—–Dentro de una sala acorazada del Helitransporte, Emma da las pertinentes instrucciones a los cuatro agentes encargados de colocar a Mary Jane, Liz, Normie y Mayday -tumbados bocarriba en sus respectivas camillas y tapados con una sábana de color celeste que les cubre hasta la zona del abdomen; dejando los brazos por fuera- para la intervención písiquica con la que Emma y Peter intentarán restablecer sus memorias; en el caso de los tres primeros; y abordar la excepcional situación; en el caso de la pequeña:
—––Dispuestas en abanico, quiero que las camillas formen un semicírculo en torno a estas dos sillas –dice ella, situando una frente a la otra–. Mary Jane en el extremo izquierdo y Liz en el derecho –prosigue–, y los niños entre medias. Mayday junto a Mary Jane y Normie junto a Liz. La distancia entre las camillas que sea de un metro, aproximadamente –levanta la mirada hacia Peter, quien aguarda en la puerta de la sala–. Siéntate aquí, por favor –le indica, apoyada sobre el respaldo de la silla.
—–Con todo dispuesto a gusto de la telépata, los agentes abandonan la sala; cerrando la puerta blindada tras de sí, mientras Emma realiza un par de estiramientos de sus extremidades superiores; cuestionándose porque la mente de Peter se ha vuelto más laberíntica desde que este despertó. Puede leer sus pensamientos más superficiales y recientes; pero sabe que no podrá acceder a muchos de sus recuerdos, si él no quiere; y eso, la inquieta. Disimulando su preocupación, se sienta en la silla que hay frente a Peter. Emma usa la comunicación telepática:
—–<<Como acordamos, primero eliminaré los recuerdos implantados de Mary Jane, Liz y Normie; dejando a Mayday para el final.>>
—–Peter asiente con la cabeza.
—–<<Aunque ya sé la respuesta, preguntaré por cortesía: ¿estás preparado?>>
—–A pesar de su inquietud; tomándose unos segundos para respirar en profundidad; su deseo de recuperarles, impera.
—–<<Sí>> –acierta a responder.
—–<<¡Comencemos!>>
—–Emma indaga en las mentes alteradas de los pacientes, hallando con facilidad el elevado porcentaje de recuerdos falsos; pues, como ya advirtió, en casi todos ellos aparece Mayday, y además, Norman Osborn es un tipo adorable; detalle que no concuerda con los recuerdos de Peter.
—–La telépata sabe reconocer cuando alguien ha hecho un buen trabajo en este campo, pero, a fin de cuentas, era manipulación mental mediante tecnología; un adversario que nada puede hacer frente al poder de una mutante de nivel omega -la más alta posible-. De hecho, se pregunta porque Norman no utilizó a un mutante o a un ser con habilidades telepáticas; el resultado final no hubiera sido necesariamente mejor, aunque sí más complicado de invertir. En pocos segundos obtiene la respuesta. Se da cuenta de que los recuerdos implantados fueron pensados con minuciosidad, trasladados de la mente de Norman a la de sus rehenes, sin ningún intermediario que los adulterase. En el fondo, era un buen plan, sin embargo, no fue concebido para rechazar a la, hace años, conocida como Reina Blanca.
—–El borrado de los recuerdos implantados es un hecho. Comienza la búsqueda de las vivencias reales compartidas entre Peter y cada uno de los pacientes. Mary Jane es la primera.
—–Emma rastrea el recuerdo que marca la relación entre dos personas: el día en que se conocen. Lo encuentra; y no puede evitar esbozar una sonrisa ante el desparpajo de Mary Jane al mostrarse en la casa de un inocente Peter. Hallado el recuerdo primigenio es fácil para la telépata tirar del hilo, sacando a la luz, de forma cronológica, las diferentes vivencias compartidas. De modo que una reunión con la pandilla; formada por Harry, Flash y Gwen; en la cafetería Silver Spoon, da paso a un acto de amistad verdadera, por parte de Mary Jane, al permanecer junto a Peter ante la muerte de Gwen. Avanzando en el tiempo, Emma ve un apartamento en el barrio de Chelsea, donde un confiado Peter es sorprendido cuando Mary Jane revela que sabe su secreto cómo Spider-Man… Ese instante conduce a un paseo junto al Castillo Belvedere en Central Park, donde más secretos salen a la luz, haciendo que los dos amigos empiecen a ser algo más… Las imágenes se vuelven cada vez más nítidas y se manifiestan con mayor rapidez. Peter pide matrimonio a Mary Jane. A la segunda, ella acepta. Se casan… A pesar de las dificultades, la felicidad es creciente. Entonces, se vuelve desbordante; van a ser padres… Sin embargo, la tragedia toma forma dando paso al dolor y al llanto… Tía May muere y, poco después, Mayday ni siquiera nace… Aprendiendo a convivir con la pérdida, descubren que tía May sigue viva. Inaudita sorpresa que pasa a segundo plano cuando Mary Jane desaparece y es dada por muerta en un accidente de avión. En realidad, estaba secuestrada. Meses después, Peter logra encontrarla y rescatarla… De nuevo juntos, algo no funciona; el dolor y el miedo les impide avanzar; necesitan un tiempo: ella viaja a Los Ángeles… Reencuentro imprevisto en el Aeropuerto de Denver, que conlleva a una realidad: se necesitan el uno al otro… Estabilidad… Éxito: ella en Broadway, él en Los Vengadores… La Torre Stark… Acta de Registro… Guerra civil entre superhéroes… Un disparo… Tía May en el hospital… El dios de la mentira trae esperanza… Una carta… Una niña… Una nueva oportunidad… Una vida más… La mente de Mary Jane se restablece; vuelve a ser ella. Agotado, Peter tiembla ante la visión de todas estas vivencias.
—––Ya está. ¿Descansamos? –pregunta Emma.
