—–Dentro de la sala oculta, uno seres encapuchados estudian las lecturas de las ondas cerebrales de Peter y Mary Jane en busca de la respuesta: ¿por qué sus sueños durante el estado de Fase REM no eran exactamente iguales? Del mismo modo, revisan las distintas grabaciones de la pareja mientras dormía, centrando la atención en cada gesto, por ínfimo e insignificante que parezca. Comienza el análisis comparativo: tanto Mary Jane como Peter realizan leves muestras de sonrisa, pues comparten un sueño dulce y agradable donde son una familia feliz y donde la pequeña Mayday es la personificación de la alegría. De manera repentina, la sonrisa de Peter se tuerce ya que su dulce sueño es interrumpido, pasando a imperar un color rubio angelical y un poco de verde, donde al fin, hace acto de presencia el rostro de Gwen y, tras ella, un niño y una niña vestidos de Duende. La pesadilla que no le deja dormir vuelve a acecharle pero, en esta ocasión, el sufrimiento se intensifica dado que la niña vestida de Duende, cuyo parecido a Gwen da escalofríos, muere atravesada por un aero-deslizador. Entre sudores fríos y un grito sordo de agonía, Peter despierta, haciendo realidad el temor de los encapuchados que habitan la sala oculta. Los datos recogidos y la grabación demuestran que el programa no está funcionando, pero, ¿por qué?
Ajeno a la preocupación reinante en el resto de los encapuchados, uno de ellos oculta bajo la sombra de la capucha una imperceptible sonrisa…

—–Amanece en la casa de los Parker:
—–Peter despierta de forma tranquila y pausada. Abre los ojos profiriendo un bostezo digno del tigre de la casa al tiempo que estira los brazos; golpeando sus manos contra el cabecero de la cama, que a su vez choca contra la pared, haciendo que Peter retraiga al momento sus extremidades superiores. Sobresaltado, por el ruido, termina de despertar. Observa a su alrededor comprobando que sigue en la misma habitación que compartía hace unas horas con Mary Jane, sólo que, ahora, ella no está.
Con intención de incorporarse, se sienta al borde de la cama sin acordarse de su maltrecho píe izquierdo, que al ser apoyado no emite ningún estímulo de dolor, sin embargo, tiene algo raro y tirante pegado en la planta.
—–-¿Eh? -Peter observa la planta del píe que aun continua con el apósito adherido-. No fue un sueño pero… debería dolerme -piensa para sí con extrañeza al tiempo que palpa la tira adhesiva con el dedo gordo del píe derecho. Con cuidado se quita el apósito; encontrando una planta del píe totalmente curada. Sin dar mucho crédito a lo que ve, rememora el peculiar episodio vivido durante la noche con Mary Jane y una niña -para él desconocida- sin llegar a comprender como ha llegado a esa situación. Además, los recuerdos a largo plazo son difusos y eso le inquieta, pero al ver de nuevo las fotos familiares en la mesilla siente un férreo deseo de que todo va como debe. Con parsimonia se incorpora, probándose el píe, con intención de abrir la ventana para airear la habitación. Entonces lo ve: un patio trasero con una amplia zona de juegos, un columpio, un tobogán y una piscina de arena. Confuso, se rasca la cabeza pues no recuerda que en casa de su tía May hubiese un patio con jardín y zona de juegos. Encogido de hombros, acepta que ahora sí lo hay, y andando con cuidado, encara la puerta de la habitación. La abre despacio, encontrándose con un pasillo que le es muy familiar aunque con sutilmente diferente. Las dudas vuelven a él sin impedir que camine por el pasillo hasta llegar a las escaleras que conectan con la amplia entrada de la casa; entrada que observa desde arriba con detenimiento. Segundos después, oye unas voces procedentes de la zona de abajo. Voces en las que centra su atención mientras baja con sigilo las escaleras.
—–-¿Echas de menos los flashes?
—–-Para nada, necesitaba un respiro.
—–Peter alcanza el último escalón, asomando la cabeza para ver quien está con Mary Jane en la cocina. Al ver a la persona que toma café junto a ella, lanza un grito de sorpresa.
—–-¿Liz?… Pero ¿qué…?
—–-Por fin despiertas dormilón -se apresura a decir Mary Jane.
—–-¡Buenos días, Petey! -responde Liz Osborn, antigua compañera de Peter en el instituto y viuda de su difunto amigo, Harry Osborn.
—–-Peter, cariño… me dijiste que ibas a tirar ese pantalón -Mary Jane señala el pijama de su esposo, que
mira el pantalón y comprueba que hay un agujero cerca de la entrepierna dejando al descubierto parte de la ropa interior. Sonrojado, tapa el agujero con una mano mientras con la otra se frota la cabeza, y, con una sonrisa forzada, exclama.
—–-¡Epa!… ahora vuelvo.
—–Desapareciendo de la vista de Mary Jane y Liz, Peter sube cuatro escalones y se sienta, llevado por la mayor de las incógnitas.
—–-Liz, ¿aquí? ¿Un sáb…? Espera, ¿qué día es?
—–Los pensamientos de Peter se ven interrumpidos por una enérgica voz proveniente de la cocina.
—–-¿Qué tal ese pie? -pregunta Mary Jane.
—–En el mismo instante en que Peter va a responder, su sentido arácnido se activa. De golpe, la puerta del salón se abre, emergiendo de ella la pequeña Mayday con los brazos en forma amenazante y gritando:
—–-¡Buuuuh!
—–Al tiempo que la pequeña irrumpe con su enérgico intento de asustar a Peter, una figura, que empuña lo que parece una pistola, acecha tras la puerta del armarito que hay bajo la escalera. Mayday corre hacia Peter, que mira sorprendido a la niña sabedor de que ella no ha podido activar su sentido arácnido, el cual comienza a aullar más y más. La pistola, acechante, es disparada sin que el agua que sale de ella haga blanco en su objetivo, pues Peter, haciendo gala de sus reflejos arácnidos, ya está en el aire impulsado por un potente salto cuya inercia le permite coger a la pequeña Mayday con la intención de protegerla entre sus brazos. El chorro de agua impacta contra un cuadro que hay en la pared de la escalera. Desconcertado porque su sentido arácnido sigue aullando, cada vez más fuerte, Peter, de píe y sin soltar a la niña, clava sus ojos en el travieso pistolero de ocho años que sale del armario: Normie Osborn, el hijo de Liz y Harry Osborn. El bueno de Normie, alucinado por lo que acaba de presenciar, exclama:
—–-¡Uala, que pasada! ¿Cómo los ha hecho?
