter! ¿Estás aquí? ¡Peter! –intrigada por la falta de respuesta entra con cautela, sin dejar de observar a su alrededor, y cierra la puerta echando el pestillo–. Peter, soy MJ –dice en un tono más elevado. La única respuesta que obtiene es un pequeño ruido proveniente del cuarto de baño–. ¿Seguís ahí dentro? Podéis salir, sólo estoy yo –impaciente, entra en el servicio, que también parece vacío. Decepcionada, deja escapar sus pensamientos entre suspiros–. Ojalá hubieras visto la cara del Dr. Fine. Era como si supiera que ya está curada…
—–En ese momento, Peter y Loki se vuelven visibles, asustando a Mary Jane, que se tapa la boca con las manos para no gritar.
—––¡Tranquila, somos nosotros! –dice Peter al tiempo que pide calma con las manos. Ella inspira con fuerza, manteniendo su boca tapada, con las dos manos, y mostrando una mirada “asesina”. Peter se disculpa–. ¡Lo sé, perdona! No queríamos asustarte… –acerca sus manos al rostro de Mary Jane y, con mimo, retira las de ella, destapando su boca. Al contacto con Mary Jane, se deja llevar–. E-es… una gran noticia, es… –Peter solloza.
—–Mary Jane, obviando el reciente susto, también se deja llevar y le abraza con fuerza. Ante tal visión, Loki interviene.
—–Mi deuda está saldada, Peter Parker de Midgard. He de retornar a Asgard.
—–Con lágrimas en los ojos y leves gimoteos, Peter responde:
—––¿Así (sniff) tan pronto? ¿No te quedas a cenar? Puedo comprar unos (sniff) perritos calientes –añade, dejando escapar una leve risa, al tiempo que se retira las lágrimas de la cara con una mano.
—–Loki contesta, rememorando su última visita a New York.
—–Aquella sustancia con trozo verde sin nombre
—–Mary Jane reprende a Peter.
—––¡Déjate de bromas, Peter! Esto es… ¡Gracias! –impulsiva, Mary Jane abraza a Loki, que, con su nueva apariencia de mujer, mira de reojo a la mortal, con rostro de indiferencia.
—––¿¡Mary Jane!? -susurra Peter, aun sollozante, sorprendido por la comprometedora escena.
—–Ella suelta a Loki, al instante.
—––¡Oh, Dios mío!
—–En efecto, soy un dios –afirma Loki con rotundidad.
—––Perdón, no pretendía…yo… –Mary Jane mira a Peter–. ¿Puedo tocarl… Bueno, ¿tocar?
—–Peter, encogido de hombros, mira a Loki, que apremia a responder:
—–Una bella hembra mortal como vos, tantas veces como desee.
—–Haciendo caso omiso al toque de atención previo de Mary Jane, Peter interrumpe.
—––¡Eh! A mí no (sniff) me decías lo mismo. ¡Bah, da igual! (sniff) –se cruza de brazos, resignado.
—–Loki, ajeno a la vis cómica del mortal, aprovecha para coger la mano de la bella hembra, oler su aroma y besar su dorso, añadiendo:
—–Dulce y embriagadora
—–Mary Jane se ruboriza.
—––Gra-gracias.
—–Pero Loki aún no ha terminado de hablar.
—–He de recuperar mi cuerpo, cuanto antes –su tono intimida a Mary Jane.
—––Ah… Ahora sí me siento incómoda –dice, con intención de retirar la mano.
—––¡Tranquila! (sniff) Todos sabemos que Loki es un hombre… Osea, un dios, no una diosa… Bueno, no sé si eso cambia algo –Peter mira a Loki–. ¿Una diosa nórdica también (sniff) se dedica a hacer centenares de hijos a lo largo de los siglos?
—––¡Peeeter! –Mary Jane vuelve a reprenderle.
—––¡Eh! Qué no lo digo yo. Son sus palabras –dice señalando a Loki.
