*****

—-En una localización desconocida. En un momento indeterminado comprendido entre las ochenta y cuatro horas transcurridas desde la marcha de Peter y Mary Jane a la reunión. Dentro de una sala de control del sueño, cuatro encapuchados con túnicas negras -miembros de la antes conocida como Orden de los Scrier- estudian porque los recuerdos ficticios imaginados por Norman no se asientan en la mente del sujeto número uno: Peter Parker, mientras que en la del resto de sujetos; Mary Jane, Liz, Normie y Mayday; sí.
Este contratiempo inquieta a un quinto encapuchado, al mando, que habla:
—–-Es la segunda simulación que falla. ¿Por qué?
—–-No lo sabemos -responde uno de los ex-Scrier-. Las lecturas en los sujetos dos, tres, cuatro y cinco son positivas: los recuerdos implantados tienen un carácter real en más de un ochenta por ciento.
—–-Eso ya lo veo. Lo que quiero es saber por qué el sujeto uno sólo ha asimilado esos recuerdos en un mísero dieciséis por ciento.
—–-Es lo que no sabemos.
—–-YA LO VEO  -reitera el encapuchado al mando, alterado.
—–Un tercero, interviene.
—–-Tal vez, el sujeto se resista por algún factor relacionado con sus poderes que no hemos tenido en cuenta…
—–-Sea lo que sea, más vale que lo averigüéis, o tendremos que despertar al Dios Duende antes de lo previsto. Y ya sabéis lo que eso significa… –concluye, observando con horror el monitor en el que se ve a Norman en un estado de sueño inducido.
En la propia sala de control, ninguno de los presentes percibe que los parámetros de uno de los módulos; en los que están acopladas las camillas con forma de cápsula donde duermen los sujetos; ha sufrido un cambio en su configuración.

—–El encapuchado al mando, a pesar de su nerviosismo, intenta mostrar autoridad y firmeza:
—–-Estaré en mis aposentos. ¡Tenéis una hora! -tras estas palabras, abandona la sala de control, lleno de incertidumbre, cabizbajo, de modo que la capucha oculta su rostro casi al completo. Camina a través de pasillos tenues, iluminados por candelabros electrónicos que expiden un aroma particular con un sutil humo de color verde. Al fin llega hasta la puerta automática que da a su habitación, frente a la que se detiene para colocar su mano sobre el lector de huellas, haciendo que la puerta se deslice lateralmente hacia la izquierda. Entra, dejando al descubierto su fatigado rostro, adornado con unas enormes gafas de pasta de color madera que se quita para aplicar un leve masaje en el tabique nasal, y un descuidado pelo rubio canoso de media melena; evidenciando un físico con el que aparenta mucha más edad de la que en realidad tiene. Sin tiempo a quitarse la túnica de su delgado cuerpo de metro setenta y siete, una voz irrumpe.
—–-¿Qué ha pasado, mi querido Donald?
—–Donald Menken gira sobre sí mismo con la cara desencajada por el terror de hacer frente a Norman Osborn; quien debería estar durmiendo en su cápsula.
—–-Se-señor, yo… Estamos trabajando en ello… To-todo iba bien hasta que en la tercera fase de la implantación de recuerdos ha habido u-un… pequeño contratiempo.
—–-¿Pequeño contratiempo? Claro. Contratiempo del que parecía que no querías informarme. ¿Es así DO-NALD?
Una presión acuciante invade el pecho de Menken.
—–-Se-señor, no… no consideré necesario…
—–-Querido Donald, no consideres, obedece. Ya te perdoné la vida una vez, así que no tientes a la suerte -eleva la voz gradualmente- Y si digo que me informes del menor contratiempo, me informas. Y me da igual si es durante una simulación o sodomizando a la furcia de tu madre, ¿queda claro?
El corazón de Donald está a punto de desbocarse.
—–-Pe-pero Señor… -contesta, reuniendo fuerzas en un intento desesperado-, no se debe interrumpir una transferencia de recuerdos colectiva en curso… po-podría dañar el cerebro de todos los sujetos implicados.
—–Norman responde con repentina tranquilidad:
—–-Querido Donald, cuando tienes, tienes razón. Sin embargo, ¿tengo que recordarte que las dos últimas simulaciones realizadas son un completo fiasco?
—–-No… Señor, pero…
—–-Entonces, eres consciente de que tu maldito deber era informarme nada más terminar la primera simulación fallida y no cometer la estupidez de iniciar una segunda.