—–El sentido arácnido se hace insoportable ante un tercer atacante que le coge desprevenido y le encañona por la espalda. Una potente voz, ordena:
—–-¡Manos arriba! -la voz prosigue con un susurro que sólo Peter puede escuchar-. Eso, Sr.Parker, ¿cómo lo ha hecho?
—–El rostro de Peter cambia, volviéndose cercana a una expresión de absoluto horror.
—–-Esa voz… -piensa para sí.
—–Mientras, el joven Normie celebra el éxito del ataque.
—–-¡Bien, abuelo, lo has capturado!
—–-Papi, tienes que levantar las manos -advierte una asombrada Mayday.
—–Peter mira a la pequeña, sin estar seguro de cómo actuar. No quiere soltarla pero ella insiste tirándole de la camiseta. Con una sonrisa entredientes, accede y deja a la niña en el suelo, para acto seguido, levantar los brazos, muy despacio, en señal de rendición. El atacante, que mantiene el cañón en la espalda de Peter, da una nueva orden:
—–-Date la vuelta.
—–Consciente de quien le encañona, Peter se gira, albergando una mínima esperanza de que todo esto sea una pesadilla. Al fin, sus ojos y los de Norman Osborn vuelven a cruzarse. El silencio se instaura entre ellos; es casi sepulcral y sólo es roto en el fuero interno de cada protagonista debido al frenético ritmo en que laten sus respectivos corazones: horror en uno y excitación en otro. Norman observa a Peter con una expresión maquiavélica. El silencio muere en boca de Normie.
—–-¡Dispara, no hacemos prisioneros!
—–Haciendo caso a su nieto, Norman aprieta el gatillo y un chorro de agua empapa la cara de Peter.
—–-¡Ganamos! -dice Normie alzando los brazos de Mayday para celebrarlo.
—–Norman, con una sonrisa gentil, casi idiota, entrecierra los ojos y reafirma con donaire:
—–-Siiii, je-je-je.
—–Todo ha sucedido de forma demasiado vertiginosa como para procesar el cúmulo de información  que satura a un Peter carente de reacción y con el semblante congelado. Mary Jane se asoma al umbral de la puerta de la cocina con evidente rostro de enfado.
—–-¡Ya está bien de juegos! Habéis puesto todo chorreando… ¿Cuántas veces os he dicho que dentro de casa no quiero pistolas de agua?
—–Ajeno a estas palabras, Peter permanece inmóvil, poseído por una furia como hacía tiempo que no le dominaba; ni siquiera cuando propinó a Kingpin una severa paliza por ser el responsable de que su tía May se debata entre la vida y la muerte. Una furia que le hace apretar los dientes con tanta fuerza que sus mandíbulas podrían fracturarse en cualquier instante. Una furia que recorre su cuerpo hasta llegar a toda extremidad, haciendo brotar un hilo de sangre de su mano derecha, cerrada con tal dureza que comienza a temblar. Entonces, impulsado por dicha furia golpea a Norman sin reservarse nada; para sorpresa de la familia. El puñetazo es limpio, directo al rostro, haciendo que Norman caiga de bruces y choque contra el mueble recibidor de la entrada, que queda inservible.
—–-¡Peter! -exclama Mary Jane horrorizada, y dejando atrás el estupor inicial, acude a socorrer a Norman.
—–Normie, boquiabierto, hace un sutil gesto de puñetazo.
—–Liz, aun en la cocina, deja la taza de café en la mesa, sorprendida por el escándalo, y corre hacia la entrada.
—–Mayday, asustada, llora.
—–-¡Oh, dios! Estás sangrando -acredita Mary Jane, mientras revisa la cara y la cabeza de Norman, que, todavía en el suelo pero ligeramente inclinado, acerca la mano a su boca, palpa la sangre con el dorso y, tras observarla, la sorbe.
—–-Tranquila MJ, estoy bien. Son cosas del juego -afirma Norman con un tono despreocupado.
—–Liz, ya en la entrada, tras ver como Mary Jane atiende al herido, coge en brazos a Mayday para intentar consolarla.
—–-¿Te duele mucho abuelo? -pregunta Normie con morbosa curiosidad, tendiendo la mano a su abuelo.
—–-¡Qué va! Me han golpeado mucho más fuerte otras veces, ¿verdad Peter? –Norman le mira manteniendo una sonrisa malévola.
—–Mary Jane, ayudando al golpeado a levantarse, vuelve la mirada hacia el golpeador.
—–-¿Qué tienes en la cabeza, Peter? Sólo estaban jugando.
—–Manteniendo un rostro duro y la mirada en Norman, Peter continua inmóvil. El temblor de su cuerpo persiste, cambiando la furia por impotencia. Mary Jane prosigue:
—–-Le has podido abrir la cabeza… y has hecho llorar a May. ¡Estarás contento!
—–Peter gira ligeramente la cabeza hacia Liz y May sin llegar a mirarlas.
—–-¿Qué cojones está pasando? -piensa Peter para sí.
—–-¿Tienes algo que decir o te vas a quedar ahí plantado sin decir nada? -reprocha Mary Jane.
—–Mientras Normie, cuyo aprecio por su abuelo ha disminuido con los años, y Mary Jane, que aborrece sobre todas las cosas al tipo que auxilia, logran que Norman se ponga en píe, Peter se dirige al salón con la mirada perdida y en completo silencio; para desconcierto de los presentes. Una vez en el salón, se sienta en el viejo sillón orejero de su difunto tío Ben, como si este pudiera manifestarse para darle una respuesta levemente satisfactoria a esta inaudita situación.

—–Norman solicita ir al servicio.
—–-¡Claro! Sacaré un poco hielo -dice Mary Jane, avergonzada. Acto seguido, pide a Liz que lleve a los niños al patio trasero para que se distraigan mientras ella intenta hallar alguna explicación.
—–Mientras, en el servicio y con el pestillo echado, Norman habla solo, mirando a un punto concreto del espejo que hay encima del lavabo.