—–Mary Jane mira al cada vez menos respetable dios esperando una explicación.
—–Vuestro hombre dice la verdad.
—––¿Ves? –bromea Peter, que saca la lengua. Mary Jane. Esta responde con otra mueca burlona. Sonriente pero aún gimoteando, Peter continúa con la explicación–. Pero (sniff) ahora tiene cuerpo de mujer porque… Estooo, ¿por qué? (sniff).
—–Es largo de contar y el tiempo es valioso hasta para un ser inmortal como yo… Sencillamente, morí hombre y resucité mujer… –Loki comienza a divagar, manteniendo la mano de Mary Jane sujeta–. He vuelto a la vida hace pocos días, bien pensando, puedo pasar una época de mi eterna vida con esta forma. Seguro que sabré sacarle provecho…
—–Relajado por la distendida aunque extraña situación, Peter no advierte que hay alguien frente a la puerta de la habitación, hasta que llaman. En el acto, Loki suelta la mano de Mary Jane, que cruza la mirada con Peter. Al unísono, dirigen sus ojos hacia la puerta, al tiempo que oyen la voz de quién está detrás de la misma.
—––¡Hola, Sra. Morgan! –nombre falso y a modo de clave con el que el doctor se comunica con Mary Jane– ¿Está ahí? Soy el Dr. Fine.
—–Mary Jane, dirigiéndose a Peter y Loki, habla en voz baja.
—––Escondeos yo… ¿eh? –sorprendida, comprueba que Loki ha desaparecido.
—––¿Loki? –pregunta Peter, encogido de hombros mientras mira a Mary Jane, que hace una señal, a Peter, de que se esconda. Sin perder más tiempo, abre la puerta.
—––Pase, ¿cómo está May? –una vez dentro el doctor, Mary Jane cierra la puerta con pestillo, gesto que llama la atención del recién llegado.
—––Bien, más que bien, está… He de suponer que su marido encontró la ayuda que necesitaba –dice con emoción.
—––Él… ya sabe, es especial y conoce a personas y seres… igual de especiales –responde orgullosa.
—––Desde luego que sí. Oiga, ¿está aquí? –pregunta el doctor con discreción.
—–Antes de que Mary Jane diga nada, Peter asoma la cabeza por la puerta del baño.
—––¡Hi, doc! Estaba deseando agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros –Peter muestra una amplia sonrisa.
—––¿Yo? He tenido las manos prácticamente atadas. No hay explicación científica para este milagro.
—–Peter corrige al doctor.
—––Nah, se equivoca –sale del baño y adopta un tono más serio–. Usted la ha mantenido con vida el tiempo suficiente. Sin ese tiempo extra, no habría encontrado una solución.
—–Restándose méritos, Fine contesta.
—––Al margen de que es mi trabajo e hice un juramento, ya sabe que le debo mucho a Spider-Man –el doctor guiña un ojo-.. Salvó a mi tío hace años. Era lo menos que podía hacer y, ¿¡qué córcholis!?, es un privilegio poder devolver un favor al mismísimo Spider-Man –viniéndose arriba, el doctor prosigue–. No me dé las gracias a mí, sino a Mary Jane y a usted mismo por luchar y creer en que podían salvarla. Su fe en ustedes mismos ha hecho posible el milagro –Mary Jane y Peter se miran con ternura y se dan mano. Fine continua–. Su tía debe estar muy orgullosa. Hablando de ella: sus constantes vitales son normales y los órganos afectados por el disparo han sanado por completo; sin embargo, sigue inconsciente. La tendremos bajo observación; aunque su cuerpo se ha curado, ha pasado por un gran estrés. Si a eso le sumamos su avanzada edad y su historial de infartos… Debemos ser precavidos. Haré todo lo que esté en mi mano para que acabe bien –con un tono distendido, el doctor añade–. Ahora, cierren la puerta y descansen; les aseguro que nadie les molestará, salvo que haya alguna novedad. ¡Pasen buena noche!