—––Só-sólo necesito…
—––Lo sé; demasiados recuerdos y emociones en pocos minutos… Recobra el aliento -se reclina sobre el respaldo de la silla.
—––¿Có-cómo está…? –pregunta Peter.
—––No hay ningún indicio de anomalía. Reviso su mente en busca de esos recuerdos positivos sobre Norman y de las vivencias junto a Mayday… No encuentro nada, salvo el episodio de la cocina –dice sonriente y con tono tranquilizador–. Se emociona cuando evoca ese instante.
—––¿En serio…? Entonces, ¿está bien?
—––Completamente. La hemos recuperado –asevera–. Cuando tu digas, continuamos con Liz.
—––Claro… Cuando quieras… No; espera, espera –dice, aún exhausto. Respira en profundidad, intentando concentrarse–. Creo que ya.
—–<<¡Prosigamos!>>
—–El proceso con Liz es idéntico pero más sencillo pues, gracias a la vuelta de Mary Jane, hay una segunda mente ejerciendo de nexo y en la que buscar experiencias compartidas. Emma vislumbra el instante en el que la puerta principal de un apartamento es abierta, desde dentro, por Mary Jane; quien se asusta al ver en el rellano a Peter sosteniendo a, una desconocida, Liz Allan, al borde del desmayo. La telépata ha encontrado el hilo; ya sólo debe tirar de él. En pocos minutos, los recuerdos se vuelven tan nítidos que, por sí mismos, se embarcan hacia el alumbramiento de Normie, en el que, junto a Liz y a su padre Harry, también estuvieron Peter y Mary Jane. Emma contempla este círculo casi perfecto de vivencias, que le permite recuperar la mente de Liz y le guía para adentrarse en la del pequeño, cuya mente, aún protegida por la inocencia, es fácil de moldear pero frágil como la porcelana. Si Emma tira con demasiada fuerza del hilo podría descoser su mente; por lo que se concentra para explorarla con sumo cuidado; extrayendo recuerdos compartidos con su madre y quienes siempre ha considerado como sus tíos. Algunas de estas vivencias ni siquiera las recuerda pero, sin duda, permanecen en su interior; dado que están aposentados en la inabarcable capacidad del cerebro humano. En cuestión de minutos, gracias a las tres mentes que actúan como nexo, Normie recupera la suya hasta el momento previo de ser raptado por su abuelo. Cómo Peter determinó antes de la intervención; a partir de ahí, Liz es quien debe decidir si su hijo ha de mantener todos sus recuerdos hasta ese instante o albergar unos nuevos.
—––Buen trabajo, Peter –le felicita la telépata con amplia satisfacción–. Descansemos un rato -se pone en píe, realizando movimientos circulares con el cuello.
—––Como digas… tú eres la experta… –dice él, inquieto. Se apoya sobre el posabrazos izquierdo, por culpa del agotamiento.
—––Así es. Y cómo experta recomiendo que te relajes; veo que aún no estás listo para hacer frente a Mary Jane. Tranquilo, no voy a despertarla hasta que te sientas preparado para ello… Comprendo tu miedo.
—––Tu lo comprendes todo… –responde él con tono grosero.
—––Te aseguro que no es agradable ver dentro de la mente de otra persona. Al menos, no al principio –dice Emma, con intención de abstraer la mente de Peter; sabedora de que, por ahora, no existe voluntad de réplica por parte de él; debido al agotamiento–. Cuando mis poderes despertaron, fue una jodida tortura; todas esas voces en mi cabeza; todos esos pensamientos. Poco a poco me acostumbré a sentir cada decepción, cada alegría, cada miedo, cada afán de superación de quienes me rodeaban. Entonces, llegó el momento en el que debí elegir mi camino, como tú hiciste con el tuyo, y me limité a preguntarme si utilizaría, o no, mis habilidades en mi beneficio… Renuncié a sentir por los demás y a preocuparse sólo por mis interese. Sobretodo, poder. Fui desarrollando mis habilidades a pasos agigantados; llegando a hacer cosas que hoy, probablemente, me negaría a realizar. Es por ello que he alcanzado un grado de empatía bastante inusual, ya que soy demasiado consciente del daño que he causado a otras personas –con cada nueva frase, el interés de Peter aumenta, dejando a un lado el cansancio–. Ahora, siento como propias las emociones ajenas. Por supuesto, puedo distanciarme de dichas emociones, pero hay ocasiones en que, sencillamente, no quiero; y esta es una de ellas… Involucrarme tanto no suele ser un plato de buen gusto, pero me da opciones para ofrecer la mejor solución a una mente necesitada de ayuda; como la tuya… Te enfrentas a la decisión más difícil que se os ha presentado a Mary Jane y a ti, lo sé; sin embargo, deberías plantearte que tienes la posibilidad de hacer frente a esa decisión. Hay muchos padres cuyos hijos desaparecen o son raptados y nunca vuelven a saber de ellos… Sé que tu situación es excepcional, pero el dolor, en esencia, es el mismo, y, como he dicho, se te ha dado la oportunidad de recuperar a tu hija. No todos tienen esa suerte –apostilla, mientras se sienta de nuevo, con un tono melancólico que pasa desapercibido para Peter.
—––Dudo que muchas de esas personas que mencionas tengan a un tipo como Norman haciéndoles la vida imposible, a cada momento, desde hace quince años…
—––Ya he recalcado que tu situación es excepcional. Así que cambia esa actitud, ¡por favor! –Peter muestra su desacuerdo, negando con la cabeza. Intenta rebatir a Emma, sin embargo, ella continúa hablando–. Lo que debes hacer es respirar de forma regular; como yo. Insufla de vida tus pulmones. Llénalos suavemente y siente la paz al expulsar el aire nocivo por la boca… –en un principio, Peter ignora las indicaciones de Emma. Pero, sin darse cuenta, termina por emularla–. Eso es. Repetiremos el ejercicio varias veces.