—–-Lo habéis visto ¿verdad? No se me está yendo la cabeza… Nada de esto debería haber pasado, tenía que… Esto no va bien. ¿Por qué no confía en mí? ¿Y por qué sigo activando su sentido arácnido? Hace años que aprendí a burlarlo, ¿cómo es que…? Calma Norman. -se dice a sí mismo en voz alta, inspirando profundamente. Vuelve a hablarle al espejo-. Luego me reuniré con vosotros, y espero que tengáis una buena explicación -dice mientras tira de la palanca del grifo para llenarse las manos de agua y aclararse la cara. Palpa la zona golpeada; zona en la que ya no hay rastro alguno de rojez o moradura. Piensa en silencio intentando hallar una explicación-. ¿Acaso su mente se resiste a la re-programación? MJ, Liz y Normie han aceptado bien los nuevos recuerdos que les he implantado, ¿por qué demonios él no? -cierra el grifo; manteniendo la mano sobre la palanca. Poco después, abstraído en sus pensamientos, parte la palanca haciendo que un fino chorro trasparente salga disparado; ante el que Norman actúa con rapidez mediante una orden-: ¡cortad el agua! -el pequeño chorro mengua tan de repente como la epifanía que le golpea-. La reprogramación es perfecta. No es culpa de mi tecnología, sino de un…
—–Mary Jane llama a la puerta del baño, interrumpiendo los pensamientos de Norman, y dice:
—–-Traigo el hielo.
—–Norman abre la puerta y, sin abrir la boca, coge la bolsa de hielo agradeciendo el detalle con una suave inclinación. Vuelve a encerrarse en el baño.
—–-¡D-de nada…! -contesta Mary Jane-. Si necesitas cualquier cosa me lo dices, ¿de acuerdo?
—–-Sí, sí. Tranquila.
—–La reacción de Norman y sus escuetas palabras hacen que Mary Jane se encoja de hombros pensando que tal vez el golpe le ha dejado más atolondrado de lo que creía. Aun así, su punto de mira está puesta en hablar con Peter, de modo que se dirige al salón. Una vez dentro, le encuentra sentado en el viejo sillón orejero. Se coloca de píe frente a él.
—–-¿Me puedes explicar qué narices te pasa?
—–-¿Quién eres? ¿Qué habéis hecho con Mary Jane? -responde Peter con rostro impertérrito-. Y ¿por qué no haces saltar mi sentido arácnido?
—–-¿Sentido qué…? ¿Qué mosca te ha picado?
—–-¿Desde cuándo Norman es bienvenido en esta casa?
—–Mary Jane, incrédula, contesta:
—–-De siempre. Si ha sido amigo íntimo de tus tíos desde que eras niño.
—–-Imposible… imposible -dice Peter entre susurros mientras niega con la cabeza, manifestando un sentimiento de horror que contagia a Mary Jane.
—–-Pete, me estás asu…
—–Con un grito salvaje, la interrumpe.
—–-¡IMPOSIBLEEEEEE! -ante semejante rugido, Mary Jane queda petrificada. Un rugido que atraviesa los tabiques de la casa hasta llegar a oídos de Liz y los niños, sobrecogidos, y de un Norman -cuyas sospechas quedan reafirmadas- que abre la puerta del salón con la bolsa de hielo en la mejilla -no lo necesita pero desea mantener las apariencias- con el ánimo de calmar la situación.
—–-Tranquila MJ, permite que te explique: Peter ha trabajado muy duro estas últimas semanas para nuestra investigación, pero los ensayos que realizamos ayer no fueron todo lo bien que esperábamos y los accionistas tienen dentro de dos días una reunión para deliberar si se paraliza el proyecto… Sólo necesita unos minutos a solas con su jefe. ¿Verdad, Pete?
—–Peter lanza una breve pero intensa mirada llena de odio a Norman, para, acto seguido, volver los ojos hacia Mary Jane, en quien percibe miedo. Debido a ello, respira hondo y, con calma, responde:
—–-¡Claro, Norman!
—–La repentina tranquilidad de Peter se extiende a Mary Jane, que se coloca de cuclillas frente a él y habla:
—–-Si es así, ¿por qué no me lo dijiste? Siempre hemos confiado el uno en el otro… Al menos hubiera sabido porque estabas tan raro -dice mientras le coge las manos.
—–Norman interviene:
—–-Ya sabes que es información clasificada, no nos está permitido…
—–Mary Jane se pone en píe a toda prisa y se encara con Norman.
—–-No está permitido ¿el qué, Norman? ¿Qué mi marido me diga si ha tenido un mal día en el trabajo? Una cosa es que no desveléis datos de vuestras investigaciones; eso lo entiendo, y nunca he pedido explicaciones. Pero ¿qué no pueda saber que le sucede a mi marido? Por ahí no paso.
—–Norman ruega calma con las manos e intenta explicarse.
—–-Escucha MJ…
—–Decidida, ella se muestra desafiante.
—–-¡No, escucha tú! No pienso dejaros a solas, no después del numerito que habéis montado. Peter jamás se había comportado de esta forma.
—–Levantándose del sillón orejero, Peter les separa suavemente con las manos y mira a Mary Jane a los ojos.
—–-Te pido disculpas por mi comportamiento… No volverá a ocurrir. Y prometo que habrá más comunicación entre nosotros… Siento haber asustado a Mayday. Ahora, ¡por favor! Necesito hablar con Norman; no tienes de que preocuparte, ¿ok?
—–Norman aprieta los puños con rabia, pues sabe que Peter sigue siendo Peter. Mary Jane intenta disuadirle:
—–-Pero hac…
—–Mary Jane enmudece ante la mirada de Peter, cuyos ojos dicen que la conversación ha terminado. Cogiéndola de las manos, añade:
—–-Creo que a Mayday le gustaría estar contigo -mientras habla, avanza unos pasos con Mary Jane de la mano-. Voy a vestirme y a tirar estos pantalones roídos; como te prometí- la mirada de él se vuelve cercana y reconfortante, aun así, ella acepta un tanto escéptica. Norman, impotente, ve como la pareja abandona el salón. Decide sentarse en el viejo sillón a esperar.