—–La pareja se suelta y estrecha la mano del doctor, que abre la puerta recordando un último detalle.
—––¡Ah! Una pregunta: ¿la mujer que está con su tía es la Gata Negra? –sonrientes, ellos asienten con la cabeza. El Dr. Fine, con una expresión de exagerada alegría, frota sus manos. Dando media vuelta, se aleja, hablando solo por el pasillo–. Tengo que hacerme una foto con ella… y pedirle un autógrafo… y que se case conmigo… ¡Oh, Señor, que noche tan emocionante!
—–Entre risas, Mary Jane cierra la puerta, pensando en todas las preguntas que rondan su cabeza. Se permite una breve pausa en la que suspira y mira a Peter aliviada.
—––Eres increíble. ¿Cómo? Se suponía que Loki estaba muerto… No era una opción.
—––Eso creía… Fue raro. Estaba duchándome con el televisor de fondo, y de repente apareció la solución en el noticiario: <<Thor está vivo, y se ha traído Asgard entera consigo>>. Entonces pensé que si Thor había vuelto, ¿por qué no Loki? Así que fui al cementerio a por la runa que me dio… ¡Oh, mierda! La runa… La dejé por ahí tirada. Tengo que ir a esconderla de nuevo.
—–De la nada, aparece flotando, frente a ellos, un mensaje escrito con luz amarilla.
…….Ha sido un honor poder saldar nuestra deuda, Peter Parker de Midgard. A tenor de mis …….recientes preocupaciones, he de dar por finalizada nuestra relación, de modo que no …….necesitarás la runa, por el momento. No te preocupes por el lugar donde descansa tu …….difunto tío, está todo como corresponde. Respecto a Tess, ahora que Asgard forma …….parte de vuestra denominada Tierra, puedo cuidar de ella sin intermediarios.
…….Gracias por demostrarme que algunos humanos podéis alcanzar la grandeza de los …….dioses. Especialmente vos, Mary Jane Watson: nueva musa de mi corazón.
—––Será cap… –Peter agita las manos intentando difuminar el mensaje, desviando la mirada hacia Mary Jane-. No vuelvo a presentarte a un dios… y ya puestos, a una diosa tampoco… ¡Por si acaso!
—––¿También conoces a diosas?
—–Peter, haciéndose el remolón, le susurra al oído.
—––Tengo a una enfrente.
—–Mary Jane frunce el ceño.
—––No cambies de tema. Gracias, por cierto… pero no cambies de tema.
—–Pensativo, Peter contesta.
—––No conozco a ninguna… Creo.
—––¿Crees? Por esta vez lo dejaré pasar. Pero si me entero de que me engañas dudo que Loki tenga problemas para encontrarme.
—–Peter siente un repelús.
—––¿Podemos dejar de hablar de dioses que hacen centenares de hijos a lo largo de los siglos?
—–Ella asiente con una sonrisa pícara.
—–Relajado, él suspira pensando en todo cuanto ha acontecido y se pregunta.
—––¿Es posible que la suerte de Parker esté cambiando?
—–Mary Jane acaricia las manos de él y, mirándole a los ojos, da su particular respuesta.
—––Todo lo que dijiste cuando Felicia llegó está noche… ¿Cuántas personas deben estarte agradecidas por ser quién eres? ¿Por salvarles la vida? Es cierto que no todos valoran el sacrificio que realizas pero… marcas la diferencia. Gracias a eso, May se ha salvado… Hoy han sido Loki y el Dr. Fine; mañana, quién sabe.
—––Pero todo esto no habría pasado si yo… –Peter agita la cabeza.