—–Así lo hacen hasta que Peter coge la dinámica y logra calmarse. Entretanto, Emma describe los paso a seguir.
—––Despertaremos a MJ, progresivamente. Crearé un vínculo telepático entre vosotros con el que podréis comunicaros. Pero antes, aumentaré su actividad cerebral hasta la primera fase del sueño lento; haciéndola capaz de percibir estímulos auditivos y táctiles; permitiendo así dicha comunicación. Obviamente, sus ojos permanecerán cerrados. Poco a poco, su mente se adaptará a un estado de conciencia pleno. Como es lógico, estaré escuchando e intervendré, sólo, si la situación lo requiere… Y tranquilo –dice ella, viendo los pensamientos de Peter–, nada de alterar su estado emocional. Será ella misma en todo momento.
—––Gracias –apresura a decir.
—––Colócate junto a ella. Centra tu mente y elige sabiamente tus palabras.
—–Peter asiente, reflexivo. Se pone en píe, rodeando la silla para alcanzar, en pocos pasos, la camilla de Mary jane; apontocándose en el borde izquierdo.
—–<<¿Listo?>>
—–<<¿Para qué preguntas?>>
—–<<Cierto… –responde Emma, resignada, al tiempo que estable la conexión telepática entre Peter y Mary Jane–. ¡Adelante!>> –le notifica.
—–Peter cierra los ojos. Intenta liberar tensión abriendo y cerrando los puños. Resopla, dilatando el tiempo lo máximo posible. Inspira y se inclina hacia ella.
—–<<Mary Jane, soy Peter –dice con suavidad–. ¿Me oyes?>> –pregunta, acariciándole la mejilla.
—–No hay respuesta.
—–<<MJ, ¿me oyes?>> -añade con dulzura.
—–<<¿Pe…? ¿Peter?>>
—–<<Sí…>> –responde nervioso.
—–<<Me siento rara… >>
—–Él no contesta.
—–<<He soñado algo muy extraño…>> –agrega ella.
—–Peter continua ausente.
—–<<¿Estás ahí? ¿Por qué no respondes?>>
—–<<¡Reacciona!>> –le advierte Emma.
—–El aviso surte efecto.
—–<<Perdona… Estaba pensando…>> –responde a Mary Jane, dubitativo.
—–<<¿Qué pasa? No… No puedo verte>> –contesta preocupada.
—–Emma sigue hablando a la mente de Peter.
—–<<Cógela de la mano. El contacto la calmará.>>
—–Él sigue la indicación.
—–<<Estoy aquí, MJ –dice mientras le agarra de las manos. Ella se sobresalta, a pesar de permanecer semidormida-. No te asustes…>>
—–<<Siento tus manos… pero no… no las veo… ¿Qué…?  ¿Qué le pasa a mis ojos?>> –se inquieta.
—–<<Tus ojos están bien, cariño… –Peter intenta encontras las palabras–. Digamos que estás en una especie de trance…>>
—–<<¿Trance?>>
—–<<Sí, es decir… No es fácil de explicar…>>
—–<<Me estás asustando>>
—–<<A ver… Estás dormida… Pero nuestras mentes… Hablamos mentalmente.>>
—–<<¿Te refieres a telepatía?>>
—–<<Sí…>>
—–<<Pero… ¿Qué sucede?>>
—–<<Es que…>>
—–<<¡Dilo!>> –se exaspera ella.
—–<<Estamos hablando por telepatía gracias a Emma Frost, la directora de… >>
—–<<Sé quien es>> –irrumpe ella.
—–<<Sí, cierto… Entonces, sabes que… Bueno, que ella…>> –vuelve a titubear.
—–<<Intento ayudaros, MJ>> –interviene Emma.
—–Mary Jane da un respingo.
—–<<Disculpa mí brusquedad, pero Peter tardaba demasiado en responder y nos estaba poniendo nerviosas, a ambas.>>
—–<<No era mi intención…>> –dice él, pesaroso.
—–<<Eso ya no importa, ¿verdad, querida? Debo admitir que es un honor estar en presencia de una modelo de reconocida talla, además de protagonista de “Hospital Secreto”.>>
—–<<Yo… no…>> –duda Mary Jane.
—–<<No te preocupes. Es comprensible que no sientas el mismo agrado por hablar conmigo en estas circunstancias… Y claro que veía la serie. Estamos de acuerdo en que no tenía altas cotas de calidad pero, al menos, entretenía. Y por lo que a mí respecta, me permitía desconectar durante unas horas.>>
—–<<Ah…>> –la incertidumbre crece en Mary Jane
—–<<No debes asustarte, MJ, en seguida responderemos a todas tus preguntas. Para ello, necesito que intentes relajarte. Déjate guiar –con parsimonia y un tono amistoso, Emma le da las pertinentes instrucciones–. Respira como yo. Insufla de vida tus pulmones. Llénalos suavemente y siente la paz al expulsar el aire nocivo por la boca… –Mary Jane, poco a poco, la emula–. Eso es. Repetiremos el ejercicio varias veces…  A continuación, verás en tu mente cuanto ha sucedido hasta el día de hoy, y podrás comprender los porqués.>>
—–Cuando Mary Jane asume la dinámica, Emma comienza a mostrar las imágenes. Lo hace con mesura, para no desbordar la todavía frágil mente de la pelirroja. Poco a poco, las imágenes la ponen al día de lo ocurrido en los últimos días. Generando más preguntas que respuestas;  hasta el punto de que las dudas se transforman en temor; mucho temor.
—–<<Ella… murió…>> –alcanza a pensar Mary Jane, atónita al saber que no fue así.
—–Emma; consciente de las emociones que embargan a quien minutos atrás no tenía constancia de que es madre, desde hace cinco años; responde con tino y convicción.
