—–Sobre una cama, Mary Jane y Peter duermen. Ella, con una leve sonrisa dibujada en sus labios, tal vez, debido a un hermoso sueño, sin embargo, él duerme empapado en sudor y con el gesto torcido: otra vez los niños, espectadores de lujo ante el acto que les hará nacer. Hoy, los niños verán la luz y se llamarán Sarah y Gabriel… Sarah y Gabriel… Sarah y Gabr…  Peter despierta de golpe, asustado, sin saber donde está: <<esa maldita pesadilla otra vez… Gwen… sé que nunca me hubieras engañado y menos con él, pero… >>. Se lleva las manos a la cara frotándose los ojos con fuerza; de ese modo, puede que esas aberrantes imágenes desaparezcan de su mente. Es su mayor deseo en este instante. Instante en el que sus ojos, tras haber sido restregados en sus respectivas cuencas, dejan de percibir pequeños destellos a su alrededor, adaptándose poco a poco a la tenue oscuridad de la habitación. Tenue pues las persianas, no del todo bajadas, permiten la entrada de luz exterior, no mucha, ya que aun es de noche… Peter se inclina sin llegar a sentarse mientras observa el cuarto, entonces sus oídos oyen una respiración suave y regular proveniente de la misma cama en la que está tumbado. No distingue bien de quien se trata debido a la poca claridad, por eso, asoma la cabeza, con sigilo, por encima del hombro de la persona que duerme junto a él. Con algo de esfuerzo, reconoce a Mary Jane. Una sonrisa se le escapa. Pero rápido desaparece por culpa de una extraña sensación, cuyo origen desconoce.

—–Desvelado por completo y movido por la confusa aunque confortable situación, se sienta al borde de la cama, apoyando sus descalzos píes en el suelo. Examina de forma más minuciosa la habitación, descubriendo el motivo por el que le resulta familiar: es la habitación que ambos tenían en la antigua casa de su tía May en Forest Hills, en el barrio de Queens. Sin comprender nada, se levanta de la cama con cuidado de no despertar a Mary Jane. Una vez de pie, se estira, recolocando músculos y columna. Un sutil crujido de sus articulaciones le paraliza… Vuelve la mirada hacia a ella con miedo de haberla despertado pero sigue dormida, ajena a todo. Aliviado, Peter se rasca el abdomen metiendo la mano por dentro de la camiseta de tirantes que lleva puesta. Acto seguido, da un pequeño tirón al pantalón del pijama y a los calzoncillos para acomodar la zona de abajo…

—–Al fin preparado, vuelve a la misión de examinar cada rincón del cuarto, ya que, si mal no recuerda, el desequilibrado de Charlie Weiderman incendió la casa de May, reduciéndola a cenizas. Motivo por el que Tony Stark, ofreció a los Parker vivir en la Torre Stark junto con el resto de Los Vengadores. Incapaz de asimilar la situación, se aproxima a una pequeña mesa con fotos que hay bajo la ventana. Una mesa que nunca antes había estado ahí, sino, junto a su lado de la cama. Pensando que tal vez lleve días dormido por culpa de su extenuante actividad como Spider-Man y que todo lo vivido en los últimos días también había sido un sueño; como el de los hijos de Gwen: Sarah y Gabriel. Peter observa de cerca las fotos, cogiéndolas e inclinándose hacia la ventana para aprovechar algo de luz. Sonríe al ver que son fotos que le han acompañado durante gran parte de su vida, hasta que ve dos que no recuerda haber tenido nunca. Sin embargo, al verlas, la nostalgia aderezada con algo de bonanza, le sumen en una inquietante y dichosa paz, pues ve frente a sí, en una misma fotografía, a Mary Jane con una pequeña niña pelirroja en brazos, junto a su tía May, a Anna Watson y Tío Ben. En la otra fotografía, salen los mismos protagonistas y él mismo incluido, posando en una clásica foto navideña. De esta foto le llama la atención que la niña es más mayor, de unos tres o cuatro años. Sujetando ambas fotos, una en cada mano, Peter vuelve la mirada hacia la joven pelirroja… Sin saber que conclusión sacar, posa las fotos sobre la mesa y, con cautela, encara la puerta de la habitación para salir.