—––Si tú qué ¿eh? Petey, he sido modelo y actriz, he sido acosada y secuestrada. Esos episodios de mi vida no tuvieron nada que ver con que tú seas Spider-Man… Estas cosas, por desgracia, pasan ¿Quién sabe si algún fan obsesivo intentará llamar mi atención hiriendo a las personas que quiero? ¿Crees que unos cuantos tipos con disfraz o leyes pro-registro me asustan más que esa clase de admiradores? La primera vez pude escapar por mí misma, la otra, fuiste tú quien me rescató. No olvides que todos me dieron por muerta, menos tú. Sino hubieras sido quien eres, tal vez, yo no estaría aquí… Así que no dejes de marcar esa diferencia, porque el mundo te necesita tanto como yo.
—––Pero tú.
—–Mary Jane sella los labios de Peter con el dedo índice.
—––Y si yo soy quien te hace seguir hacia adelante, entonces soy aún más feliz de estar contigo; porque me haces partícipe de tus logros. Que te apoyes en mí cuando las cosas no van bien, es una gran responsabilidad que acepto, aunque no haya sido siempre así… Estamos juntos en esto, Petey, y no hay más que hablar.
—–Mary Jane agarra con ambas manos el cuello de la camiseta de Peter y tira, con suavidad, hacia sí para juntar sus frentes. Ambos cierran los ojos y él rodea con sus brazos la cintura de ella. Durante unos segundos la escena es idílica hasta que Peter refunfuña con un tono vacilón. Sin alterar la posición de sus cuerpos, Mary Jane le sigue el juego.
—––¿Qué diantres pasa?
—––No… nada.
—––¿Seguro? Se están rifando unas cosquillas y no veo a nadie más por aquí.
—––Bueno, ahora que lo dices… ¿Qué hacíais Felicia y tú abrazadas junto a la cama de May?
—––¡Ah, eso! Haciendo una nueva amiga… creo.
—––¡Vaya!
—––¿Es lo único que se te ocurre decir?
—––Em… ¿Ésa es mi chica?
—–Mary Jane hace unas leves cosquillas a Peter en el costado.
—––¡Para, para! Sabes que me alegra escuchar eso.
—––Lo sé –afirma ella, con una sonrisa cómplice y tranquilizadora.
—––¿Y de que habéis…?
—––No pienso decírtelo. Sólo has de saber que ha sido reconfortante… Así que, creo que la respuesta es sí: la suerte de Parker está cambiando.
—–A treinta metros de distancia, en un edificio cercano y a la misma altura que la habitación 426, dos tipos ataviados con equipo y prismáticos especiales, capaces de ver a través de objetos sólidos, mantienen una peculiar conversación.
—––¿Cómo le decimos esto a la comandante?
—––Simple, se la llama y se le describe lo ocurrido.
—––¡Ah, claro! Pretendes llamar y decirle: ¡Hola jefa! Escuche. Todo estaba tranquilo, Parker se había ido y una tipa maciza, creemos que la Gata Negra, se ha quedado con la pelirroja. Pues bien, pasados unos tres cuartos de hora ¡puff! De repente han aparecido dos personas más en la habitación, uno parecía Parker y la otra… la otra era una mujer altísima con cuernos ¡Sí, sí! como lo oye, con cuernos… Espere, que hay más, la tipa alta ha comenzado a brillar y ha llenado de luz la habitación, dejándonos sin visibilidad durante unos minutos. Cuando la hemos recuperado, ¡tachán! Un montón de gente se llevaba a la vieja, y las dos chicas de Parker han ido tras ella. Al cabo de un rato, la pelirroja ha vuelto, y han reaparecido Parker y la tipa de los cuernos… Después, ha venido el doctor, y la tipa con cuernos ha vuelto a desaparecer y ahora… ahora Parker y su mujer están abrazaditos… Y bueno, eso es todo lo que ha pasado.
—––¡Bien! Veo que sabes lo que ha ocurrido. Ahora, cuéntaselo a la coman…-un teléfono interrumpe la conversación con un sonido característico que ambos individuos reconocen- ¿Qué coño?
—––¡Oh, venga! ¿¡Tiene que ser una broma!?

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