—–-Lo sé… pero no quería incumplir lo-los plazos establecidos… De lo contrario… tendrá que retrasar su vuelta a la Montaña Thunderbolts y eso levantaría sospechas… –Menken se lleva la mano al pecho, ante la impasible mirada de su jefe.
—–Norman replica alzando la voz.
—–-Los Thunderbolts deberían ser la menor de tus preocupaciones, o acaso… tienes algún plan propio del que no me hayas hablado, ¿eh, mi querido Donald?
—–Sucumbiendo a su arritmia cardíaca, Menken se arrodilla inclinando la cabeza.
—–-N-no Señor. Le pido disculpas… No… volveré a fallarle.
—–Norman se acerca a él y le da una palmada en el hombro.
—–-Entonces no tienes de que preocuparte. Estás perdonado… de momento -añade, dando media vuelta para salir de la habitación.
—–-Gra-gracias, Señor… ¡La-larga vida al… Dios Duende! –finaliza a duras penas. Cuando la puerta se cierra, quedando a solas en sus aposentos, se arrastra como puede hasta la pequeña mesa de noche, que hay junto a la cama, donde guarda sus pastillas para el corazón. Abre el primer cajón y coge uno de los siete frascos de fármacos, lo desenrosca, dejando caer sobre su mano dos cápsulas que ingiere con ayuda de una botella de agua que hay sobre la mesilla. Repta por la cama para descansar tras titánico esfuerzo. Pasados unos minutos, y recuperado el ritmo cardíaco, analiza lo sucedido, concluyendo que sólo una persona ha podido despertar a Norman: su psiquiatra personal y pareja sentimental, Kolina; quien tiempo atrás ya se interpuso en los planes de Menken para heredar el legado de los Osborn.
Entre tanto, el Dios Duende accede a su gran despacho; adornado de una forma clásica como si de una antigua biblioteca se tratase, con paredes recubiertas de cuadros, un enorme escritorio de roble macizo, una tumbona negra de interior en uno de los laterales y un inmenso monitor colocado sobre una chimenea virtual. Enciende el monitor, con un mando a distancia personalizado, para conectar por videoconferencia con los encargados de la sala de control del sueño. Los cuatro miembros de la ahora conocida como Orden del Duende, se ponen en píe al ver la imagen de Norman en los diferentes monitores,  y proclaman al unísono:
—–-¡Larga vida al Dios Duende!
—–-Hablando de vidas, hermanos, si queréis conservar las vuestras, espero que tengáis una respuesta para lo que ha pasado.
—–-¡Señor! Seguimos analizando porque el sujeto número uno rechaza los recuerdos insertados. Según las lecturas recogidas llegó a asimilar un cincuenta por cierto, es decir, tanto la fase uno como la fase dos fueron un éxito, pero a partir de la tercera, no sólo comenzó a desechar todo nuevo recuerdo, también a eliminar los ya implantados.
—–-¡ESO ES IMPOSIBLE! Sólo la mente de Charles Xavier podría luchar contra esta tecnología… Enviadme las lecturas, ¡ya!– los encapuchados obedecen y Norman las analiza al momento. Tras deliberar, concreta las órdenes a seguir-. Reiniciaremos desde la fase uno. Borradle todos y cada uno de sus recuerdos… Quiero esa cabeza totalmente vacía mañana a primera hora.
—–Corta la comunicación, cambiando la señal del monitor al canal de pantalla múltiple donde divisa las seis cápsulas de sueño inducido, estando la suya vacía. Centra su atención en la cámara cinco, que enfoca a Mayday. Suspira, melancólico… El detector de cambios de densidad instalado en la puerta del despacho avisa de la presencia de alguien al otro lado. Al instante, Norman cambia al modo de pantalla simple, seleccionando la cámara que hay junto a la entrada; viendo el rostro de su amada Kolina, ensombrecido por la capucha característica de la Orden. Pulsa un botón del mando para abrir la puerta y ella entra. Lo hace despacio, avanzando hacia él, descubriendo su angelical rostro de ojos azules, sus labios pintados de rojo chanel y su cabello rubio corto sujeto por dos pinzas a los lados. Él la espera al borde de la gran mesa de roble macizo. La puerta se cierra.
—–-Mi amada Kolina, ¿por qué te empeñas en portar la capa de la Orden si hace años que yo no la llevo? A diferencia de nuestros hermanos, eres mi igual. Además, tu rostro no merece estar oculto.