—–<<Al contrario, Mary Jane. Ya ves que está viva.>>
—–<<No… No… -se agita. Peter la vuelve a acariciar, aún así, el nerviosismo de ella va en aumento, volviendo insignificante el intento de calmarla–. Todo este tiempo… ¿Qué hemos hecho?>> –proyecta un grito psíquico lleno de agonía, ante el que Emma está más que protegida, pero Peter no; sintiendo el aullido como un taladro.
—––¡Argh! –se lleva las manos a la cabeza.
—–Emma procura controlar la agitación de Mary Jane.
—–<<No es momento de dejarse llevar por el pánico o la culpa, si no de actuar.>>
—–<<¡Está muerta! ¡No la oí llorar! -su respiración se acelera, al igual que sus pulsaciones, hasta niveles anormales y preocupantes–. Dime que es mentira… No la secuestró… –dice, despavorida–. ¡Dilo, Peter! –y tan pronto como dieron comienzo, los alaridos psíquicos desaparecen. La respiración de Mary Jane vuelve a la normalidad–. Quiero verla. Quiero ver a mi hija>> –dice con absoluta calma y aceptación.
—–Aquejado, aún, por el grito telepático, Peter se da cuenta del cambio en Mary Jane y mira a Emma de un modo desafiante.
—––¿Qué le has hecho?
—––Estaba al borde de un colapso. Sólo he facilitado que el lóbulo frontal asuma el control respecto al resto del sistema límbico, reduciendo así el intercambio de información entre el hipocampo y la amígdala, para minimizar el dolor emocional que le causa recordar la pérdida de vuestra hija hace cinco años. Ahora que el córtex prefrontal impera, también lo hará su capacidad de razonamiento, control de los impulsos, su juicio y resolución de problemas; permitiéndola asimilar la verdad y obrar en consecuencia.
—––Dijimos que nada de alterar su mente –reprocha.
—––Recuerda que intentamos solucionar un problema, no agravarlo. Y no temas, porque en ningún momento ha dejado de ser ella.
—––¿Y cómo lo sé? -desconfía, rememorando el turbio pasado de Emma.
—––De modo que eso es lo que piensas… Está bien, Peter. ¿Quieres saber por qué siento especial empatía por vuestra situación? Porque yo también sé lo que es perder a un bebé –el rostro de Peter pasa de la furia a un terrorífico asombro–. La diferencia reside en que yo elegí perderlo… –aclara Emma; logrando captar, también, la atención de Mary Jane; que puede escuchar los sonidos de su alrededor.
—––No… No tenía ni idea… –argumenta Peter, confuso.
—––Sólo Scott lo sabe… Imagina a la Reina Blanca del Club Fuego Infernal con un bebé. ¿Qué futuro le habría esperado? El club no debía descubrirlo… Siempre me respondo que era lo mejor para él o ella… De lo contrario, le habrían utilizado para sus propios fines… ¿Pretendo que ayudaros con vuestra hija sea una forma de expiación? Quizá… Aunque prefiero creer que soy responsable de mis actos, para bien o para mal, y que soy mejor que una simple búsqueda de redención o perdón…
—–Peter no sabe qué decir, sin embargo, Mary Jane si acierta con las palabras:
—–<<Pero tu decidiste, Emma –dice con una frialdad que hiere–. A mí me la arrebataron… Necesito verla, ¡por favor!>> –implora.
—–Contemplando el apuro de la aún turbada madre, Emma la despierta por completo. Mary Jane abre los ojos. Su visión está borrosa, por lo que parpadea repetidas veces. La luz tenue de la habitación apenas le molesta mientras intenta enfocar el objetivo más próximo.
—––¡Peter! –dice al verle. Él, un tanto inseguro, se inclina hacia ella para volver a acariciarle la mejilla. Al sentir la humedad de las manos sudadas de Peter; ella se encoge, ante lo cual, él las retira. Sin embargo, Mary Jane le agarra una de las manos y la posa sobre un lado de su cara, dejando que los dedos de él resbalen por su piel mientras le mira a los ojos–. Está a mi derecha, ¿verdad?
—–Con un nudo en la garganta, él asiente, señalando tembloroso con la otra mano.
—–Despacio, Mary Jane desvía la mirada hacia el lado indicado. Sus ojos se topan con la camilla en la que descansa una niña pelirroja. Mary Jane aprieta, con extrema fuerza, la mano de Peter, sin retirar la mirada de la pequeña. Queda paralizada durante unos instantes.
—––¿Estás bien? –pregunta él, intentando mostrar entereza.
—–Ella no dice nada, sólo intenta incorporarse, al tiempo que él se apresura a ayudarla.
—––Ve con cuidado; has estado mucho tiempo sin moverte -advierte él; debido al sueño inducido, tan prolongado, al que ella ha estado expuesta. De hecho, termina mareada; buscando un punto de apoyo en su propia camilla. Transcurridos unos segundos, indica con la mano que está bien y vuelve a centrar la vista en la niña. Al contemplar su pequeño rostro adornado de pecas; nota como las pulsaciones se le aceleran. Por mero impulso, da un paso hacia adelante, situándose junto a la camilla de la pequeña; y sin pretenderlo, roza con su mano izquierda una porción de piel de la niña; sintiendo un escalofrío que le hace encoger los dedos. Desvía los ojos hacia el lugar del contacto; donde el antebrazo izquierdo de la niña está a escasos centímetros. Tras un breve momento de duda, estira los dedos, palpando la piel de la chiquilla. Acaricia con suavidad su antebrazo y lo recorre entero hasta alcanzar el dorso de la mano; dibujando una línea imaginaria hasta los pequeños dedos; para tocarlos con mimo. Mira de nuevo el angelical rostro pecoso de la niña y le coge de la mano izquierda, inclinándose para posar dicha mano sobre su mejilla, al tiempo que alarga el brazo derecho con intención de tocar la cara de la cría; cuyos delicados y pequeños dedos cobran repentina vida sobre el rostro de Mary Jane; estremeciéndola. El cuerpo de la madre tiembla por completo, pues lo siente; está tocando a su hija. Lágrimas brotan. Se abalanza sobre Mayday; abrazándola con suma pasión.