—–Peter sube a la habitación, determinado a esclarecer el misterio; aunque sea a puñetazos. Mientras cambia el roído pantalón de pijama por un pantalón azul oscuro, negro a la vista, de chándal -si ha de luchar prefiere ir cómodo- observa a través de la ventana a las cuatro personas que juegan en el patio trasero. Aunque tres de esas personas no parecen las mismas de siempre, dado que de la pequeña Mayday no tiene recuerdo alguno, sabe que son ellos, al menos Mary Jane, pues el temor y la preocupación que reflejaba su rostro no pueden fingirse: sus ojos mostraban verdad, y sabe reconocer esa verdad en la mujer que ama; además, su sentido arácnido sólo se ha activado ante la presencia de Norman… Sentimientos contrapuestos colisionan en su interior debido a que parte de la pesadilla que está viviendo es en cierto modo un sueño anhelado durante años, que se refleja en la fotografía familiar donde Mary Jane sostiene entre sus brazos a la pequeña. Peter coge la fotografía por el marco y la contempla con detenimiento, pasado unos segundos vuelve la mirada al patio, concretamente, hacia ellas. Enfadado, rompe el cristal que cubre la foto por la parte en la que aparece él mismo y la coloca boca abajo sobre la mesilla. Termina de vestirse, eligiendo una camiseta de color gris claro de los Mets y unos calcetines negros de deporte. Vuelve al salón, donde encuentra a un Norman que aguarda sentado con la mirada fija en la puerta. Ambos se analizan en silencio. Pasado unos segundos, Peter ladea la cabeza señalando hacia la calle, y al tiempo que Norman se levanta del sillón para salir de la casa, él se pone unas zapatillas deportivas que hay en el zapatero del armarito bajo la escalera. A continuación, encara la salida, cerrando la puerta tras de sí.

—–Entre tanto, Mary Jane intenta transmitir jovialidad y despreocupación jugando con Mayday y Normie pero Liz percibe que algo la atormenta por dentro. Ninguna de las dos se atreve a dar el primer paso para hablar de lo sucedido, tal vez, porque negando los hechos algún milagro hará que los pequeños de la casa olviden este triste episodio.
—–Una vez en la calle Norman toma la palabra, lanzando una pregunta cuya respuesta ya conoce.
—–-Dime Peter, ¿qué ocurre?
—–-¡Aquí no! Alejémonos.
—–Dejando atrás el jardín de la entrada, caminan por la acera del barrio que les rodea. Barrio que Peter observa con atención: parece Forrest Hill, sin embargo, nadie más transita por allí a pesar de ser mediodía y hacer un sol espléndido.
—–Norman, intrigado, se percata de como su malhumorado acompañante se palpa las muñecas. Ahora es Peter quien toma la palabra.
—–-Cuando quieras, podemos dejar de fingir.
—–Norman para de andar.
—–-¿Cómo…? Je… Jeje… JAJAJA… ¡Claro Peter!… No sé cómo lo sabes ni porqué conservas tu sentido arácnido, pero…
—–-Antes de que me cuentes tu plan maestro y como puedo desbaratarlo… ¿Sabes que me gusta de ti?
—–-¡Em! Déjame que piense… ¿Mi dulce sonrisa? –dice Norman mostrando su impoluta y, varias veces, operada dentadura.
—–-Eso es lo segundo… -responde con sarcasmo Peter, que prosigue-. Lo que más me gusta del gran Norman Osborn es que, a diferencia del Dr. Muerte, siempre se presenta en persona a las citas importantes. Nunca envías robots o clones de ti mismo, y eso me gusta porque así podré partirte la cara en riguroso directo. Dime Norman: ¿cuánto tiempo tardarán tus lacayos en entrar a escena tras tumbarte?
—–-¡Jojojo, jajaja! No tienes ni idea, Parker. NO – TIENES – NI – IDEA. ¿Quieres jugar? Bien, juguemos -dice Norman con tono provocador.
—–Sin pensárselo, Peter responde con un puñetazo frontal dirigido al rostro de Norman, quien bloquea el golpe cruzando las manos frente a la cara. Aun así, el impacto hace patinar a Norman hacia atrás. Peter, aprovechando que su enemigo tiene las manos juntas, dispara una hebra de telaraña con la muñeca derecha, maniatándole. Sin soltar la hebra disparada, Peter tira de ella hacía sí mismo, atrayendo su adversario para propinarle un poderoso gancho de izquierda en la zona del hígado, y sin darle un respiro, lanza un puñetazo vertical con la mano derecha, que sigue con la telaraña sujeta, impactando contra la barbilla de Norman, haciendo que este salga despedido por los aires a una gran altura. Peter, aprovechando su ventaja, agarra la hebra con ambas manos para tirar de ella en dirección al suelo con el objetivo de estampar a Norman contra el asfalto, pero este, mientras planea, reacciona disparando, con los diez dedos de las manos, potentes rayos, en múltiples direcciones, rompiendo así la telaraña y brindándole una distancia de seguridad con respecto a Peter, quien sorprendido, pues su oponente nunca pudo lanzar rayos a través de sus dedos desnudos, esquiva el contraataque a duras penas. Mientras, Norman alcanza el suelo aterrizando de píe, aunque ligeramente encorvado debido al golpe en el hígado recibido antes. A pesar del dolor, se yergue enseguida, retirando los restos de telaraña de sus manos. Peter, aun perplejo, habla con intención de recuperar el aliento.
—–-Ese truco es nuevo… Ser jefe de los Thunderbolts tiene sus privilegios ¿eh?
—–-Sólo es un pequeño obsequio por mis servicios a la comunidad, jeje. –responde Norman al tiempo que une sus manos, cargando energía entre ellas.