—–-Mi querido Norman, ¿qué pasaría si al pasear sin la capucha puesta, algún hermano se quedara prendado de mí?
—–-Le arrancaría los ojos y se los pondría de pendientes.
—–Ella asiente con una leve sonrisa de complicidad, seguida de un encogimiento de hombros y pregunta:
—–-¿He hecho bien en despertarte?
—–Él no responde, se limita a abrazarla con fuerza. Ella hace lo propio. Segundos después, él la coge de los hombros y, mirándola a los ojos, habla:
—–-¿Sospechas de Menken?
—–-Sin duda, querido. ¿Quién sino es lo suficientemente ambicioso y lo bastante estúpido para contradecir tus planes?
—–-Cierto que Donald es ambicioso, pero no se atrevería… No después del severo castigo que sufrió por amenazar tu vida. Sabe que no está destinado a heredar mi poder; y a pesar de eso lleva años siendo mi más leal sirviente.
—–-¿Es el Dios Duende quien habla? ¿Acaso no le ordenaste que te informara al menor problema?
—–-Sí… -Norman queda pensativo-. Pero no le falta razón. El plan se está retrasando y no puedo abandonar mis obligaciones como director de los Tunderbolts durante mucho tiempo… Aunque ahora eso no importa -asiente, cogiéndola en volandas. Avanza hacía la tumbona negra y añade:-. Disfrutemos de esta noche; mañana, el Duende dirá.
—–Norman y Kolina desatan su mutuo deseo.

                                                                              *****

—–En la actualidad: ochenta y cuatro horas tras la marcha de Peter y Mary Jane a la reunión. En la misma localización desconocida, el programa Dulce Hogar es desactivado.
Norman acaba de comprobar que el sujeto número uno mantiene sus recuerdos intactos, lo cual evidencia que el plan orquestado no está funcionando; por consiguiente, los plazos previstos se están yendo al garete. Caminando hacia la salida del pabellón metamórfico, una risa histérica consume al auto proclamado Dios Duende mientras habla solo:
—–-¡Mister Helado de Café! ja, ja,ja,ja,ja. ¡Muy bueno Parker! ¡Muy bueno!
Alguien le espera junto al portón de tres metros de ancho y dos de alto.
—–-Señor, ha recibido un mensaje de voz…
—–-¡Oh! Donald, -expresa Norman, cambiando a un semblante sereno- ¿has visto lo ocurrido?
—–-Sí, mi Señor, es… inaudito.
—–-Tú lo has dicho: inaudito… Oye, ¿qué decías de un mensaje?
—–-E-era Karla Sofen.
—–-¿Piedra Lunar?
—–-Ya-ya le dije que tendría problemas co-con los Thunderbolts si…
—–Norman lanza una mirada asesina a Donald.
—–-¿Qué quiere esa chupatintas?
—–-Bue-bueno, Señor. Pregunta por Venom. Esta inquieta po-porque no le ve desde hace cuatro días… y el localizador que le inyectó no da señal.
—–En ese momento, al Dios Duende se le enciende la bombilla.
—–-¡Claro! ¿Cómo no me he dado cuenta antes…?
—–-¿D-de qué? ¿Va a contactar con Karla?
—–-No seas majadero, ¡anda y que zurzan a esa lameculos! -pensativo, se frota la barbilla con los ojos mirando hacia arriba y prosigue-. Reúne a los ocho hermanos responsables de la programación, aquí mismo, dentro de treinta minutos.
—–-Como desee, m-mi Señor -dice Menken asintiendo con la cabeza. Mientras da media vuelta para emprender su misión suena el reloj intercomunicador de Norman, quien ignorándolo, da un último recado a su ayudante.
—–-¡Donald! Tu tampoco faltes.
—–Donald se estremece…
—–Con un movimiento de muñeca, el Dios Duende conecta con la llamada entrante.
—–-¿Cómo te encuentras, mi amado? -pregunta Kolina, que sigue y analiza las funciones corporales de Norman desde uno de los laboratorios del complejo.
—–Él, pensativo, mira hacia la cámara del pasillo que tiene más cerca y responde.
—–-Creo que triste, furioso, impotente… ¡Con ganas de asfixiar a alguien entre mis manos…! -su expresión se vuelve diabólica, alertando a la psiquiatra.
—–-Deberías ir venir al laboratorio para que…
—–-No es necesario, querida -afirma él con teatralidad.