—–Peter; que permanece de píe tras la camilla en la que reposaba Mary Jane, a tan solo un metro de la camilla de la niña; observa el abrazo con melancolía; dudando si debe o no acudir junto a ellas.
—–<<Ten paciencia. Lo más prudente, ahora mismo, es darla tiempo y espacio>> –irrumpe Emma, contemplando la escena. Peter mira a la telépata, sorprendido al descubrir sus ojos vidriosos–. Yo también tengo mi corazoncito –advierte ella, que le devuelve la mirada–. ¿Cómo estás?>> –pregunta con gentileza.
—–<<Sabes perfectamente como estoy>> –dice, con cierta resignación.
—–<<Sí, pero quiero escucharlo de tu “boca”>> –realiza el gesto de entre comillas.
—–<<¿Para qué? ¿Hará que me sienta mejor o que cambien las cosas?>>
—–<<No, por supuesto que no. Al menos por ahora… Dado que no tengo el poder de retroceder en el tiempo… Todavía>> –apostilla, intentando rebajar la tensión.
—–<< Sé lo que intentas hacer…>> -manifiesta Peter.
—–<<¿Ah, sí? Ilústrame.>>
—–<<Y te lo agradezco. Todo lo que estas haciendo, pero…>>
—–<<Pero nada. Os encontráis en una situación muy delicada, por eso estoy aquí; para ayudaros a salir de ella. Especialmente estando Tony o SHIELD de por medio, y tratándose de la vida de vuestra hija… –suspira–. Hasta hace poco creía que esto del amor no era para mí, pero incluso alguien con mi pasado, puede caer en sus garras…. Scott y la escuela es lo mejor que me han pasado nunca. Obviamente, les hago creer lo contrario, pero esos malditos críos saben cómo ganarme… Quién lo diría, ¿verdad? Ahí reside el encanto de la vida; en no saber qué ocurrirá mañana. ¿Sabes? No querría ser alguien con capacidad de ver el futuro, arruinaría la diversión y ¿qué es la vida sin…?>> 
—––Peter –dice Mary Jane, en voz baja, con la mirada fija en su pequeña. Él acude junto a ellas, pero manteniendo una leve distancia que pasa desapercibida para Mary Jane, que habla, sin desviar la vista del rostro dormido de Mayday:
—––Nunca perdiste la esperanza…
—––Pero tuve mucho miedo –admite; intentando mostrar serenidad
—––Aún así… Creíste en que volvería a nuestro lado.
—––Ya, bueno… –se desinfla. Ella lo nota al instante.
—––¿Qué te ocurre, Peter? -vuelve la vista hacia él.
—–Emma intenta ver lo que le atormenta; pero incapaz de acceder a la totalidad de su mente; decide esperar.
—––No sé cómo afrontar esto… –dice él, bajando la mirada. Mary Jane se muestra confusa–. No sé si podré mirar a nuestra hija sin sentir… la risa de Norman burlándose de mi… Te-Temo no ser capaz de quererla –confiesa.
—–Sin soltar a la pequeña, Mary Jane conduce la mano hasta el rostro de Peter. Le acaricia.
—––Creo que te entiendo… Sabes que Mayday es inocente, ¿verdad? No puedes pagar con ella lo que Norman nos ha hecho. No eres el único al que le hierve que ese malnacido haya moldeado su personalidad y la haya hecho feliz… Pero… ¿debemos renunciar a lo poco que tenemos de nuestra hija, por el rencor que sentimos hacia él? O ¿arriesgarnos a que ella retroceda cinco años? -la cara de él se endurece–. Sí, Peter. Emma me ha mostrado los riesgos de eliminar su principal vínculo afectivo real o las diferentes experiencias que han definido su personalidad durante estos años –no hay respuesta por parte de Peter. Sólo un paso hacia atrás acompañado de media vuelta; alejándose de madre e hija–. ¿Qué te pasa? –pregunta, asustada.
—–<<¡Mierda!>> –piensa Emma, asfixiada  por el remordimiento.
—––¡Norman ha vencido! –dice él, cayendo de rodillas.
—––¡Peter! -se asusta Mary Jane; que suelta a Mayday con el mayor cuidado posible; posando su cuerpo en la camilla. Acude hacia él, mientras le habla a Emma–. Puedes ver dentro de su mente, ¿qué le pasa?
—–La telépata inspira con fuerza, intentando calmarse a sí misma.
—––Es… delicado… –alcanza a responder; petrificada en la silla.
—–Mary Jane se arrodilla frente a Peter, buscando su mirada; pero él la evita; una vez más.
—––¡Escúchame! –le coge de la cara–. En el hospital me pediste que confiara en ti… Ahora te pido que tu confíes en mi… Cuéntame, ¿qué sucede?
—–Él sigue sin hablar. Alarmada, alza la vista hacia Emma, que siente el pavor que inunda a la pelirroja. La telétapa traga saliva y, con pesar, contesta:
—––Peter intentó… –cierra los ojos–, matar a Norman.
—–La cara de Mary Jane muestra el mayor de los espantos.
—––Peter no haría…
—––¡Te equivocas! –grita él, entre sollozos–. Norman tenía razón… Yo… –se lleva las manos  a la cara.
—––Pero sigue vivo… -sin soltarle, Mary Jane mira otra vez a Emma-. ¿Verdad? –pregunta con miedo.
—–La telépata asiente con la cabeza:
—––El Simbionte se interpuso –añade, compungida.
—––¿El Simbionte? ¿Te… Te refieres a Venom?