—–Avisado por su sentido arácnido, Peter crea una barrera de teleraña delante de sí mismo. Sin esperar a que complete la barrera, Norman lanza una bola de energía, que al impactar con la red, explosiona levantando una fuerte humareda. Cuando esta se disipa, Norman sólo ve un montón de telaraña echa ciscos; Peter no está. Buscando a su oponente, Norman mira hacia arriba por instinto, de modo que sus ojos divisan una densa red de telaraña que se abalanza sobre él, pero en lugar de esquivarla, estira los brazos para apuntar con sus dedos y disparar, destruyendo así la red. Era un señuelo. Peter reaparece por el flanco derecho de Norman, agarrando el brazo derecho de este a la altura de la muñeca y partiéndole el radio y el cúbito de un brutal golpe con la palma de la mano izquierda para acto seguido, aprovechando la inercia del golpe, propinarle un codazo en el rostro, obligando al cuerpo de Norman a vencerse hacia la izquierda al tiempo que Peter, avanzando en su trayectoria, le agarra con las manos la muñeca izquierda, y, con un movimiento giratorio, se sitúa tras el desprotegido codo izquierdo de su enemigo, fracturándolo a placer con un embate propinado con el puño derecho. Los gritos de dolor de Norman son agónicos pero no hacen mella en Peter, que prosigue el ataque desequilibrando a su adversario de una patada en la zona posterior de la rodilla izquierda, haciendo que caiga de rodillas para, al instante, inmovilizarle mediante una técnica de judo de estrangulamiento por la espalda; dejando libres, pero inválidos, los brazos de su oponente. Peter aprovecha para hablar:
—–-Se acabó Norman, ¡dime a que estás jugando!
—–-Arrgh… Pe-Peter… haces que me sienta… orgu-gulloso…
—–-¿Otra vez intentando convertirme en ti? ¡Sabes que no funcionará! –dice, apretando con más fuerza el cuello de Norman.
—–-Peq… argh… peque…ño -los brazos lesionados de Norman crujen. El sentido arácnido de Peter se dispara- sou… souvenir.
—–Norman levanta el brazo derecho colocando la palma de su mano frente a la cara de Peter y lanza una bola de energía. Gracias a su “alarma” personal, Peter esquiva el repentino ataque intentando no soltar a Norman, por lo que la bola de energía le golpea en el hombro izquierdo. El impacto, sin ser demasiado fuerte, le hace retroceder lo suficiente como para que su presión sobre Norman disminuya, permitiendo que este se libere.
—–Peter se lleva la mano derecha al hombro herido y, sorprendido, dice:
—–-¿Cómo has…?
—–-Ya te he dicho que no tienes ni idea, Peter. Soy superior a ti, en todos los aspectos. No tengo intención de hacerte daño, no esta vez. Tengo grandes planes para ti, para nosotros, para nuestras familias. ¿Me escucharás o me lo pondrás difícil…? ¿Qué demonios? ¡Siempre he disfrutado pisoteando arañitas!
—–Usando los diez dedos, Norman dispara sus rayos logrando cubrir un amplio terreno. Peter da un gran salto esquivando el ataque con dificultad. Sin darle un segundo para reaccionar, Norman lanza dos bolas de energía que impactan contra Peter, generando una explosión que propulsa el cuerpo inmóvil del trepamuros hacia el suelo. Norman, sin esperar a que el cuerpo de Peter, que cae cabeza abajo, llegue al asfalto, corre hacia él a gran velocidad y, agarrándole de la cabeza, empuja su cara contra el suelo, fracturándole mandíbula, nariz y pómulos. Peter queda inconsciente sobre el duro cemento bañado en un charco de sangre. Norman contempla su “obra” y haciendo gala de su bipolaridad:
—–-¡NO! Esto no tenía que ser así… Pobre Peter… ¡Activad los nanobots! -ordena, poseído por el pánico.
—–Impresionado por la cantidad de sangre que tiene debajo y sin recordar que ha sucedido desde que una fuerte explosión le lanzase por los aires, Peter despierta con una extraña sensación en el rostro. Nota como los huesos se vuelven a unir y recuperan su lugar, siendo este un proceso indoloro, para su sorpresa. Aun en el suelo, palpa su cara mirando, atónito, a Norman.
—–-¿Qué…? ¿Qué  me has hecho mald…?
—–Sin tiempo a terminar la frase, una música suena. Es el camión de los helados, que frena frente a los combatientes. Aun en el suelo, Peter observa como Norman anda hacia el furgón, para coger dos helados, tras lo cual, da media vuelta hacia Peter al tiempo que el furgón reemprende su marcha.
—–-¡Por favor, Petey! Déjame explicártelo -dice Norman, a la vez que se agacha-. ¿Un helado?
—–Peter le mira escéptico y contesta:
—–-Estás más chalado de lo que recordaba si piensas que voy a aceptarlo.
—–-Tranquilo, es un inofensivo helado de café con vainilla. Tu sentido arácnido te avisaría si fuese peligroso… Lo ha hecho hace unos minutos.
—–Tras un largo silencio, Peter accede. Se incorpora, coge el helado y ambos se sientan en un banco cercano hecho de metal.
—–Norman toma la palabra.
—–-¿Cuántas veces nos hemos enfrentado, Peter? ¿Cuántos de esos enfrentamientos han acabado en una cháchara incesante con la que intentamos convencer al otro de nuestra postura? ¿Los recuerdas? Yo sí; todos y cada una de ellos. Por algo soy un genio.
—–-¡Pues no, Norman! No me acuerdo de todas las veces que nos hemos enfrentado, aunque… hay combates que recordaré siempre -añade Peter compungido.
—–-Sé a cuales te refieres… No obstante, son los más cruciales. Momentos llenos de preguntas sin una auténtica respuesta.
—–-¡Locura, Norman! Esa es la única respuesta.
—–-Jeje. Ojalá todo fuera tan sencillo… Dime, ¿qué tenían en común todos esos momentos?
—–Reflexionando la pregunta, Peter mira al cielo buscando las palabras que definan los recuerdos que están invadiendo su mente. Responde:
—–-Dolor. Sufrimiento. Odio… Amor –añade, pensando en el angelical rostro de Gwen-. Amor… y locura, mucha loc…
—–Norman le interrumpe.
—–-Si vuelves a mencionar esa palabra, juro que mat… ja… jaja… ¡JA JA JA! Qué perspicaz eres Parker -su cara cambia a un semblante serio y sereno-. ¡Sí, Peter! Son palabras acertadas… Desde que averigüe tu identidad secreta hace tantos años sólo he tenido un objetivo, por encima de muchos otros: destruirte, hacerte sufrir; incluso cuando quería moldearte a mi imagen. Pero estoy cansado… Me voy haciendo mayor ¿sabes? Y a pesar del suero de duende, de la tecnología y las mejoras que he implantado en mi cuerpo, miro a mi alrededor: lo que he conseguido, lo que tengo, lo que puedo llegar a conseguir, y como todo eso puede desaparecer, perderse, como si yo nunca hubiera existido. Todos morimos, tarde o temprano, sin embargo, me asusta el modo en que podré mirar a la muerte. ¿Quiero mirarla como un perdedor?