—–-Los niveles de fármaco en tus nanobots están al mínimo. La prueba que has hecho a Peter te ha sobrexcitado y me he visto obligada aumentar la dosis habitual para controlar tus fluctuaciones anímicas. Necesitas descansar y dejarme calibrar los nanobots.
—–-¡NO! Tengo que encontrar al traidor ya, o me volveré… Jaja, Parker tenía razón. JAJAJAJAJA…
—–-¡Norman! ¡Norman!
—–Pero él no escucha. Vuelve a ser preso de una risa histérica que le hace delirar.
—–Por suerte para Kolina, los candelabros electrónicos tienen diferentes funciones, entre ellas, despedir un gas somnífero que ella libera sólo en la zona donde se encuentra Norman. Una gran cantidad de humo le envuelve mientras ella solicita asistencia para el pasillo central del sector cinco. Segundos después, las carcajadas cesan, dejando paso aun leve balbuceo. Ella, con una bata blanca puesta, olvida la túnica en el perchero del laboratorio, y sale corriendo para socorrer a su amado; sintiendo un gran pesar al ser consciente de que la locura que se adueña de él sólo se puede apaciguar; no erradicar, dado que su latente demencia, que germinó por culpa del agente químico conocido como Suero del duende, obtuvo su máxima expresión gracias al dudoso don con el que Norman fue obsequiado en la Reunión de los cinco, años atrás. De los dones que se repartieron aquella noche mediante un ritual de magia y artes místicas: poder, conocimiento, inmortalidad, muerte y locura, él obtuvo la que por su ambición insana ya le correspondía. Y Kolina sabe que amar a una persona loca puede que la convierta en una loca a ella también, sin embargo, él la hace sentir querida como ninguna otra persona lo ha logrado y, siendo sincera consigo misma, la sensación de poder que supone estar junto a Norman, es tan seductora, que volver a su vida anterior como simple enfermera sería renunciar a lo irrenunciable. Por ello, cuando descubrió la verdad sobre su amado y este quiso apartarla de su vida para no conducirla por un camino de posible dolor, ella lo amó todavía más. Entonces decidió adentrarse en el mundo de la psiquiatría para encontrar, aunando fuerzas con los conocimientos científicos de él, la forma de paliar su demencia. De esta manera, se complementaron el uno al otro: él halló consuelo y una vía para aferrarse a la cordura entre tanta enajenación y ella fue atraída por un mundo enigmático del que no sabía, ni quería, desprenderse. Así transcurrieron los años logrando que su extraña relación adquiriese un halo de normalidad que les volvió inseparables, hasta que SHIELD arrestó y encarceló a Norman. Por fortuna, la ambición y la arrogancia también engatusa a hombres calificados como buenos, y Tony Stark. al aceptar e imponer el Acta de Registro de Superhumanos, creó una bomba cuyo detonador no controla, pues excarceló a Norman para utilizarle como parte de su plan con fin de legitimizar el Acta a cambio de concederle el mando de los Thunderbolts; con todas las ventajas que ello conlleva. Y ahora, poder y conocimiento le han sido conferidos, tal vez, porque al igual que la locura son dones que intrínsecamente le corresponden.
—–Norman habla de forma costosa por el intercomunicador.
—–-¡Re…tira esa orden! No necesi…to…. asistencia… Estoy bien -añade, incorporándose.
—–Su corpulencia y la resistencia que le dan el suero de duende que circula por su venas hacen de él, una persona difícil de tumbar. Usando de apoyo la pared, camina despacio hacia el pabellón. Kolina no cancela la orden y cuando llega al pasillo central del sector cinco, le encuentra sentado en el suelo siendo atendido por tres encapuchados que llevan consigo un carro sanitario. Llega hasta él:
—–-¿Cómo se encuentra mi Señor? -ella, frente al resto de hermanos, habla como una más, cosa que él nunca la ha exigido pero, aun así, acepta.
—–-Bien, hermana Kolina. Me acaban de administrar una dosis de cincuenta mililitros por vía intravenosa…
—–-¿Qué dices…? Perdón, mi Señor. Quiero decir, que ha superado la cantidad de medicamento aconsejable por unidad de tiempo.