—–El pasillo está oscuro, lo cual no le molesta en absoluto para andar por la casa, pues se conoce cada centímetro al dedillo. Su primer destino es el cuarto de baño, cuya puerta está abierta, de modo que enciende la luz y entra. Todo parece normal, incluso él, pues su cara, al mirarse al espejo, está afeitada. A pesar de la aparente normalidad, inspecciona el servicio con la mirada mientras bosteza. A su alrededor ve cosas que le resultan extrañas, motivo por los que no termina de creerse lo que ocurre, como un cepillo de dientes infantil; un dentífrico infantil; una colonia infantil de una superheroína que viste de blanco y verde con pantalones bombacho, un antifaz dorado, un cinturón con tres sietes de color rojo en el centro y con una larga melena pelirroja, cuyo nombre desconoce aunque en apariencia le recuerda demasiado a Mary Jane. <<¿Cuándo ha hecho MJ una peli de superhéroes?>>, piensa, con miedo a no tener constancia de una de las películas de su mujer. Entonces, su estómago ruge. <<Cuando coma algo busco en internet…>>. Peter tira de la cisterna y, dándose la vuelta para salir del baño, se percata de que la luz del mismo permite ver parte de la puerta de la habitación de tía May. << ¡Que graciosa! No sabía que había puesto su nombre en la puerta… Supongo que nunca se es demasiado mayor>>. Su estómago ruge con más fuerza. Apresurado, camina hasta la escalera que da a la planta baja, para ir a la cocina. Ve colgado diversos cuadros en la pared mientras baja los escalones, pero sin apenas claridad y con el hambre acechando, los ignora.

—–En un momento llega a la cocina; pues la puerta está justo a la derecha de la escalera, frente al cuarto, quinto y sexto escalón, separada de la misma por un estrecho pasillo de algo más de metro y medio de ancho y unos doce metros de largo, que atraviesa la planta baja desde la entrada de la casa hasta la puerta que da al patio trasero. Peter enciende la luz de la cocina: está igual que antes del incendio. Sin entender nada, no para de cuestionarse porque sigue teniendo esa vaga sensación de que algo no va como debería, sin embargo, el hambre vuelve a hacer de las suyas, por lo que camina hacia el armario de los vasos, coge uno, va al fregadero y se sirve agua para quitarse la pastosidad de la boca y poder engullir a placer. Acabado el vaso de agua, se sirve un segundo vaso que bebe con menos prisa, entonces, oye unos pasos, inquietantemente lentos, procedentes de la escalera.
Peter para de beber, alejando el cuerpo del fregadero con la mirada puesta en la puerta de la cocina. Los pasos, arrastrados y perezosos, suenan cada vez más cercanos. Peter avanza hacia la puerta, vaso en mano, y pregunta con voz no muy alta.
—–-¿Tía May?

—–No hay respuesta, por lo que cesa su avance. Expectante, ve con dificultad; debido a la oscuridad de la casa y a que la luz de la cocina no logra iluminar lo suficiente la escalera; como unas pequeñas zapatillas moradas con algo verde dibujado bajan del quinto al cuarto escalón y desaparecen en el tercero … Se escucha un gracioso bostezo… Las zapatillas reaparecen junto al lateral derecho de la puerta de la cocina, exponiéndose a la luz, haciendo que Peter vislumbre a la niña pelirroja de las fotos, vestida con un pijama azul cielo de dibujitos, quien con voz dulce y dormida, pregunta:
—–-¿Papi? –la pequeña se frota el ojo derecho debido al sueño.

—–Peter, inmóvil y en estado de shock, deja caer, sin darse, cuenta el vaso de agua, que se rompe en pedazos al impactar contra el suelo; armando un gran estruendo.
La pequeña, de píe en el umbral de la puerta, se asusta por el ruido y lanza un grito. Él, atónito, es incapaz de reaccionar… Las luces de la casa se encienden seguidas de unos pasos rápidos y una voz familiar. Es Mary Jane, que baja la escalera a toda prisa con su pijama morado de líneas verdes diagonales puesto.
—–-Mayday, cariño, ¿estás bien?

—–Él no da crédito al ver como ella acaricia y besa a la niña. Balbuceante y sin apartar la mirada de las dos, Peter da un paso hacia atrás pisando con el píe izquierdo un considerable trozo de cristal roto, que se abre paso a través de la carne… No siente el dolor, pues el impacto emocional de lo que sus ojos perciben supera con creces cualquier herida física. Con el trozo de cristal clavado, comienza a salirle sangre de la planta del píe.
—–-Mami, Papá tiene sangre –la pequeña señala hacia el píe ensangrentado.

—–Mary Jane vuelve la vista, encontrándose a un Peter aun paralizado.
– —-¡Oh, vaya! No te muevas Pete. Espera aquí cariño –dice ella sentando a la pequeña en el segundo peldaño de la escalera. Como desde esa posición no ve bien el interior de la cocina, en la que Mary Jane entra, la niña sube hasta el quinto escalón, colocándose frente a la puerta, observando a Peter con la cara metida entre los barrotes de la escalera. Pregunta:
—–-¿Te duele mucho papá?

—–No hay respuesta. Sólo un Peter que sigue retrocediendo. Mary Jane, que está retirando con la escoba los cristales, le llama la atención.
—–-¡Peter! ¡Hey, reacciona! –le chasquea los dedos frente a la cara-. ¡Qué tu hija te está hablando! –continua retirando los cristales con el recogedor.
—–Peter, al fin, responde.
—–-MJ… perdona, yo… -levanta el píe herido. Observa el trozo de cristal y con cuidado pero sin dudar, se lo quita, produciendo un leve quejido y haciendo que salga más sangre. Ella se da cuenta.
—–-Mira que eres bruto… Espera un segundo.
—–Mary Jane le acerca una de las sillas de la cocina para que se siente y poder echar un vistazo a su píe herido.