—–-No sé, Norman ¿quieres?
—–-Obvio que no…-certifica Norman con un suspiro final. Ambos se miran a los ojos, en silencio. Durante un breve instante, comparten el mismo sentimiento; lo saben pero ninguno quiere reconocerlo- ¿Está bueno el helado? -pregunta Norman.
—–-Más de lo que me gustaría, viniendo de ti.
—–-Lo tomaré como un cumplido –Norman sonríe, con helado chorreándole por la comisura de los labios.
—–Peter, al verle con ese aspecto tan cómico, es incapaz de contener la risa.
—–-¡Jaja! -Norman mira a Peter extrañado, que prosigue-. ¡Oh,Dios! Mírate: eres Mister Helado de Café -añade con voz prominente.
—–Con sutileza, Norman ríe mientras coge un pañuelo de tela del bolsillo y se limpia la boca.
—–-Me gusta que saques a relucir el chiste de Mr.Café. Fue una situación muy divertida la de aquella noche en el almacén, pero tuviste que contarme el sueño que te atormentaba y decirme que “ser yo, ya es cadena perpetua”… Lo estropeaste todo… Nunca te lo he dicho, pero tras escuchar aquellas palabras, mis fuerzas se desvanecieron, no veía sentido alguno para seguir con nuestro juego… Y estuve cerca de borrarme de la ecuación. Entonces recordé que había algo más…
—–Peter interviene.
—–-Norman, ¿qué pasa con la muerte?
—–-¿Cómo dices?
—–-¿Quieres mirarla como un perdedor?
—–-¡Oh! No Peter, no quiero morir como un perdedor… y sólo lo conseguiré estando tú a mi lado.
—–-Creía que habíamos superado lo de querer convertirme en tu heredero.
—–-Más que eso Peter, mucho más. Antes de nada, me gustaría saber si llegaste a leer la carta que te envíe tras el incidente de los doce siniestros.
—–-Sí. Leí tu cínica carta tras haber intentado matar a tía May y a MJ.
—–Norman retira la mirada a Peter y agacha la cabeza. Una lágrima resbala por su mejilla.
—–-Todo cuanto escribí en esa carta es cierto. Te aprecio Peter, pero ya conoces mi temperamento… juguetón.
—–-¿Esa es tu excusa? ¿Sabes? Estoy harto de esto, ¿por qué no te buscas a otro supertío al que molestar con tus locuras? Yo que sé… Al Vigía, por ejemplo. Tengo entendido que está como una regadera; haríais buena pareja -dice Peter con sarcasmo. Sus palabras golpean en el orgullo de Norman, que, con la mirada perdida, aprieta los puños a la vez que coge aire.
—–-Te agradecería que no volvieras a usar esas palabras… -dice entristecido, aun con la cabeza gacha.
—–-¡Dios Norman! ¿Qué pretendes? ¿A dónde quieres llegar con esta conversación sin sentido?
—–Alzando la mirada hacia Peter, contesta:
—–-Sí tiene sentido. Recuerda cómo has definido nuestros encuentros: dolor… sufrimiento… odio… siempre te he intentado atraer a mí, afligiéndote… Permíteme retomar lo que sucedió semanas después del chiste de Mr.Café.

—–Peter resopla, desesperado.

—–Haciendo caso omiso, Norman prosigue:
—–-Cuando estaba a punto de quitarme de en medio, llegó hasta a mí algo que creía desaparecido; el AMOR. Y no me refiero a los instintos primarios de dos adolescentes que confunden amor con las ganas de aliviar su recién descubierto apetito sexual. Hablo de verdadero amor –Peter frunce el ceño mientras Norman continúa-. Hablo de tu hija –el rostro de Peter se endurece por completo. Norman lo nota y se pone en píe para continuar su explicación-. Sé lo que estás pensando. Si sirve de algo, te aseguro que he cuidado de ella. Nunca le ha faltado de nada y no conoce los intrincados aspectos de nuestra relación. A sus ojos, somos El tito Norman y Papi.
—–Impaciente, Peter interviene:
—–-Norman, ¡termina!
—–-Te preguntarás porqué te la arrebaté. Bueno, soy Norman Osborn, siempre tengo cinco planes alternativos detrás del original.
—–Peter se lleva las manos a la cara, intentando que la rabia no se apodere de él.
—–Norman sigue su exposición:
—–-Tras tu aplastante victoria en el almacén, volví a Europa, confuso y sin rumbo: si tú no eras mío, lo demás era irrelevante. A pesar de ello, continué con mis planes de expansión internacional para Oscorp, aunque relegando en varios subalternos, al tiempo que continuaba mis investigaciones para mejorar el suero de duende gracias a la sangre que fluía por las venas de la pequeña Mayday (una chica muy sana, por cierto. Le diste buenos genes) -aclara Norman haciendo una señal de OK. Peter, impaciente, hace crujir sus nudillos. Norman a lo suyo-. Un día, especialmente gris, fui a visitarla a su habitación. Ella jugaba con sus cosas, por lo que, sin decir nada, me senté en un rincón a observar. No habían pasado ni dos minutos cuando me invitó a jugar con ella; se acercó hasta a mí y, obsequiándome con una hermosa sonrisa, me tendió la mano para llevarme hasta su zona de juegos. Entonces lo comprendí: debía devolverte aquello que sólo yo podía -Peter agarra el reposabrazos del banco, aprieta los dientes e inspira con fuerza, aun así, no interrumpe el discurso de Norman, que camina de un lado para otro-. Mayday era la respuesta, pero no podía ir a vuestra casa, llamar al timbre y presentaros a vuestra hija así como así. De modo que idee la forma de devolvérosla sin que hubiera dolor, ni traumas… pero ya sabes: mi pequeño problema de temperamento jugó en mi contra, S.H.I.E.L.D me capturó y me metió entre rejas; paralizando todo el plan… Permíteme añadir, querido Petey, que no ayudó mucho el hecho de que hace mes y medio te desenmascarases públicamente -Peter deforma el reposabrazos, llamando la atención de Norman, que asintiendo con la cabeza, continúa-. Veo que sigues por donde voy. ¿De verdad creías que Tony movería un dedo para defenderte a ti o a tu familia de todos y cada uno de los enemigos que tienes? En ese momento lo cambiaste todo; y nos expusiste: a tu familia, a ti, A MÍ -asevera Norman con vehemencia-. Debía retomar mi plan cuanto antes. Pero estando preso en Ryker era imposible, incluso para alguien tan influyente como yo. Entonces apareció él: el gran Tony Stark con sus aires de superioridad y una suculenta oferta. Literalmente, me abrió las puertas del paraíso. Ese filántropo hipócrita cargado de dudosa moralidad me ha dado más poder del que he tenido jamás, y pienso utilizarlo para enmendar mis errores contigo -Norman se aproxima a Peter y con la mano en el pecho dice-: ¡Por fin, serás feliz!

