Con la idea de resolver cinco aspectos clave dentro mi historia (se estaba volviendo más compleja a cada paso): 1 – Sarah y Gabriel, 2 – Salvar a tía May sin trampas ni mefistazos, 3 – Mayday, 4 – Felicia vs Mary Jane, 5 – Los sentimientos del Simbionte, llegó el momento de desarrollar el argumento. No fue tarea fácil, de hecho fue un caos absoluto, pues una idea que parecía genial un día era desechada a la mañana siguiente. Intenté seguir el consejo de Stephen King, quien afirma que el desarrollo de los acontecimientos deben ser fluidos: escritos de manera intuitiva porque si los meditas y piensas demasiado se vuelven toscos y antinaturales, de modo que el lector los percibe como algo rebuscado. Lamento decir que ignoré su consejo, pues tenía en mente un final y, por tanto, todo cuanto ocurría en mi historia debía ir encaminado hacia ese final. No me quedó más remedio que darle mil vueltas a todo para encajar las piezas del extenso puzzle… Eso sí, cuando mi historia quedó en punto muerto tomé prestada una idea suya: “cuando no sepas como avanzar y lleves más de dos semanas sin ideas para continuar tu historia, haz explotar algo. Siempre funciona”. Dicho y hecho.

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