—–La pequeña habla.
—–-¡Mami! Papá me ha asustado.
—–-Lo sé cariño, a mí también. Pero ya está. Ahora curamos la herida y le damos un besito a Papá para que se recupere pronto ¿ok, mi tigresa?
—–-¡Sí! ¡Uaurgh! –la niña imita el rugido de un tigre al tiempo que hace un gesto de garras con las manos a través de los barrotes.
—–Peter, que continua sin dar crédito a lo que ve, esboza una leve sonrisa, y habla:
—–-Ya… ya he quitado el trozo de cristal.
—–Examinando el píe, ella contesta:
—–-Sí, parece que no ha quedado ningún trozo de cristal. Voy a por agua para limpiar la herida y a por el botiquín. Estate quieto: ¡tigre torpe! –añade ella revoloteando el pelo de él mientras gira la cabeza hacia la pequeña y le saca la lengua de forma graciosa. La pequeña ríe. Mary Jane sale de la cocina para ir a por el botiquín. Peter, aun escéptico, observa como la niña se levanta de la escalera, entra en la cocina y se sienta en una de las sillas, en completo silencio. Sentada, mueve las piernas hacia adelante y hacia atrás, de forma graciosa, pues le cuelgan. Él no deja de mirarla a la cara, por lo que no recaba en el simpático duende verde que decora sus zapatillas moradas… El inmenso parecido con Mary Jane le tiene encandilado.

—–La pequeña mira a Peter y pregunta:
—–-Papi, ¿te duele mucho?
—–Peter tarda en asimilar que le habla a él. Tras unos segundos intenta responder.
—–-N-no… -duda que ha de decir. Finalmente, se da cuenta de que trata con una niña pequeña y que ha de evitar preocuparla. Haciendo un esfuerzo, se rasca la cabeza mientras sonríe y responde-. Que va… yo… -deja de rascarse para hacer el gesto de un tigre y dice-. Soy un tigre grande y fuerte, ¡UAURGH! A mí nada me hace daño ¡UAURGH!
—–La pequeña ríe, juntando las manos y zarandeando más fuerte las piernas.

—–Mary Jane regresa a la cocina con un barreño lleno de agua y el botiquín.
—–-Y ¿esas risas? –pregunta mientras se posiciona para limpiar la herida del píe.
—–-¡Cuidado mami! Creo que hay un tigre en la cocina.
—–-¡Oh, vaya! Un tigre anda suelto ¿Eh? -pregunta ella, que prosigue con la cura.
—–-Si, jiji.
—–-¿Y dónde está?
—–Peter hace un gesto de silencio a la niña, al tiempo que le guiña el ojo.
—–-Es un secreto –la pequeña se sonroja.
—–-¿Un secreto? Mmm… Y ese tigre no será el mejor papá del mundo ¿verdad?
—–-No sé. Puede… -responde la niña, con cierta picardia.
—–Peter sonríe ante la escena que presencia, a pesar del pequeño dolor que emana de su píe. Mary Jane termina de curarle, sellando la herida con puntos adhesivos y un apósito. Advierte a Peter de que ha finalizado, dándole un toque en la pantorrilla, sin embargo, no le da tiempo a que diga o haga nada:
—–-Te pillé -ella gesticula como si fuera un monstruo- ¿Creías que podías esconderte del terrible monstruo de las cosquillas? –le hace cosquillas, ante la mirada atenta de la pequeña.
—–-¡No, no! Para… Ja ja ja ja, ¡me rindo, me rindo! -Peter exagera lo más que puede.

—–La pequeña ríe con fuerza y llena de alegría al ver a sus padres jugando, sin ser consciente  de que en ese instante, son una familia feliz. Sin embargo, la feliz familia no está sola. Desde una habitación silenciosa, llena de pantallas y tecnología, son vigilados mediante cámaras camufladas colocadas en diversos lugares de la casa. Los ojos tras los monitores ven como la feliz familia, tras recogerlo todo, encaran la puerta de la cocina. Mary Jane, dándole la mano a May, habla:
—–-Ahora, a la cama, a seguir roncando.
—–-Jeje. Vale, pero… ¿Puedo dormir con vosotros? -pregunta la niña ruborizada.
—–Mary Jane mira a Peter. Este, sorprendido, piensa en lo insólito e increíble de esta desconocida situación y responde.
—–-¡Claro que sí!
—–-¡Yupiiiii! -la niña, ayudada por Mary Jane, da un gracioso salto de alegría y coge la mano de Peter, quien sonríe aunque de manera contenida debido a la extraña emoción que le embarga. La pequeña, zarandeando las manos de ambos adultos hacía adelante y hacía atrás, concluye-. ¡Papis, os quiero todos los números que se acaban!
—–Desde la sala oculta, un gran zoom enfoca a Peter mientras una voz quebrada lanza una habla:
—–-Alguno de vosotros, hermanos… ¿puede explicarme que ha sido eso?

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