—–Aun sentado, Peter arranca el reposabrazos y lo lanza contra el suelo.
—–-¡Se acabó! Es imposible que “Norman Osborn” y “felicidad” estén en la misma frase. Ahora dime: ¿quién es la niña que hay en “mi casa”? -pregunta furioso.
—–Ofendido, Norman responde:
—–-No estás escuchando, Peter… Mi plan es perfecto: devolverte aquello que una vez te arrebaté. ¡Es tu hija!
—–Peter golpea, reiteradas veces y con saña,el banco  hasta partirlo en dos. Aun más enfadado que antes se pone en píe con la intención de increpar a Norman, pero frena el impulso y, con sarcasmo, replica:
—–-¡El gran Norman Osborn quiere hacerme feliz! De acuerdo, ilústrame. Cuéntame tu grandioso plan. Por cierto ¿te importa si echo una cabezadita mientras tanto?
—–Molesto por el tono de Peter, Norman lucha contra su temperamento “juguetón”.
—–-Esto… ya no es un juego…
—–Sorprendido, Peter se lleva las manos a la cabeza, sin abandonar el sarcasmo.
—–-¡Oh! Exclusiva mundial: Norman Osborn ha recobrado la cordura… Aquí el reportero Peter Parker informando desde… -realiza una pausa y mira a los lados-. ¿Dónde estamos?
—–Norman, con un tono gentil responde.
—–-¡En casa, Peter! Estamos en casa.
—–-Ups…Noticia de última hora : Norman Osborn se ha vuelto a volver majareta.
—–-No lograrás provocarme, Peter… Esta vez, no… -asiente Norman haciendo ejercicios de respiración.
—–-¡Jo, devolvemos la conexión! Mira Norman, ¿por qué quieres pasar por esto otra vez? Me cuentas tu magnífico plan, te digo lo loco que estás y nos zurramos hasta medio matarnos… ¿No estás harto? Porque yo sí.
—–-¡Par…ker!
—–-Tu plan y todo lo que hayas montado para llevarlo a cabo: esos actores, clones o lo que sean… no me importa. Sólo quiero que nos dejes libres a MJ y a mí para volver con Tía May. Nos necesita.
—–-Park… Peter… Se trata de tu hija. De tu verdadera hija… Sin clones, sin mentiras…
—–-Norman… no sigas.
—–-Pero… ¿No comprendes que intento ofrecerte la vida que tus poderes te han impedido vivir?
—–-¿Perdón? -harto, Peter contesta con agresividad-. Querrás decir: la vida que TÚ me has impedido vivir… -de forma impulsiva, se abalanza sobre Norman, pero este, reacciona a tiempo para dar una orden:
—–-¡Descarga a máxima potencia!
—–Peter es electrocutado por los nanobots que habitan en su cuerpo. El grito de dolor es ensordecedor, cayendo paralizado frente a Norman, que, mirándole fijamente, dice con pesar:
—–-Lo siento Peter, no me has dejado otra opción –su tono cariñoso cambia por otro más autoritario-. ¡Atentos, volvemos al sueño inducido!

—–Aparecen en el lugar cuatro encapuchados, dos de ellos empujan una camilla flotante con forma de cápsula, en la que meten a Peter. La cápsula se sella con un material blindado y transparente, que deja entrever como de los laterales del compartimento sale un vapor que cubre a Peter por completo.
—–Entre tanto, Norman vuelve a la casa de los Parker, donde varios encapuchados empujan cuatro cápsulas flotantes. Mary Jane, Liz, Normie y la pequeña Mayday corren la misma suerte que Peter: un estado de sueño inducido donde manipular sus recuerdos. Las tres primeras cápsulas pasan de largo frente a Norman, que detiene el avance de la cuarta. Melancólico, observa a Mayday, acariciando el blindaje transparente de la cápsula. De los ojos de Norman brotan un par de lágrimas… Pasado unos segundos, comienza a reír. Y lo que empieza como una simple risa, asciende hasta convertirse en una grotesca carcajada conforme todo cuanto le rodea, desaparece; se desfigura; dejando paso a un inmenso pabellón diáfano y plateado, que, acto seguido, recorre con paso lento. Una voz robótica, irrumpe:
—–Programa Dulce Hogar, desactivado.
—–Norman continua preso de la grotesca carcajada cuando llega a un enorme portón, que deja atrás sin volver la vista, mientras rememora en voz alta:
—–-¡Mister Helado de Café! Ja, ja,ja,ja,ja. ¡Muy bueno Parker! ¡Muy bueno!