—–-Se preocupa demasiado, hermana. Con esta dosis extra, la calibración de los nanobots no será precisa has…
—–-Pero de nada le servirá si continúa exponiéndose a situaciones de estrés que puedan alterar su estado anímico. Creo que debería descansar un po…
—–-Ha sido un incidente aislado y hay trabajo por hacer -dice él con rotundidad, manteniendo las apariencias ante los encapuchados. La pareja se mira a los ojos. Norman siente la preocupación que invade a Kolina, y sin retirar la mirada, habla-. ¡Hermanos, podéis retiraros!
—–-¡Sí, Señor! ¡Larga vida al Dios Duende!
—–Los encapuchados se alejan custodiando el carro sanitario.

—–Al fin solos, ella le ayuda a incorporarse. Él habla:
—–-Discúlpame, querida. En cuanto de con el traidor prometo descansar y someterme a la calibración -sin miedo a las cámaras de vigilancia del pasillo, Norman la abraza, pero ella se retira.
—–-No… ¡Por favor! -responde con timidez.
—–Norman se lo toma con humor.
—–-Después de tantos años, ¿aun te asusta lo que puedan pensar nuestros hermanos?
—–-Es que…
—–-De acuerdo mi pequeña duendecilla. Pronto, todo cambiará y no tendremos que esconder lo evidente.
—–-Así lo espero, querido.
—–-Así será -ambos avanzan hacia el pabellón-. Ahora, pensemos en un escenario adecuado para nuestros invitados…. ¿Qué tal Auschwitz?
—–-Demasiado visto.
—–-Cierto querida. Mmm… ¿El Gulag, el Hospital Mental de Byberry, la prisión de Tuol Sleng…?
—–Kolina niega con la cabeza. Tras un inciso en el que el portón se abre, ella pregunta:
—–-¿Qué tal el cementerio de barcos de Bangladesh?
—–Norman queda impresionado y aplaude, añadiendo:
—–-El conocido “Infierno en la Tierra”. ¡Bravissimo!
—–Ella responde con una amplia sonrisa. Ambos entran, cerrándose el portón tras ellos.

—–Minutos después, Menken y el resto de hermanos solicitados, llegan al pabellón metamórfico. La gran puerta se abre, mostrando una oscuridad absoluta. Todos entran, cerrándose el portón con un fuerte estruendo que les acongoja, para dar paso a la voz de Norman, que se escucha por los altavoces de manera omnipresente.
—–-Bienvenidos mi leales hermanos. Hace quince años inicié un camino de hombre viejo a hombre nuevo. En busca de la perfección me hallé a mí mismo. Para ello, tuve que hacer escala en varias partes de mí mismo que separan a mi anterior yo del actual -un foco de luz alumbra a un maniquí vestido con un traje de Duende Verde deshilachado, agujereado en la parte del abdomen y un aerodeslizador deformado. Ante tal visión los diferentes encapuchados exclaman con asombro. Norman prosigue-. He aquí la versión original de una parte de mí que me concedió un poder inimaginable que aun hoy perdura y que; gracias a vosotros, mis hermanos; está cerca de completar todo su potencial. Pero en ocasiones hay que hacer sacrificios: destruir para crear… Sí, es un discurso recurrente, hermanos míos, pero no por ello carente de verdad -un disparo láser atraviesa la máscara de Duende, haciendo caer la cabeza del maniquí sobre un espeso lodazal. Las luces del pabellón se encienden dando paso a un paisaje perturbador donde grandes barcos desguazados flotan sobre un mar negro y viscoso que se confunde con la superficie de la orilla, tan negra como el mar. Miles de cadáveres de hombres, embadurnados en crudo, sobresalen de la superficie mostrando el terror en sus rostros, cincelados a placer por el mismísimo Lucifer-. Ese era un antiguo yo. Un yo poderoso, sí, pero con limitaciones, cuyo objetivo se distorsionó hasta poner en riesgo todo el trabajo que habíamos realizado, hermanos. Pero recordad, “en busca de la perfección me hallé a mí mismo”. Y ahora es el momento de que juntos alcancemos la inmortalidad; de convertir esta Orden en un legado que perdure a la extinción del hombre, un legado que los mismísimos dioses no olviden jamás… Y eso pasará en cuanto descubra quien de vosotros es el traidor. Ahora, quien esté libre de pecado que salga por esa puerta.
—–El portón se abre, tentador, tras los encapuchado. Sólo uno de ellos echa a correr en dirección a la salida, pero antes de alcanzarla, una trampilla en el suelo le hace desaparecer.
—–-¿Alguien más está libre de pecado? -pregunta Norman.