—––No, al Simbionte -intenta aclarar–. Venom es la unión del…
—––¡Me da igual! -interrumpe Mary Jane-. ¿Qué hacía allí? Y ¿por qué eso no me lo enseñaste?
—–Emma palidece ante la cuestión. Se levanta, dando un rodeo sobre la silla.
—––Os contaré la verdad… Y me disculpo de antemano.
—––¿Qué has hecho? -pregunta Mary Jane con mirada acusadora.
—–Peter, por el contrario, permanece con la cabeza gacha. A duras penas presta atención a lo que sucede a su alrededor. No así la pelirroja, que escucha a Emma con total interés.
—––Cuando Tony y los demás llegaron a la isla para rescataros… Peter estaba en fase de catatonia retardada con catalepsia… Al intentar… eso a Norman… su mente no pudo soportarlo y se quebró. Tantos años luchando contra sí mismo para no cruzar la línea… Si no la traspasó fue gracias al Simbionte.
—––¿Por qué? ¿Qué motivos tenía ese bicho para hacer tal cosa?
—––Mayday –responde Emma.
—––¿Mayday? –pregunta aterrada.
—––Al contrario, no pretendía hacerla daño. Ese sueño que crees haber tenido no fue un sueño…
—––El Simbionte y yo…
—––¡Sí! Salvaste a Peter del alien; y al hacerlo, te uniste a él; compartiendo vivencias y sentimientos. No fue durante mucho tiempo, pero sí el suficiente como para que el alien   se viera reflejado en tu dolor; al igual que tu en el suyo –Mary Jane se le encoge el corazón al recordar el vacío del Simbionte ante la pérdida de sus bebés–. Esa experiencia le dio un nuevo propósito;  dejando a un lado su deseo de venganza contra Peter. Os ayudó a recuperar a Mayday.
—––Y… ¿Qué es de él?
—––No hay indicios de que escapase a la explosión… Pero sí sé que tu hija y tu le disteis un nuevo significado a su existencia; hasta el punto de sacrificar la misma por vosotras –culmina Emma.
—–Mary Jane gesticula con las manos, solicitando tiempo.
—––Esa cosa amenazó con comerme en varias ocasiones… Y ahora…
—––Es lógico que estés confusa; agradecida y aterrada a la vez; pero tranquila; Hank os examinó con ultrasonidos, en busca de posibles embriones o algún resto escondido del Simbionte. Estáis limpios…
—––¿Limpios?
—––Peter y tu; por supuesto. Tras evitar eso… El alien también se unió a Pter, pero sin olvidar su objetivo: salvaros y devolveros a vuestra pequeña… Y lo sé, esto no explica porque intenté ocultaros la presencia del Simbionte.
—––Y… Y a ¿qué esperas? Has dichos que nos contarías la verdad.
—–Emma inspira.
—––Miedo…
—–Mary Jane mira extrañada.
—––Al lograr revertir el estado de catatonia Peter, su mente parecía no recordar el instante en que… En ocasiones, nuestra mente nos protege de momentos traumáticos; ocultándolos en lo más recóndito de nuestro cerebro, pero nunca eliminándolos… Vi que este momento traumático podía volver a manifestarse; bajo condiciones impredecibles. Quería evitarlo a toda costa; y para ello quise borrarlo, por completo, de su cabeza. Pero algo me lo impide.  
—––¿Impide? –dice Mary Jane mirando, extrañada, a Peter; que permanece ausente.
—–Emma carraspea antes de responder.
—––Algún tipo de barrera psíquica, que ni tan siquiera yo podía traspasar… De modo que sí ese instante permanecía dormido en el fondo de su memoria, debía intentar, al menos, difuminar aquellos otros elementos que pudieran despertarlo; y consideré que el Simbionte era lo más sencillo; ya que vuestro encuentro con él os pasó a ambos, conscientemente, desapercibido… Erré en mi decisión; y me disculpo por ello.
—––Aunque tus intenciones eran buenas actuaste como Tony… No podemos confiar en ti.
—––¡No me compares con él! –Emma empieza a alterarse–. Lo que he hecho ha sido con la intención de ayudaros… –se detiene a analizar su propio estado emocional–. Pero está claro que las intenciones, a veces, no bastan… –afirma, tratando de calmarse.
—––No; no bastan… –mira a Peter–.  ¿Qué es esa barrera?
—––No hallaremos la respuesta en su cabeza. Ya he buscado y no he encontrado nada…
—––¿Cómo es posible…?
—––No tengo la respuesta…
—––¿No la tienes o no quieres decírmela? –vuelve la vista hacia Emma.
—––Sin embargo –la mira con frialdad–, como recuerdas, antes de acudir a vuestra reunión en el parking, Peter desapareció durante varias horas. En ese intervalo fue hasta la Torre Stark y entregó la carta a Jarvis; el tiempo restante es difuso…Sólo es una hipótesis, pero tal vez buscara ayuda para protegerse de un posible control mental por parte de Norman. Algo que, como ya sabes, ha intentado en anteriores ocasiones…
—––¿A quien acudiste, Peter? –le observa afligida.
—––También pensé en el Dr. Extraño o en Loki… Explicaría porque no puedo traspasar dicha barrera, dado que sus poderes superan a los míos… Pero son sólo conjeturas; como esa tal Madame Web en la que piensas ahora. Puedo verla en tu mente, pero no en la de Peter; y eso me inquieta… Lo único cierto es que esa barrera le protegió del cambio de recuerdos de Norman y le dio tiempo al Simbionte para act…
—––¡Esa barrera no impidió que me convierta en un asesino! -vocifera Peter.
—––No eres un asesino –replica Mary Jane.
—––Sí lo soy… –asiente con voz temblorosa. Permanece alicaído, sin moverse.
—––No eres un…
—––Estaba decidido a hacerlo… –confiesa, incapaz de seguir reprimiéndose. Llora.
—–Sin poder atisbar el alcance de la angustia que se apodera de la persona que ama, Mary Jane toma una determinación:
—––Quiero ver que pasó exactamente.