——————————————-—————————————–

—–Entre tanto, en la habitación 426 de un hospital de Nueva York, donde la mujer que crió y educó a Peter Parker se recupera del estrés sufrido por su achacoso cuerpo aun inconsciente, Felicia; recostada sobre el asiento del sofá-cama con la cabeza colgando y los pies en alto, apoyados en la pared sobresaliendo por encima del respaldo; mira al techo, inquieta. Hace ochenta y cuatro horas que su amigo se despidió de ella con un áspero beso en la mejilla y, desde ese momento, no ha tenido ninguna noticia de la pareja. Al principio se mantenía optimista sobre el devenir de los acontecimientos pero con el transcurrir de las horas, y los días, sus pensamientos se han vuelto cada vez más negativos. Sólo la presencia de Misty Knight y la continua atención del Doctor Fine hacia su paciente logra aliviar la angustia que la invade. Aun así, el malestar reinante la hace anhelar, más que nunca, estar allá afuera para sentirse libre saltando entre los edificios y desahogarse pateando a algún capullo… Pero hizo una promesa… Para bendito colmo, todo ha estado muy tranquilo desde entonces. Incorporándose, vuelve a observar la gran ciudad a través de la ventana, por enésima vez… Perdida la noción del tiempo, oye que golpean la puerta, despertando así de su letargo. Cuando comprueba que los golpes se corresponden con la contraseña ideada por el médico y ella, acude a abrir, encontrando al Doctor Fine acompañado:
—–¡Tony! -añade sorprendida a la vez que asqueada.
—–Buenos días, Felicia -dice el vengador dorado con amabilidad-. Tenemos mucho de qué hablar.
—-Ella mira al doctor con halo de decepción. El responde.
—–Lo siento Srta. Hardy. Toda ayuda es poca…
—–No tiene porque excusarse. Está usted haciendo lo correcto -afirma con vehemencia Tony.
—–Disculpe Doc. -dice ella avergonzada. Sin embargo, su rostro y el tono de su voz cambian al levantar la vista hacia el vengador-. ¿Qué quieres?
—–¿Puedo entrar? Todo el mundo nos está mirando.
—–Felicia observa el pasillo, donde pacientes, visitantes y personal sanitario tienen sus ojos clavados en ellos dos. Ella accede con cierta reserva.
—–-¡Está bien! -dice, dando media vuelta y dejando la puerta abierta.
Antes de entrar, Tony se dirige al Doctor Fine:
—–-¡Gracias Doc! Ha realizado una labor excelente. Ahora, si lo permite, me ocuparé personalmente -concluye estrechándole la mano.
—–Sonrojado, el doctor responde:
—–-Só-sólo hacía mi trabajo… Si me necesitan llámenme al busca. Estaré aquí enseguida.
—–-Descuide, siga atendiendo a sus demás paciente -responde el vengador sobrepasando el umbral de la puerta y cerrando tras de sí.
—–Felicia, que aguarda con los brazos cruzados, toma la palabra.
—–-¿Qué pretendes Tony? ¿No has causado ya suficiente daño?
—–Él no responde, sólo camina hasta May y arrodillándose junto a su cama, le coge de la mano;
acto que deja muda a Felicia, no tanto por asombro como por respeto. Él se incorpora soltando la
mano de la anciana, y coloca, con mimo, un reproductor de música en la mesilla que hay al lado de la cama. Suenan, a un volumen moderado, las primeras notas de La vie en rose de Louis Amstrong.
—–-Adora esta canción… -afirma, aproximándose a Felicia. Habla en voz baja-. Estoy al tanto de lo que ha pasado. Hace cuatro días, Peter entregó a Jarvies una carta explicando lo sucedido…
—–-Es algo que ya sabía. Y sigo sin aprobar que lo hiciese.
—–-Comprensible… -asiente él con la cabeza-. El caso es que no he podido leerla hasta hoy –dice con pesar-. Si has visto las noticias sabrás que Ultron nos ha tenido bastante ocupados –aprovecha para sacar del bolsillo un holoproyector del cual aparece una copia holográfica de la nota que dejaron en la habitación hace cuatro días–. Supongo que la reconoces.
—–Ella observa la nota.
—–-Sí.
—–-Bien, esto es lo que…
—–-¡Espera un momento! -se apresura ella-. Digamos que confío en qué tus intenciones son sinceras. ¿Por qué ayudarle? Se supone que “no deben relacionarte con delincuentes”, ¿verdad? ¿Por qué este cambio repentino? ¿Qué escribió Peter en la carta para tenerte tan cogido de los huevos? -expresa cerrando el puño con fuerza frente a la cara de Tony. Este, adoptando una postura rígida, responde.
—–-Uno: esa carta era personal e intransferible, por tanto, lo que en ella ponga no te incumbe. Dos: digo “era” porqué ya no existe. Tres: por curiosidad, decidí rastrear la señal del localizador que implanté hace meses a Peter.
—–-Lo sabía… ¡cabrón malnacido!
—–-¿No creerías que iba a dejar a Peter suelto por ahí, sin vigilancia?
—–-¡Claro! Él supone una gran amenaza para el mundo… -suelta ella con sarcasmo. Antes de que Tony replique, ella pregunta-. ¿Y qué pasó con la señal?
—–-Desapareció… Diseñé ese localizador especialmente para eludir el sentido arácnido de Peter. Así que, dudo que lo haya encontrado. De encontrarlo, es absurdo que lo haya destruido, porque su plan era que yo localizase su posición y acudir al rescate en caso de que fuera necesario. Y si él no lo ha descubierto, ni destruido; mucho menos terceras personas. De modo que, Peter y MJ deben tener problemas… Imagino que están en algún complejo subterráneo profundo… Pero que muy, muy profundo. Eso, o ya no están en la Tierra.
—–-¿E-estás seguro de que ha desa…
—–-La última lectura recibida es de hace dos días, en los alrededores del Mar Egeo.
—–-¿El Mar Egeo? Espera, ¿estás hablando del mar de Grecia?
—–-Sí. Ahora que estás al corriente de todo, debemos acudir para allá de inmediato -Tony se lleva la mano derecha al oido y habla-. ¡Adelante!
—–A su orden, un equipo de médicos de SHIELD entran en la habitación con una camilla flotante. —–Felicia reacciona.
—–-¿Qué hacéis? Alejaos de ella.
—–Tony la frena.
—–-¡Tranquila! May es ahora mi responsabilidad. Será trasladada a la Torre Stark. Allí estará totalmente segura y tendrá los mejores cuidados.
—–-Yo también voy.
—–-¡No! Jarvies se encargará de ella… Pasando por alto que has ayudado a un superhumano no registrado y prófugo de la justicia -pulsa un botón del holoproyector mostrando un traje parecido al de Gata Negra pero con modificaciones-, sólo preocúpate de ponerte guapa para mí.
—–-¿Qué?
—–-Gatita, acabas de ascender: ¡bienvenida a los Vengadores!

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