—–Ninguno, incluido Donald, mueve un dedo.
—–-¡Bien hermanos! Aclarada una pequeña parte de este tórrido asunto, ruego que os sentéis a la mesa y disfrutéis de estas suculentas pastas con té  –el pabellón se transforma en un lujoso comedor palaciego, mostrando una gran mesa rectangular con todo tipo de pastas y bollería artesanal y té de diferente índole -, mientras interrogo a nuestro hermano… En breve, tendréis noticias mías. ¡Qué aproveche!
—–Un armonioso vals suena, invitando a los encapuchados a ocupar su posición en la mesa, coincidiendo el número de sillas con el número de hermanos; ni una más, ni una menos.

—–En el módulo de seguridad situado bajo el pabellón metamórfico, dentro de una de las diez celdas acorazadas cuyas puertas están selladas por magnetismo, Norman contempla, impertérrito, el patético intento del hermano auto inculpado por defender su inocencia:
—–-¡Mi Señor! Juro que yo no le he traicionado… No me haga esto Señor…
—–-¿Qué no te haga qué, hermano? Ni siquiera he hecho una sola pregunta y ya suplicas por tu vida. ¿Por qué tanto pánico?
—–-Señor… yo… somos inocentes.
El semblante sereno de Norman cambia.
—–-¿Qué has dicho?
—–-Señor… so-somos inocentes… ayúdeme, haga que el frío desaparezca, se lo supli….
Norman estalla con un alarido.
—–-¡AAAAAAAAAAAAH! Sal de ahí engendro alienígena -vocifera lanzando un golpe que machaca la cabeza del hermano; desparramando sus sesos por la celda.
—–-¿Dónde estás maldito simbionte chupasangre? ¡Da la cara!
—–Kolina presencia el violento acto desde una pequeña sala de control del pabellón, mediante una cámara de vigilancia. Inquieta, se comunica con la celda mediante el interfono.
—–-¡Norman, por favor, para!
—–Al escucharla, él se vuelve hacia el interfono.
—–-¡Tu! Sal del cuerpo de mi amada -ordena, avanzando hacia la puerta. Kolina, asustada, la sella, haciendo estéril el intento de Norman por derribarla a golpes.
—–-Escucha mi voz –dice la psiquiatra, pero él apenas se oye pensar, mucho menos la voz de ella. El estruendo de sus puñetazos es ensordecedor-. ¡Soy Kolina…!
—–Es inútil, él ya no es dueño de sus actos y la medicación administrada anteriormente no surte efecto, así como la escasa dosis de fármaco que los nanobotos liberan dentro de su cuerpo. En su intento de quebrar la puerta, Norman acumula todo el poder que le inunda sobre sus manos para lanzar una gran bola de energía. La explosión originada hace saltar la alarma del complejo. Un denso humo impide a Kolina ver qué sucede dentro de la celda, pero los aspersores se activan, concentrando parte del humor en la base del habitáculo, permitiendo ver lo que sucede en su interior. Ella reacciona con temor al ver el cuerpo de Norman, inmóvil, incrustado contra la pared.
—–La programación de metamorfosis del pabellón concluye debido a la alarma, volviéndose un lugar diáfano sólo adornado por la mesa y los hermanos sentados alrededor, que prosiguen “merendando” ante la posibilidad de que se trate de una nueva prueba por parte del Dios Duende.
—–Kolina habla por megafonía.
—–-¡Atención hermanos! Nuestro líder necesita asistencia médica en la celda uno del módulo de seguridad, ¡inmediatamente!
—–Los invitados a la merienda continúan engullendo, más por miedo que por placer, ajenos al sonido de la alarma, hasta que Menken toma la iniciativa. Se pone en píe y solicita audiencia con Norman. No hay respuesta… Pasados unos minutos, la puerta del pabellón se abre y varios encapuchados entran en busca de Menken, que sorprendido pregunta:
—–-¿Qué está sucediendo?
—–-Nuestro Señor, solicita su presencia en la enfermería.
—–-¿En la enfermería? Pero ¿que ha pasado? -nadie responde-. <<malditos borregos>> -piensa él-. ¡Ya me enteraré por mi mismo!
—–Sin dudarlo un instante, Menken echa a correr, todo lo rápido que su corazón arrítmico le permite, hasta llegar a la puerta de la enfermería donde es recibido por dos encapuchados que le impiden el paso. Kolina sale del interior, cruzando una mirada desafiante con el recién llegado.