—––No creo que sea buena idea… –responde Emma.
—––¡Necesito saberlo! Además, no estás en posición de decir lo que es o no buena idea –reprende Mary Jane, tajante.
—–Emma resopla ante la convicción de la pelirroja.
—––¿Estás segura?
—––¡No! Por favor -interviene Peter, con evidente muestra de pánico.
—––No tengas miedo, Pete –afirma Mary Jane, con confianza. Le coge de la cara–. Nada me hará cambiar de opinión sobre ti. Estoy muy segura de quien eres.
—–Él cierra los ojos y se vence a la impotencia que recorre cada recodo de su ser. Aprieta la mandíbula con extrema fuerza; tensando el cuello, pero con los brazos caídos; casi muertos. Rememora aquel instante. El dolor, el odio creciente. Mary Jane le acaricia, intentando mitigar la agonía que le aqueja; consciente de que no lo conseguirá. Decidida a conocer la verdad, levanta la mirada hacia Emma.
—––Dada tu determinación, no me queda más remedio… –Emma avanza hasta ellos; extendiendo las manos sobre la cabeza de Mary Jane–. Respira como te indiqué antes –solicita.
—–Mary Jane se inclina hacia Peter.
—––¡Estamos juntos en esto! No lo olvides –le besa en la frente mientras cierra los ojos e inspira, llenando de aire sus pulmones.
—––¡Allá voy! –Emma da inicio a la sucesión de imágenes. Conforme estas avanzan, Mary Jane presiona, más y más, sus labios contra la frente de Peter. Le abraza. Poco a poco, comprende e, incluso, siente el mismo dolor que él padeció cuando estaba preso en la camilla metálica, obligado a ver las vivencias y los recuerdos implantados por Norman, y que tanto han influido, en Mayday, a lo largo de su corta vida. Las imágenes ficticias cobran vida, se vuelven tangibles, se transforman en una dura pero bella realidad. Su hija, hasta la fecha de hoy, ha sido la viva imagen de la felicidad. Mary Jane llora al contemplar la verdad; que nada de lo que ve le resulta familiar: el nacimiento de Mayday; su extraño bautizo con Norman como padrino; sus primeros pasos; sus primeras palabras; aquellas navidades en que Norman se disfrazó de Papa Noel verde; aquel día de playa en que Normie le cedió sus manguitos para nadar; su primer día de colegio; su primer diente de leche caído; la visita al parque de atracciones saltando, juntas, en una cama elástica; la torre de bolas de helado que se le cayó a Peter al suelo para burla de Normie y Mary Jane mientras Mayday le ofrecía parte de su cucurucho; el desastroso corte de pelo que Mary Jane y la pequeña hicieron a Peter; la broma que le gastaron a Norman durante una siesta llenando su mano de espuma y haciéndole cosquillas en la cara…
La decisión se torna en un infierno con el que convivir, pues, como ella temía, la persona que más desprecia ha regalado a su pequeña, la infancia que ella anhelaba ofrecer. Una infancia que Norman impidió que compartiesen; una vida juntas arrebatada… Sin llegar al instante en que Peter perdió la cordura en pos de desear la muerte de su mayor enemigo, Mary Jane se pregunta si, por rencor, eliminará los desquiciantes pero hermosos recuerdos que persisten en la inocente cabeza de su hija y que, además, definen la persona que es. O si, por el contrario, permitirá que, por el bien de la pequeña, Norman triunfe.
—–Mary Jane hace un gesto a Emma para que pare. Abre los ojos y observa con ternura a Peter, que continúa vencido. Sin preguntar y sin necesidad de saber cómo intentó deshacerse de Norman, procura que sus brazos ocupen la mayor parte del tronco de Peter. Más que nunca, desea protegerle; devolverle una porción del bien que él hace al mundo. Entonces, el hombre da paso al niño, que se siente indefenso frente a la realidad. El alma de Peter se rompe; y el llanto impera.
—–Mary Jane permanece abrazada a él, dejando que suelte cuanto le consume.
—––No debes dejar que ese instante defina quien eres, Peter. ¿Crees que yo no he deseado matar a Osborn? ¿A él o a cualquiera de los que han intentado destruir nuestra vida? ¿Debo recordarte que para protegerme de Jonathan Caesar, el tipo que me acosaba, fui a una armería? Estaba dispuesta a todo; sostuve un revolver entre mis manos…
—––Ni siquiera lo compraste… –logra replicar, aún lloroso–. Decidiste no hacerlo… Pero yo… Si de mi hubiera dependido, Norman estaría muerto ahora mismo.
—––¡Mírame Peter! –le ordena Mary Jane. Él se muestra reacio–. ¡He dicho que me mires! –insiste; logrando así su objetivo. Los ojos de Peter muestran un profundo pesar–. Entonces ¿ya has decidido que ese instante condicione tu futuro? Creía que tu odio hacia Norman sucumbió, hace años, ante tu amor por Gwen, por tía May o por mí. Date cuenta, Peter; nada de lo que nos ha hecho ese… –se contiene–, ser, te ha impedido convertirte en la persona tan maravillosa que tus tíos criaron… A mí también me aterra afrontar que Mayday, de repente, ha estado viva todo este tiempo y que nos hemos perdido cinco años de su vida… Y-y… no dejo de preguntarme si estaremos a la altura… Pero también me pregunto si ceder al miedo, a la culpa o al odio sea lo mejor para ella…
—–La reacción de Peter es inmediata. Tal vez contraria a lo que podría esperarse de una persona con sus habilidades; que ha visitado mundos y dimensiones que escapan a toda comprensión. Sin embargo, devuelve el abrazo como si fuera su último aliento; terminando de liberar el dolor que le invade. En un instante, el peso de toda una vida dedicada a mantener y anteponer el bienestar del mundo, al suyo propio; hasta el punto de hacerle perder a seres amados; se vuelve insostenible.
