27/07/2016:

Son las 5:28 a.m. Despertado por el excesivo calor y tras una hora deambulando por internet, leyendo noticias sobre la Comic Con de San Diego y las novedades presentadas por Marvel y DC para sus respectivos universos cinematográficos (el segundo trailer de “Dr. Strange” me ha dejado boquiabierto y sigo sin ver con buenos ojos que el Bruce Wayne de la futura película de “JLA” haga las veces del Tony Stark del UCM) y series, entre otras cosas, me enfrento al que, como ya he dicho muchas veces, es mi némesis: yo. Porque en realidad, el tiempo, ha ido poniendo cada elemento de la novela en su sitio y eso lo he comprendido, especialmente, con la publicación del décimo capítulo. Este quería darlo a conocer en enero, pero por fortuna, preferí reescribirlo hasta quedar satisfecho, de modo que seis meses después de lo que tenía en mente, el capítulo diez vio la luz. Ahora, toca reescribir el once. ¿Cuanto tiempo me llevará? Sólo yo puedo responder a la pregunta…

La verdad, no sé bien porque estoy escribiendo esto. Supongo que quería hacer mención a la serie que Marvel va publicar a partir de octubre: “Renew your vows” será una serie… Como dice un amigo: una editorial creando un fan fic propio… Esta futura publicación me da que pensar: es tan frágil lo que un autor construye en torno a un personaje. Da igual lo que haga con dicho personaje, al final, la mayoría de cuanto ha hecho quedará diluido. Aunque la historia que se escriba deba conducir a un inexorable final del personaje o de sus aventuras y se nos prometa el final más épico que se haya escrito; sabemos de buena mano que es algo que no durará. Y si bien podría verse como un reflejo de la vida real en la que nada dura para siempre, se convierte en algo paradójico ya que las editoriales al “deshacer” o “desmontar” esas historias: ya sea resucitando al personaje o con trucos de magia que devuelven a un status quo anterior, lo que están haciendo es intentar que un personaje dure (explotarlo) para siempre; y eso es algo contrario a lo que en un principio fue la filosofía de la casa de las ideas, donde se buscaba un acercamiento a la realidad que, con el paso del tiempo, la propia editorial se ha encargado de romper al intentar que sus personajes vivan eternamente o no envejezcan; y aquí tenemos el claro ejemplo de Peter Parker, el Mefistazo y su vuelta a la soltería. También comprendo el malestar que puede generar que un personaje ficticio deba seguir los cánones que se nos imponen: estudiar, trabajar, buscar pareja, casarte y tener hijos. Patrones sociales preestablecidos que en cierto modo, ¿por qué tienen que imponerse a personajes de ficción? En el caso de Peter lo veo necesario:
Primero, porque potencia su toque dramático. Seamos sinceros, Spider-Man está ligado a la tragedia y sino tiene gente de la que preocuparse, el factor dramático se pierde.
Segundo, porque Peter es uno de nosotros. Es el superhéroe más cercano a los problemas reales de los lectores. Máxime cuando has sufrido acoso escolar, como fue en mi caso, y siempre has sido el patito feo; el inadaptado. Peter lo fue hasta su llegada a la universidad. De hecho, repentinamente, le empezaron a salir las cosas bien a nivel social: amigos y pareja. A quien más a quien menos le han cambiado aspectos de la vida desde que rompe la barrera de los 17-19 años. No me esperaba entonces que mi vida pudiera identificarse con las andaduras sociales de Peter. De hecho, en 2005-2006 , comencé mis estudios superiores y en esa etapa conocí a mis actuales amigos, quienes, probablemente, me acompañen y yo les acompañe allá a donde vayamos hasta el final de nuestros días. O no, porque la vida nos sorprende con giros inesperados, tan inesperados como que en 2007 conocí a mi Gwen Stacy: Sara. La persona que ocupó mi corazón como nadie lo había hecho y que tras la ruptura, dejó un hueco que nadie, en muchos años, ha sabido o yo no he dejado llenar. Y es curioso como, sintiéndome identificado con la evolución social de Peter, llegó un punto de ruptura. Primero, porque él encontró en MJ a su contraparte; llegando así a las nupcias y a intentar formar una familia… Vale, esta etapa arácnida es de mediados de los 90 (yo tenía sólo diez años) y cuando al fin la leí fue en 2002-2003 (rondaba los dieciseis años) pero me impactó mucho como Norman Osborn había destrozado la vida de Peter y MJ. En cierto sentido, había destrozado mi sueño, pues por aquel entonces quería hallar a mi MJ y formar mi propia familia. Afortunadamente, llegó J.M.Straczynski, quien ahondó en la relación de Peter con MJ y con tía May. Una forma de profundizar en las relaciones de pareja que, tal vez erróneamente, era a lo que yo aspiraba. De hecho, el mefistazo no había llegado a España cuando conocí a Sara, con quien empecé a salir a las dos semanas de conocernos. De modo que ahí estaba yo, empapándome de la etapa Straczynski, donde Peter se unió a los Vengadores (nuevo grupo de amigos, tal y como a mi me estaba pasando) mientras mi vida social y amorosa fluía satisfactoriamente. Tal y como yo lo veía, Peter y yo teníamos vidas paralelas, a pesar de que Peter rondase los 33 años en los cómics y yo tuviera 20. Cierto, él estaba casado, pero yo tenía a Sara a mi lado. Peter fortaleció su relación con tía May al tiempo que yo, por una serie de circunstancias, tuve que pasar mucho tiempo con mi abuela materna (mi tía May particular) y encontré mi primer trabajo estable, como Peter lo tenía como profesor en el Instituto Midtown. Entonces, llegó el segundo y definitivo punto de ruptura, y no es que Peter y MJ, como cualquier pareja con dificultades, lo dejasen; es que nunca se habían dicho “si quiero”. Era la segunda vez que Marvel me escupía a la cara, con flemas y todo… Tras leer muchas veces el cuarto número de “One More Day” me di cuenta de una cosa: el amor entre Peter y MJ, a pesar de ser personajes ficticios, es tan real, tan poderoso, que no han encontrado una forma lógica de separarles; han tenido que recurrir a trucos de magia… El caso es que Peter volvía a ser soltero y pasó lo que todos ya sabemos, de modo que dejé de ver en él un paralelismo que a finales de la etapa Straczynski era existente. Pasó entonces el tiempo: Sara y yo lo dejamos, y la empresa en la que yo trabajaba quebró; volviendo a mi un status quo cercano al Peter de “Brand New Day”. Sin embargo, en esta ocasión, había un paralelismo que no me gustaba. No porque yo estuviera con el corazón partido y sin trabajo estable (me tocó firmar bastantes contratos temporales) sino porque al personaje con el que había crecido, aquel que me hizo soñar, le habían arrebatado su felicidad, de forma tan grotescamente injustificada y gratuita, por dos veces. Y me percaté de una cosa: él, a diferencia de mi, no podía tejer su destino. Y decidí, entonces, que, por una vez, sería yo quien salvase a nuestro querido vecino y amigo.