—–-Nuestro Señor, aguarda.
—–Los dos encapuchados se hacen a un lado, abriendo un pasillo por el que Kolina avanza, dejando atrás la enfermería y a Menken, quien intenta mantener la calma. Entra. Ve a Norman, ya consciente, echado sobre una camilla con el cabecero reclinado y con una sábana blanca que cubre su torso desnudo, dejando entrever la gigantesca cicatriz en forma de cruz que su propio aerodeslizador le hizo al atravesarle el pecho diez años atrás. Con un gesto, ordena al personal médico que les dejen a solas.
—–-Señor, ¿cómo se encuentra? ¿Qué ha sucedido?
—–-Sucede que ya no puedo confiar en nadie…
—–-Señor, sabe que eso no es cierto.
—–-Sí que lo es Donald… El maldito simbionte engañó a Pipers y a sus hombres. Seguro que se introdujo en alguno de ellos y cuando trajeron a los Parker, logró entrar en el complejo sin levantar sospechas… Sólo así se explica los errores y atrasos en el programa… Ningún hermano sería tan osado como para contradecir mis deseos. Ni tan siquiera tú.
—–-Me alegra escuchar qué vuelve a confiar en mí.
—–-Yo no he dicho tal cosa… Puede que tú no seas tan osado pero el intruso sí, y ha podido meterse en cualquiera de vosotros… <<incluso en mi amada Kolina>> –piensa Norman para sí- Seré franco, Donald: hubiera preferido una simple traición por tu parte a tener que enfrentar a un traje asqueroso capaz de ocultar su rastro y cuyos planes desconozco… La pregunta es: ¿quiere ayudar a Parker o quiere comérselo?
—–-¿Có-cómo daremos con él, Señor? -pregunta, intentando controlar sus nervios.
—–-Sencillo mi querido Donald -Norman saca una pistola de debajo de la sábana, y empuñándola, dispara. Una bala misofónica impacta contra Menken que cae al suelo retorciéndose de dolor. Durante diez segundos, Norman observa con el dedo sobre el gatillo, pero no ocurre nada, salvo que su leal sirviente agoniza, haciendo que su afección cardíaca se aguadice-. Así es como le descubriremos. ¡Sanitarios! Atended al bueno de Donald.
—–Cinco encapuchados entran a toda prisa. Mientras atienden al maltrecho lacayo, Norman se incorpora guardándose el arma por dentro de la cintura del pantalón, se pone una camisa beis oscuro y sale de la enfermería inmerso en un mar de dudas:
—–<<Podría estar en el cuerpo de cualquiera y puede adoptar casi cualquier forma pero… necesita adrenalina, no puede pasar mucho tiempo sin un huésped. ¿Y sí…? >> -la alarma silenciosa del despacho de Norman salta en su intercomunicador. Nervioso, acude raudo hasta allí, donde encuentra a Kolina frente a la gran pantalla.
—–-¡Querido…! Ya he visto lo que le has hecho a Donald… ¿Sigues pensando que esa cosa está entre nosotros?
—–-Sí. Aunque disparar a Donald ha sido más por placer que por encontrar a ese infecto traje -afirma con una mueca sonriente-. Dime mi amada, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en el laboratorio?
—–-Yo… ¿No pensarás que…?
—–-¿Quién sabe? Mi pequeña duendecilla, ¿quién sabe? -manifiesta él, palpando la culata del arma con los dedos.
—–-Está bien, Norman… ¡Dispara!
—–-¡Perdóname! –coge el arma y aprieta el gatillo.
—–Kolina se retuerce durante unos interminables diez segundos. Vuelve a no suceder nada. Norman, pasado ese tiempo, suelta la pistola y socorre a su amada. La coge en brazos para posar su cuerpo, aun con espasmos, sobre la tumbona negra. Acto seguido, acude al botiquín privado que guarda junto a su mesa de roble macizo, para coger una jeringa estéril y un frasco con sedante. Clava la aguja en el tapón del frasco y llena el recipiente tirando del émbolo. Vuelve hasta su amada, la comprime el brazo en busca de una vena e inyecta la sustancia. Pasado el mal trago, él besa su frente. A continuación, vuelve a la mesa de roble macizo, coge el mando a distancia y selecciona la cámara que vigila el módulo de Peter. Pulsando el botón del intercomunicador, da una orden:
—–-Trasladad al sujeto número uno a la sala de torturas.

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