—–Mary Jane lo abraza con tanta fuerza como le es posible; y a pesar de la tristeza que  siente ante el sufrimiento de Peter, esboza una pequeña sonrisa.
—––Recuerdo lo que nos hacia sentir cuando aún estaba dentro de mí. Y tu cara al notar sus patadas –dice ella, con suavidad; dejando que broten lágrimas de sus ojos–. Estoy segura de que ese brillo no ha desaparecido. Vamos a encontrarlo, juntos; y a hacer feliz a nuestra pequeña; cueste lo que cueste… Tenemos el poder para lograrlo; ¿sabes por qué? Te daré una pista… –le susurra al oído–. Tío Ben te lo enseñó.
—–Peter sorbe por la nariz, intentando contener el llanto.
—––Es (sniff)… Es nuestra responsabilidad…
—––Exacto. Y si es necesario que Emma modifique nuestra memoria por los recuerdos de Mayday; con tal de que ella sea feliz, yo lo firmo. ¿Y tu?
—––Yo… -responde secándose las lágrimas, mientras moquea
—––Creo que tengo una solución mejor… –dice Emma en voz alta, antes de comunicarse, en secreto, con Mary Jane-. <<Excelentes palabras, por cierto>> –vuelve a hablar en voz alta–. Tal vez no sea una solución del todo satisfactoria, pero la considero menos invasiva que manipular la mente de Mayday para borrar la existencia de Norman o modificar vuestros recuerdos para adaptarlos a los de ella… Es plausible eliminarle de la ecuación.
—––No te sigo –advierte Mary Jane, alarmada. Suelta a Peter y se vuelve hacia Emma
—––Me refiero a hacer creer a Mayday que su “tío” Norman ha fallecido. Realizar incluso un funeral; trajes negros, lágrimas… Vuestra hija tiene cinco años. Si cree que Norman ha muerto, su mente, poco a poco se irá olvidando de él. Pocos recuerdos de nuestra infancia temprana, perduran a lo largo de nuestra vida. Al principio, será doloroso para ella, pero os dará píe a un nuevo comienzo… Eso sí, tendréis que aprender a vivir con la mentira…
—–Mary Jane resopla, llevándose las manos a la cabeza. Se gira para mirar a Peter, que prosigue inmóvil; con rostro meditabundo. Emma habla antes de que él lo haga:
—––Puedo asegurarte que Norman no usa a Mayday como célula durmiente. A diferencia de ti, ellos no tienen una barrera psíquica –añade con desaliento.
—––Sólo me lo creeré si esas palabras salen de la boca de Stephen Strange… –apuntilla Peter, con grosería.
—––Mira Peter –se acuclilla junto a la pareja, mirándole a él a los ojos–. No puedo pasar por alto tu debate interno; tanto si quieres agradecerme que intentase eliminar de tu cabeza, lo sucedido con Norman, cómo si prefieres desconfiar de mi por creerme con la potestad de tomar semejante decisión… Fracasé. Por ello entiendo que te cuestiones si también me estaré equivocando ahora… –Peter se pone en píe, dando la espalda a las dos. Mary Jane se muerde la uña del dedo pulgar. Emma prosigue hablando–. Es comprensible que tengáis miedo de que la utilice para atacaros o para hacerse daño a sí misma; pero os aseguro…
—––¡Ya has hecho bastante! –dice Peter, alzando la voz; camino a la camilla vacía. La telépata se incorpora.
—––Os he fallado una vez y no volverá a pasar. Aún así, si mi palabra no basta, buscaremos a Strange, a Loki, a esa tal Madame Web; a quien haga fal… –enmudece, cerrando los ojos; ante los ojos expectantes de Peter y Mary Jane. Les devuelve la mirada–. ¡Díselo, MJ!
—––Es que… –titubea ella; desviando la mirada hacia él.
—––¡No tengas miedo! –le alienta Emma.
—––Decirme, ¿qué? –pregunta Peter, sin mirarla.
—––Una vez, el Dr. Extraño te escondió a ojos y oídos del mundo con uno de sus hechizos. Los demás, al ver tu cara, no veían tu cara y al escuchar o leer tu nombre, no escuchaban ni leían tu nombre…
—–Peter esboza una imperceptible sonrisa.
—––Es verdad… Logan apostó con Ben Grimm que podría reconocerme aunque Strange me camuflase con uno de sus hechizos… Fue mera diversión; sólo había en juego unos habanos y su estúpido orgullo –la mira con melancolía..
—––Sí, y Logan perdió. Estuviste una semana bajo el hechizo y pasaste inadvertido para el resto del mundo. Si funcionó entonces…
—––Aunque funcionase, primero tendríamos que encontrar a Strange. Y que yo sepa sigue exiliado en la Antartida… –golpea la camilla vacía–. Y aún con todo; seguiríamos viviendo una mentira… –dice Peter, volviendo la vista hacia su hija.
—––No hay victoria sin sacrificio –culmina Emma.
—–Mary Jane se pone en pie y avanza hacia Peter, que mantiene el puño en la zona golpeada, observando a la pequeña. Le alcanza y habla.
—––Mayday merece ser feliz y yo quiero serlo. Y estaré dispuesta a soportar lo que haga falta para lograrlo –le coge de la mano–. Mi pregunta es…
—––Sí… Estoy contigo –responde con rotundidad.
—–Los ojos de Peter y Mary Jane se cruzan. Sus miradas comparten la misma determinación. Entretanto, Emma vuelve a su silla, contemplando la escena con un sentimiento de alegría que no esconde su envidia.
—––¡Ánimo, tigre! Va a salir bien… –dice Mary Jane; dándole la mano–. Tiene que salir bien –añade ella, besándole la frente, mientras busca con la mirada a Emma; quien asiente con la cabeza.